domingo, 23 de marzo de 2014

¿Necesitamos espacios públicos en la era de las redes sociales? Por Fernanda Magalhães

Me quedo con esta buena noticia: "aunque las redes sociales en internet consuman muchas horas de nuestro día, son las redes sociales reales que armamos en nuestro espacio urbano las que definen las oportunidades que tenemos en la vida".
Una buena conversación con un ser humano, hombre o mujer, pueden cambiarte la vida.
A veces, voy a unas reuniones, en la que mi misión es ir a abrazar a un amigo o amiga.
Eso no lo cambiaré. 

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¿Necesitamos espacios públicos en la era de las redes sociales?


Conocer personas y encontrar un trabajo tiene mucho que ver con los lugares y las redes sociales a que tenemos acceso. 
A pesar de la enorme oferta de virtualidad en nuestras vidas —Facebook, Skype, Twitter— siguen siendo las ciudades y sus espacios cívicos —escuelas, centros comunitarios, oficinas, tiendas, espacios públicos— los lugares por excelencia que permiten el encuentro real con los otros. Somos seres sociales, incluso cuando hacemos tareas individuales. 
Eso explica, por ejemplo, el éxito de empresas como Starbucks. Por eso la ciudad ha sido y seguirá siendo el espacio para interactuar que configura las oportunidades que encontramos en nuestras vidas.
 
El urbanismo social se ocupa de este aspecto. Está basado en la idea de que el grado de cohesión y el tipo de conexión que la ciudad ofrece generan círculos virtuosos que mejoran la vida de la gente. El “factor humano” y sus circunstancias están intrínsecamente asociados con las oportunidades que ofrece el entorno urbano. El urbanismo social se distingue entre diversas formas de abordar las ciudades porque pone el progreso humano en el centro.

Con el concepto de ciudad creativa Richard Florida contribuyó a  consolidar esta visión,  argumentando que las clases creativas buscan ciudades con oportunidades e infraestructuras para el desarrollo personal y profesional, con respeto, tolerancia y reafirmación de su propia identidad.
El éxito de una ciudad depende en gran medida de su capacidad de promover la cohesión social. Donde hay enclaves sociales hay exclusión y tensión, lo que limita las oportunidades de las personas y genera una persistente inequidad. 



Esto lo demostró Alan Ehrenhalt en su estudio sobre la experiencia estadounidense en The Great Inversion and the Future of the American City.
América Latina tiene prácticas exitosas de urbanismo social para mostrar. Las acciones implementadas en Río de Janeiro con el Programa Favela Bairro  y en Medellín   buscan la integración y cohesión social mediante mejor integración espacial (facilitando la movilidad de los peatones), calidad de los espacios públicos (con nuevos lugares de convivencia ciudadana), y la generación de espacios culturales y de apoyo social (bibliotecas, escuelas, centros de salud, centros comunitarios).
La relación entre ciudad, oportunidades y desarrollo humano está ganando notoriedad en la agenda y en los estudios especializados. Esto es una buena noticia, porque aunque las redes sociales en internet consuman muchas horas de nuestro día, son las redes sociales reales que armamos en nuestro espacio urbano las que definen las oportunidades que tenemos en la vida.

¿Comprar o alquilar vivienda? He ahí el dilema, Por Andrés Blanco

Pienso que ambas alternativas son buenas. Conocí por largo tiempo a un señor transportador que no quería tener casa propia. Él decía que prefería ir negociando otras cosas.

Invertía y compraba un nuevo bus.
Llegó un momento en que dejó de invertir en buses y se atrevió a comprar la casa donde estuvo arrendado por muchos años. Su esposa y sus hijos estuvieron felices por esa decisión.

Hay tantas opciones que les da la vida a los ciudadanos que tienen el privilegio de estar vivos, que para mí comprar o alquilar vivienda no es el problema…

Si los miembros de la familia están unidos, contentos y felices, no hay problemas definitivamente.

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¿Comprar o alquilar vivienda? He ahí el dilema

Por - 13 de marzo de 2014
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Foto por Sergio González y Claudia Estrada

La mayoría de personas sueña con tener una “casa propia”. Este deseo se evidencia en la prevalencia de la vivienda propia: en el mundo 7 de cada 10 hogares son propietarios. En América Latina y el Caribe la tasa de propiedad se acerca al 65%. ¿Cuál es la razón? 

Se dice que la estabilidad que ofrece puede incentivar el acceso a redes sociales y una vida comunitaria más activa. Pero el principal motivo parece ser financiero. La vivienda es por lo general el activo más importante de una familia. Su valorización permite capitalizar la inversión en el largo plazo. Muchas familias han acrecentado su riqueza gracias a la propiedad y han conseguido dejar un patrimonio a sus hijos. No es extraño, entonces, que la mayoría de personas piense que alquilar la vivienda es ‘regalar la plata’.
 
Sin embargo, la ‘casa propia’ no necesariamente es la mejor opción para todos. Hay varias razones. Por un lado, la propiedad es cara. No solo los precios de vivienda hacen que la propiedad sea inasequible para muchos; también los altos costos de transacción de la compra y venta hacen que los beneficios de la capitalización se materialicen solo en el largo plazo. Los costos legales, el registro y los pagos a intermediarios llegan a un 11% del valor de la vivienda en promedio en America Latina, desde un 6% en Argentina a un 16% en Guatemala. Si a esto se suman los costos de mantenimiento e impuestos resulta claro que los beneficios de ser propietario solo se dan en un plazo de varios años y a veces de varias décadas.
 
Es por esto que la vivienda en alquiler puede ser una mejor alternativa para los grupos poblacionales que necesitan o quieren mayor movilidad. Por ejemplo, los jóvenes prefieren la flexibilidad que les ofrece el alquiler para movilizarse en búsqueda de mejores condiciones de empleo o estudios. Y por ello su probabilidad de escoger este tipo de tenencia es mucho mayor sin importar el nivel de ingreso, el logro educativo o el tipo de hogar en el que viven.
Poco a poco los gobiernos de la región se han dado cuenta de esto y han empezado a complementar las políticas de vivienda con alternativas de alquiler para aquellos hogares que no pueden o no quieren ejercer la opción de ser propietarios en el tiempo presente. 

Por ejemplo, el gobierno de Chile lanzó un subsidio para que jóvenes de estratos bajos puedan suplementar sus ingresos y acceder a una vivienda de alquiler de calidad. El subsidio llamado ‘chao suegra’ crea una narrativa sobre el alquiler como primer paso para obtener un techo propio.
Todas estas razones sugieren que el alquiler es también una alternativa válida y que no existe un ideal universal de vivienda para toda la población.  

¿Y tú que piensas? 
¿Comprar o alquilar?
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