jueves, 14 de mayo de 2009

¿Impuesto al Patrimonio permanente?. Ni de vainas.

Amigos:
A quien escuchamos primero con esa propuesta fue al presidente del grupo Aval, el ingeniero Luis Carlos Sarmiento Angulo.
Un ingeniero ingenioso y muy listo, tanto que ha logrado ser un líder del sector financiero y bancario de nuestro país.
Él dijo, en su momento, que la seguridad del país la debemos pagar todos. Y eso, como le gustó al presidente Uribe.
Ayer escuché al ministro de defensa, Santos, tocar el tema en algunos medios y comentó que tenemos varios meses para conciliar. Eso indica que no le disgusta la idea.

Pero a muchos. A muchísimos colombianos no nos alegra que se esté hablando del asunto, porque eso quiere decir, que este gobierno se saldrá con las suyas y terminará aprobando algo que la sociedad civil, los gremios como Fenalco y otros más no comparten.

A algunos se les olvida. O por lo menos, no lo tienen en su portafolio, en sus agendas, que ese impuesto se aprobó por una sola vez. Y que lo pagaron los más ricos. Alrededor de 30.000. Y que, como era una sola vez... los que lo pagaron están exentos del mismo.
Lo que veo es que el ingeniero... e ingenioso presidente del grupo Aval nos quiere meter un gol, siendo uno de los hombres más ricos de Colombia.
Eso no se justifica.

Por eso estoy de acuerdo, totalmente, con el editorial de hoy de La República y se los envío por esta ventana. Como dice el editorialista "el palo no está para cucharas".

RADAR ECONOMICO INTERNACIONAL

Luis Emilio Rada C
Director.

Pd:

¿Impuesto permanente?

Siempre nos hemos opuesto acá a la pesada carga tributaria que los colombianos soportamos de tiempo atrás.

¿Por qué? Recordemos: con menos impuestos, crece la inversión que a su vez impulsa el crecimiento económico, el cual eleva los recaudos fiscales que requiere el gobierno; lo contrario, en cambio, afecta a la economía.

De ahí que hayamos rechazado la nueva reforma tributaria territorial, promovida en plena fase recesiva. ¿Y cómo no actuar igual ante la anunciada prórroga del impuesto al patrimonio, dizque para volverlo permanente, ampliarlo a otros sectores o reemplazarlo por el incremento del IVA, para colmo de males? Una propuesta descabellada, sin duda.

Lo es, claro está, en las circunstancias actuales, cuando la crisis de nuestra economía salta a la vista: industria y comercio con cifras negativas, desplome de la construcción, baja demanda de energía, caída de las exportaciones hasta del 15%, desempleo del 12% en alza, y perspectivas de crecimiento cada vez peores, yendo rumbo a la contracción.

“El palo no está para cucharas”, mejor dicho. Porque ese anuncio se justificaría con creces en una bonanza, con dinero a granel en el sector privado, pero no ahora, cuando todos los esfuerzos del gobierno deben concentrarse en adoptar las soluciones adecuadas para la reactivación, no en nuevos y mayores problemas que la alejen.

¿A qué viene, además, plantear un asunto que sólo debería saltar a la luz pública poco antes de 2011, cuando se venza dicho impuesto, cuyos recursos se destinan a financiar la política de seguridad democrática? ¿Por qué convertirlo en tema del día con dos años de anterioridad, con crisis económica a la vista? ¿O será acaso una cortina de humo?

¡No! La casa está en llamas como para pensar en un futuro incendio, cuando de pronto no haya sino ruinas. Y más que actuar así, con tan extraña celeridad, ésta tendría más bien que manifestarse, por ejemplo, en la ejecución de los proyectos de infraestructura, aquellos en que se fundamenta el plan de reactivación trazado por el mismo gobierno.

De igual manera, hay que hacer los esfuerzos debidos para reanimar el consumo, como lo es en parte la reciente –aunque tardía- reducción en los precios de los combustibles, y la propia inversión, sea nacional o extranjera, lejos de creer que todo va muy bien, que el capital foráneo seguirá llegando a montones en el presente año, y cosas por el estilo.

Al contrario: el mensaje en cuestión, lanzado por el Presidente Uribe en días pasados con el corifeo de muchos incondicionales, es una pésima señal para los inversionistas, naturalmente por el cambio en las reglas de juego, por la consabida inseguridad jurídica y, en fin, porque mayores impuestos les generan menor retorno y menores utilidades.

Digamos, por último, lo que tanto dijimos cuando salió el impuesto al patrimonio: que haya eficiencia en el gasto militar, que éste reciba un manejo gerencial y, sobre todo, que haya cuanto antes resultados positivos, sin convertir a los impuestos temporales en permanentes porque la guerra también sería permanente, por los siglos de los siglos…
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