jueves, 22 de noviembre de 2012

La Huella de Ernesto, por Amylkar Acosta










Amylkar Acosta habla de Ernesto. 
Me imagino que él no quería dejar de pronunciarse. Y en el RADAR y también en este blog, les dejaremos espacio a muchos amigos que quisieran o quieren decir algo, en torno a Esnesto...

Ernesto McCausland, un personaje que no olvidaremos los periodistas.

RADAR,luisemilioradaconrado
LA HUELLA DE ERNESTO
Amylkar D. Acosta M
“el periodista debe estar a centímetros del poderoso
y a kilómetros de las ambiciones de este”

En la flor de la vida, a escasos 51 años, se le escapó la vida de las manos a Ernesto McCausland Sojo como el agua entre los dedos, después de una prolongada lucha por evitar o por lo menos aplazar su partida. Como un guerrero, soportó con estoicismo la dura prueba que para él significo tener por espada de Damocles a la parca, la muerte, que se lleva por delante casi siempre lo que más queremos y apreciamos. Él, para utilizar el aserto de Savater, trató a toda costa de “ensanchar la finitud angosta de la vida para rebajar cuanto pudiera la anchura agobiante de la muerte”.
Pero, como todo principio tiene final y como la muerte, en sentido estricto, recordaba Mozart, “es la auténtica meta de nuestra vida”, terminó ganándole la partida.

 
Ernesto, consciente de la acechanza que significaba para él el mal que lo agobiaba, que lo consumía en vida, asumió cada uno de sus días como si fuera el último sorbo de su existencia. Estos últimos años los vivió intensamente, consciente además como lo era, de que el arte es largo y la vida es breve. Su frenética actividad no tuvo reposo, sin terminar un  proyecto ya estaba emprendiendo otro. Y no quiso dejar nada inconcluso, su periplo vital se caracterizó por la tenacidad, la tozudez, la perseverancia y la obsesión por la excelencia.
 
Hace apenas 10 días, en una entrevista al avezado entrevistador que era Ernesto que le publicó el diario El País, al pedirle a rompe que armara una crónica de su propia vida en los 140 caracteres que limitan la extensión de los mensajes por twitter, respondió sin titubear refiriéndose a la crónica: “me inventé esta mentira para decir verdades”. Y la incesante búsqueda de la verdad lo llevó a ser periodista, escritor, reportero, corresponsal, cineasta, columnista y hasta novelista, cuando se percató que la realidad en nuestro medio superaba la ficción. Además, porque, como él dijo “todo periodista lleva adentro una novela y es ahí donde debe permanecer”. Pero, indudablemente lo suyo fue la crónica, que la cultivó con la misma ardentía y la pasión con la que la defendió.

Para él, como lo dijo en su mensaje leído por sus hijas con ocasión del Premio Simón Bolívar con el que se le galardonó el 23 de octubre, la crónica, de la cual se declara “impostor”, le permitía aproximarse más a la verdad. Es más, se llevó consigo “la certeza de que si a la Colombia contemporánea la hubiésemos relatado con temperatura de cronista —sin renunciar jamás a postulados básicos como el compromiso con la verdad y el equilibrio— tendríamos mucha más claridad sobre la dura realidad que nos asedia”. A la pregunta de El País, por qué creía que “habríamos entendido mejor el berenjenal que es este país si los periodistas lo hubiéramos abordado más en son de crónica que de reportaje o noticia”, respondió tajantemente “porque seríamos más sinceros en el relato”. Y no le faltaba razón.

 

Con ocasión del último homenaje que recibió en vida, con motivo del Premio Simón Bolivar, uno de los tantos con los que se consagró para la posteridad, el Jurado al exaltar su personalidad dijo de él algo incontrovertible: “novelista original y buen entrevistador, guionista y cronista siempre”. Y destacó, además, su espíritu indomable e intrépido, pues supo “navegar en la adversidad con la misma gracia y soltura con la que escribe sus notas de blog”.

 

Este es el retrato hablado de Ernesto McCausland, Caribe visceral, genio y figura hasta la sepultura, quien, como los barcos de guerra que en medio del fragor de la batalla, se hunde con las luces encendidas en los piélagos de lo ignoto y con su libreta de apuntes en la mano tomando nota para la que será su próxima crónica.

