martes, 19 de octubre de 2010

Regalias, reforma necesaria pero distinta, por Antonio Hernandez Gamarra


Las regalías tienen a los colombianos en una polemica interesante.

El centro, como siempre, pretende manejar los ingresos del territorio nacional y hay otros nacionales que nos resistimos al asunto.
En este espacio nos asesoramos con los que saben… y uno de ellos es Antonio Hernandez Gamarra.
Su columna circula por El Tiempo, uno de los periodicos mas leidos de America Latina y la tenemos aqui en el RADAR.

LuisEmilioRadaC
Pd:

Regalías, una reforma necesaria pero distinta
Por Antonio Hernandez Gamarra
18 de Octubre del 2010

Mucho se ha discutido sobre la propiedad de los recursos que genera la explotación de hidrocarburos.
Es necesario debatir una forma diferente de repartir las ganancias por explotación de recursos.
Hacerlo es una necesidad ante el crecimiento del sector minero-energético.



El debate que modifica el régimen de regalías va camino de convertirse en un escenario en donde reina el maniqueísmo.


De un lado, se sitúan quienes creen, con criterio centralista, que el origen de todos los males se debe a la Constitución de 1991. De otro, se posicionan quienes juzgan que la reforma propuesta sólo busca subsanar la precariedad de las finanzas del gobierno nacional.


Afortunadamente aún se está a tiempo de hacer, sin caer en ninguno de esos dos extremos, una reflexión sobre el contenido y alcance de la reforma, para lo cual es preciso, en primer término, entender a cabalidad qué son las regalías y cuál es el marco jurídico que hoy gobierna su institucionalidad.


De la lectura de la Constitución de 1991 se puede concluir que sus normas contienen amplia flexibilidad para fijar el canon de las regalías, para determinar el reparto entre los beneficiarios y para señalar el uso que puede dárseles.
Fueron las leyes 141 de 1994 y 756 de 2002 las que establecieron esos parámetros y, en particular, que el reparto dependa, en cada caso, del volumen de producción y de unos porcentajes fijos, con independencia de las necesidades y de la población de los beneficiarios.


Ese sistema de reparto da lugar a manifiestas debilidades institucionales: que el reparto no se haga con criterios racionales y que los montos para financiar el gasto territorial, y el del Fondo Nacional de Regalías (FNR), tengan un marcado sesgo pro cíclico. A lo cual se añade una escasa capacidad gerencial en la mayoría de las regiones minero-energéticas; precariedad de los controles; falta de planeación intertemporal del gasto; ineficiencias y corrupción, en muchas ocasiones, tanto en las regiones como en el manejo del FNR.
Antonio Hernandez Gamarra, explicando el asunto. El es experto en el tema...

Por todo ello es difícil dudar de la conveniencia de una reforma. Sin embargo, esas fallas de la institucionalidad son producto de la mediocridad conceptual y distributiva de las leyes arriba mencionadas. Por eso, bastaría la derogación de las mismas y el diseño de un nuevo marco legal para que los propósitos del proyecto de Acto Legislativo pudieran hacerse realidad.

En efecto, si lo que se quiere es que una parte de las regalías se destine al ahorro para cubrir los pasivos pensionales territoriales, ello es posible, sin necesidad de una reforma constitucional.

De igual manera, para que las regiones minero-energéticas y el FNR ahorren, no se requiere una norma constitucional. Basta recordar que la Ley 209 de 1995 creó y reglamentó el funcionamiento del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP), disposición que bien podría extenderse a las regalías que generen otros recursos no renovables.

En lo referente a las asignaciones para el Fondo de Compensación Regional, y los demás beneficiarios que se busca instituir en el Acto Legislativo en discusión, el legislador está plenamente facultado para regularlas mediante ley, de acuerdo con la jurisprudencia de la Corte Constitucional, que determina que el Congreso es soberano para establecer la destinación de recursos de las regalías.
Lo aprobado en el Senado



Los excesos en la reglamentación contenidos en el texto aprobado en el Senado se ponen de manifiesto cuando se sabe que allí se consignan, a perpetuidad, porcentajes fijos para financiar los pasivos pensionales territoriales y el Fondo de Ciencia Tecnología e Innovación; cuando se establece, sin ninguna razón aparente, que las regiones productoras de los recursos naturales no renovables tendrán menores derechos a participar en las regalías que el resto de las entidades territoriales; cuando se determina que la tasa de crecimiento anual de los recursos de los Fondos de Desarrollo Regional y de Compensación será la mitad de la tasa de crecimiento del total de las regalías; y cuando se establece, en forma contradictoria, que los recursos del Fondo de Ahorro y Estabilización crecerán a perpetuidad.
Dejar esas inflexibilidades en el cuerpo de la Constitución es innecesario e inconveniente a la luz de los más elementales principios sobre asignación de recursos.
Según el texto aprobado, los recursos se asignarían con preferencia a la preservación ambiental. Como se dijo al inicio, los daños ambientales deben ser cubiertos por quienes explotan los recursos naturales con cargo a sus costos, y no con los recursos que el Estado obtiene por desprenderse de dichos recursos.