 

Ahora, él en su tránsito hacia la eternidad, se estará acordando del reportaje que le hizo a Diomedes Díaz, quien en el transcurso del mismo le dio por respuesta a una de sus preguntas sobre la muerte lo que seguramente prefiguró lo que podría ser su propio epitafio: “si yo supiera que uno sirviera más muerto que vivo, yo me muriera hoy, pero no sé. Ernesto, no sé”. Porque así era Ernesto de servicial y por ello él se nos fue con la íntima convicción de que, como dijo Martí, “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida” y para él el periodismo era su vida. Ernesto dejó a su paso por la vida una huella indeleble y un ejemplo digno de imitar!

 

Bogotá, noviembre 21 de 2012

www.amylkaracosta.net


miércoles, 21 de noviembre de 2012

La muerte de Ernesto me dejó un dolor amargo, Luisemiloradaconrado


Ernesto McCausland comenzó en el periodismo en 1982.
Fotos: www.elheraldo.com.co


La muerte de Ernesto McCausland me dejó un dolor amargo en el corazón. Este 21 de noviembre, me recordó el 13 de agosto de 1999, cuando unos sicarios segaron la vida de Jaime Hernando Garzón Forero.
O lo que va a ocurrir cuando me entere que murieron Gabriel García Márquez o Juan Gossaín, para nombrar a cuatro de los colegas que he respetado y admirado todo el tiempo.
Ellos, para mí, como periodista, han sido modelos, porque han escrito unas historias que no pueden escribir los otros mortales.
Y confesar esto me complace, porque tengo claro que mi DIOS sabe cómo hace sus cosas.
Admiraré siempre la pluma de Ernesto McCausland.
Admiraré siempre sus crónicas.
Su forma de expresar lo que le dictaba su cerebro.
Esa sensibilidad que podemos tener muchos, pero que no somos capaces de plasmarlo en un escrito.
Se nos fue un excelente periodista, cineasta, contador de historias… Un hombre que no podremos reemplazar jamás.

Ojalá las nuevas generaciones le regalen a la humanidad periodistas como él.
Ahora lo admiraremos más, verán a ver… Lo vamos a valorar más, eso siempre ocurre...

Un abrazo Ernesto. 
Cuando nos veamos te lo recordaré y sonreímos juntos.

RADAR,luisemilioradaconrado
En La Silla Vacía está este escrito:
Ernesto McCausland: el periodismo para vencer la muerte
Por Laura Ardila Arrieta

En 1991, cuando Diomedes Díaz era de lejos el cantante que más vendía discos en el país, Ernesto McCausland Sojo le hizo una entrevista para televisión en la que logró que hablara de un tema muy distinto a los que usualmente se refería el artista parrandero y tomador. McCausland logró que Diomedes se refiriera a la muerte: “Una muerte malvenida me afecta mucho... pero yo diría que a mí me afectaría más la muerte mía, eso sí me daría duro... si yo supiera que uno sirve más muerto que vivo, yo me muriera hoy, pero no se, Ernesto, no se... imagínate, enterrado uno abajo de la tierra y con esos calores que hacen ahora”. 

Semejante análisis del músico se convirtió desde entonces en un cuento inolvidable en la Costa y en el mejor ejemplo de sus disparates. McCausland se murió antes que Diomedes. Y, a pesar de haber convivido con ella casi toda su vida, nunca habló mucho de la muerte. Al menos, no de la suya. Fue digno y discreto para manejar el cáncer que lo empezó a aquejar desde que tenía apenas 22 años. Pero su férrea disciplina para seguir ejerciendo el oficio hasta el último momento en que lo pudo hacer, demuestra que el periodismo fue la muralla segura a través de la cual se aferró a una vida mejor.