En el texto aprobado por el Senado se consigna: "Suprímase el Fondo Nacional de Regalías. El Gobierno designará al liquidador y el procedimiento y plazo de liquidación". Disposición sobre la cual habría que preguntarse si los recursos remanentes del FNR seguirán perteneciendo a las regiones de acuerdo con las disposiciones actualmente vigentes o se destinarán a otros propósitos.
Del análisis aquí adelantado queda claro que primero, las regalías continuarán siendo de los entes territoriales, lo cual es exactamente igual a lo que consagra la Constitución de 1991 y por lo tanto al respecto nada se está reformando.


Segundo: que para asignar los recursos a los fines que persigue el Acto Legislativo no se requeriría reforma constitucional. Mucho se ganaría si el Congreso archiva el Proyecto de Acto Legislativo y se dedica a estudiar ordenadamente una ley para establecer el reparto de esta renta con criterios de equidad inter-regional e inter-generacional.




2 semanas para armar argumentos


Tendrán los opositores al proyecto de acto legislativo de reforma al régimen de regalías, luego de que la semana pasada superó su primera vuelta en el Senado. La propuesta se discutirá ahora en la Cámara de Representantes.

26 billones de pesos en regalías se han repartido desde 2002 y el 81 por ciento de esa cifra fue para ocho departamentos, según recordó el columnista de EL TIEMPO Mauricio Cabrera.
Recursos naturales


Las regalías no son un tributo de explotación

Desde un punto de vista económico, las regalías constituyen el valor que el Estado recibe por la extracción de los recursos naturales no renovables (RNNR) y, por lo tanto, no pueden interpretarse como un tributo para quienes explotan esos bienes.
Adicionalmente, deberían usarse para reponerle al patrimonio estatal el valor del bien que se vende, y no para reparar los efectos secundarios que se presenten con ocasión del desarrollo de los proyectos.

Antonio Hernández Gamarra
Analista de Razón Pública y Asesor Académico del Observatorio del Caribe Colombiano.
Para EL TIEMPO

Un suceso editorial, por Alberto Salcedo Ramos



Un suceso editorial
Por Alberto Salcedo Ramos

La publicación del libro Crónica por parte de Ediciones Uninorte
es uno de los sucesos editoriales del año en Colombia.


En la obra están recopilados varios números del semanario de
literatura y deporte que, con ese nombre, circuló en Barranquilla
entre 1950 y 1951. La plantilla de este suplemento era de
lujo: Alfonso Fuenmayor lo dirigía y Gabriel García Márquez
era su jefe de redacción. En el consejo editorial se encontraban,
entre otros, Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Ramón Vinyes,
Juan B. Fernández Renowitzky y Meira Delmar. Había dibujos
firmados nada menos que por Alejandro Obregón. Los nombres
agolpados en esta mítica revista fueron determinantes en el panorama
cultural de la Región. Algunos, incluso, alcanzaron notoriedad más
allá de nuestras fronteras.


Lo que hace al Grupo de Barranquilla digno de ese
nombre –según el periodista y editor Julio Roca Baena– “no
es el hecho de que Fuenmayor, García Márquez y Cepeda Samudio
hubieran sido amigos y se reunieran en este o aquel café, sino
el haber fundado y publicado el semanario Crónica,
no importa cuán breve hubiera sido su existencia”.


Más allá de servir como plataforma para la conformación de
esa célebre comunidad literaria, el semanario Crónica marcó
otros hitos en las letras nacionales. Fue pionero en el
descubrimiento del deporte como cantera de historias
literarias en las cuales se reflejan los conflictos esenciales
del ser humano: la pobreza, la derrota, la soledad. Los textos
de Germán Vargas sobre Heleno de Freitas y Ricardo Cardozo
son precursores en su género. Anticipan, de alguna manera,
el conocido reportaje que años después le hará Cepeda Samudio
a Garrincha. Y constituyen un aporte novedoso en la
génesis del periodismo narrativo.


Capítulo aparte merece la preocupación por ofrecerles a
los lectores textos de grandes escritores universales, a
menudo con traducciones propias tan impecables como
la que le hizo Alfonso Fuenmayor al cuento “Los asesinos”,
de Hemingway. En un país parroquial cuya intelectualidad
vivía, en gran parte, embebida en la contemplación de su
ombligo, los editores de Crónica se dieron el lujo de publicar a
Kafka, a Huxley, a Greene, a Simenon. El académico francés
Jacques Gilard comprobó que en el suplemento literario
del periódico El Tiempo solo se empieza a hablar de Borges
en los años 50. A esas alturas el escritor argentino ya había
sido publicado varias veces en el semanario Crónica.


Acaso lo más atractivo de esta recopilación es el humor que
destilan sus páginas. Los editores encaran la realidad con una
mirada vivaracha, inteligente. Esto se aprecia en el siguiente diálogo,
que no está firmado pero que podría atribuírsele a García
Márquez. Es un coloquio que termina con una ‘greguería’,
es decir, una de esas sentencias humorísticas y poéticas que puso
de moda Ramón Gómez de la Serna: “¿Qué tal la película?” “Ni
me lo preguntes. Jorge Negrete llevaba un sombrero mexicano
tan grande que no dejó ver la película”.


Crónica es el testimonio de una época, el producto de un
formidable taller de adiestramiento literario. Y además es hoy,
gracias a la Universidad del Norte, un documento que
vale la pena conservar.

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