Ernesto McCausland hizo que fuera realidad la frase de Gustave Flaubert según la cual un escritor se aferra a su obra como a una roca, para no desaparecer bajo las olas del mundo que lo rodea. Debido a su estado de salud, hace unos tres meses no pudo regresar a la redacción de El Heraldo -en donde era editor general desde 2010-, pero cada tanto enviaba correos a los periodistas con indicaciones para notas sobre temas locales o del equipo Junior, su otra pasión. 
En la página www.ernestomccausland.com trató de organizar sus trabajos en prensa, radio y televisión y nunca dejó de publicar (ni siquiera el pasado domingo, dos días antes de su muerte) su columna de opinión.
Una de las más recientes, de octubre, se la dedicó al suspendido alcalde de Cartagena, Campo Elías Terán, quien padece de cáncer. ‘Palabras para un Campo Elías asediado’, se titula y es una de las pocas referencias que hizo Ernesto sobre su enfermedad: “Ninguno de ellos imagina, Campo, por lo que tú estás atravesando: pocos saben con qué sed se bebe el trago amargo de una quimioterapia”.
 
Dice Jaime Abello, el director de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, que McCausland vivió siempre con una suerte de urgencia interior por dejar obra. Hoy podemos contar que lo logró y en todas las formas del periodismo: radio, televisión y prensa. Una obra con la que obtuvo 17 premios de periodismo, incluyendo, hace un mes, el premio Simón Bolívar a la vida y obra.
McCausland recibió el premio Simón Bolívar a la vida y obra en octubre pasado y el galardón vinieron a recibirlo sus dos hijas.

Su trasegar por el oficio durante 30 años fue una intensa defensa de la crónica, pues estaba convencido de que nada mejor que usar este género para contar las verdades de una manera más plena. “Tanto yo como mis colegas que lideran medios de comunicación estamos en mora de responderle al país por qué permitimos que el conflicto lo contaran las matemáticas y no la gramática”, dijo hace un mes.
Y con ese convencimiento como bandera, comenzó como redactor de El Heraldo en 1982 y luego estuvo en Caracol televisión y radio, el noticiero QAP, Cromos, Cambio y SoHo. Dirigió tres películas, 14 cortometrajes y un sinnúmero de documentales. Se lamentaba de no haber llegado a hacer dos mil crónicas radiales. Hizo 1.200.
Sería imposible contar las memorias del Caribe de los últimos 30 años sin citarlo. 
Y sin citarlo mucho. Ernesto entrevistó a Diomedes Díaz, a Gabriel García Márquez, a casi todos los juglares vallenatos, al Joe Arroyo, al Pibe Valderrama. Pero también le dio voz a los personajes anónimos de la Costa. A las plañideras que lloran a sueldo en los entierros de La Guajira, a los contadores de chistes callejeros del Atlántico, a la señora desdentada de cualquier pueblo perdido de esa geografía.
Demostró su compromiso con el oficio, además, al ser uno de los primeros maestros de la FNPI, luego de haber participado en la creación de esta fundación junto con Jaime Abello y Gabriel García Márquez.
Capítulo aparte merece su amor por el equipo Junior. Ernesto aplicó como pocos la frase que acuñó Álvaro Cepeda Samudio, quien aseguraba que un hombre puede cambiar de nacionalidad, de pareja e, incluso, de sexo, pero nunca, nunca, de equipo de fútbol. "Ernesto y yo pertenecemos a la generación que echó cayo viendo perder al Junior", dice el cronista Alberto Salcedo Ramos.

Horas antes de morir, McCausland pidió que le llevaran a su casa la bandera del Junior que esta tarde arropa su féretro. Esta firmada por algunos jugadores. Por la mañana, el exalcalde Álex Char (cuya familia es dueña de ese equipo) había trinado que perdieron a uno de sus más fieles seguidores.
También trinaron lamentando la muerte de Ernesto desde el presidente Juan Manuel Santos hasta el más anónimo de los barranquilleros. La misma variedad de personajes que él incluyó en sus crónicas. 

Ernesto McCausland comenzó en el periodismo en 1982.
Fotos: www.elheraldo.com.co


¡Se nos fue Ernesto!






¡¡¡¡Se fue Ernesto!!!!
Conocedor de la ciudad, la región y el mundo.
Excelente pluma.
Juniorista.
Excelente periodista.

Nos acompañó en algunas jornadas del RADAR.

DIOS lo tenga en su gloria.
Se nos fue muy joven.

RADAR,luisemilioradaconrado
Pd: ya hablaré de él con tranquilidad…