viernes, 6 de mayo de 2011

La ineficiencia de los alcaldes de Colombia, por Alejandro Mieles




Por ALEJANDRO MIELES TRESPALACIOS

Los gobiernos municipales se convirtieron, verdaderamente, en un dolor de cabeza en Colombia, porque, lamentablemente, algunos de los más de mil alcaldes del país han sido ineficaces (perdonen la dureza del término). Pues, somos conscientes, porque sería el colmo lo contrario, que algunos jefes de las administraciones locales del país resultaron excelentes gobernantes, funcionarios con un comportamiento a la altura de las circunstancias.


La figura de la elección popular de alcaldes, cuando fue concebida por ilustres dirigentes políticos nacionales, algunos ya fallecidos, tenía un alcance de eficiencia y progreso sin perseguir convertir a los alcaldes en "pequeños reyes regionales", o en gamonales o barones electorales.
Uno de los más conocidos críticos de esa figura, vulnerada y pésimamente interpretada, es el constitucionalista y exgobernador Roberto Samur Esguerra. Sin embargo, este abogado sucreño sostiene que se necesitan correctivos serios para evitar que dichos funcionarios sigan abusando del poder. La mayoría de los alcaldes, sobre todo en Sucre, han tenido que recurrir a la figura de la Ley 550 para evitar un mayor desangre económico, o caer en manos de los demandantes. Por los menos eso dicen los gobernantes territoriales. Esta es, sin lugar a dudas, una situación preocupante para cualquier administración, sea del interior o de la Costa. Quienes salgan elegidos en las elecciones de octubre de 2011, alcaldes o gobernadores de cualquier partido, Conservador, Liberal. Cambio Radical, azul, verde, amarillo o comunista, deberán cuidarse de los entes de control y de los periodistas, quienes mantienen una lupa sobre los actos de los funcionarios públicos.

Los periodistas conjuntamente con la Procuraduría, Contraloría y Fiscalía trabajan unidos para evitar que los oportunistas y deshonestos sigan saqueando los dineros públicos. Es decir, apoderándose de los dineros de todos los colombianos.

Lo sucedido en Bogotá, con la suspensión del alcalde Samuel Moreno Rojas, que ha sido noticia nacional e internacional, servirá, pensamos nosotros, de ejemplo para las administraciones territoriales, sobre todo el cuidado que deberán tener, de ahora en adelante, dichos funcionarios en materia de contratación administrativa. También, en estos días precisamente, circuló la noticia de que el Municipio de Sincelejo podría acogerse a la Ley 550, propuesta que se viene analizando por el Concejo y por la administración de Jesús Paternina Samur, para atender compromisos económicos de anteriores administraciones; gobiernos del pasado responsables del desbarajuste que se presenta actualmente. Sin embargo, Paternina Samur hará ingentes esfuerzos para evitar que el municipio de Sincelejo caiga en la Ley 550.

Esos comportamientos de la dirigencia política nacional, departamental y municipal, han creado, precisamente, desconfianza, incertidumbre, falta de credibilidad entre la comunidad.

Esta es una alerta en el año en que los sucreños se están preparando para el cambio de los alcaldes, el Gobernador, los concejales, diputados y las juntas administradoras locales, con la advertencia de escoger a funcionarios que responsan a las necesidades del pueblo, sin palabrería hueca y sin falsas promesas.

Diariamente los medios de comunicación, radio, televisión, prensa, e internet, registran informaciones negativas sobre alcaldes y gobernadores, en materia de contratación, pliegos de cargos y medidas de aseguramiento, siendo ello un pésimo precedente en el marco de una sociedad que se dice democrática.

El cisne negro, por Amylkar Acosta Medina.

Cuando nos llegan los escritos de Amylkar Acosta, debemos estar preparados para el análisis, la comprensión y las llamadas de atención para el propio gobierno colombiano.
En este caso, el análisis de un tema escrito por el experto en finanzas Nassim Nicholas Taleb que nos habla de las probabilidades y por eso tocamos ese asunto en el envío anterior de este blog:
"Lejos de ofrecer recetas matemáticas para calcular la probabilidad de los sucesos raros (cisnes negros) para protegernos frente a la incertidumbre, lo que nos aporta el profesor Taleb es una buena dosis de sentido común: nunca llegaremos a conocer lo desconocido ya que, por definición, es desconocido. Sin embargo, siempre podemos imaginar cómo podría afectarnos. Es decir, las probabilidades de los cisnes negros no son computables, pero sí podemos tener una idea muy clara de sus consecuencias".
Amylkar nos llama la atención sobre la emergencia invernal y lo que representa para Colombia esta situación. 
Nos inquieta en torno a lo mal que está el país en infraestructura. Mantiene su posición en cuanto al TLC y cree que el ministro de hacienda, Juan Carlos Echeverry, no lo está haciendo bien... 

Leerlo es importante para quienes estamos atentos a la situación económica colombiana.


LuisEmilioRadaC
Pd: el cisne negro


EL CISNE NEGRO

   
“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla
                          mientras el género humano no escucha” Victor Hugo
  
Amylkar D. Acosta M
Ex presidente del Congreso de la República
www.amylkaracosta.net

La teoría del “Cisne negro” se debe al matemático y financista libanés Nassim Taleb y la define como aquellos eventos que se presentan de manera súbita y sorpresiva, causan un gran impacto, pero que pese a todo se pudieron prever. Estamos hablando de situaciones que rara vez se presentan y cuando se dan es de manera muy esporádica, incluso una vez en la vida; pero, aunque la probabilidad de su ocurrencia sea remota no se descarta del todo. De ello se sigue que “vivimos en un mundo que no entendemos muy bien y tomamos decisiones con base en lo que sabemos, cuando deberíamos aprender a tomar decisiones con base en lo que no sabemos[1]. Este es el caso, por ejemplo del grave accidente nuclear de Fukushima en el Japón, el cual se produjo pese a todas las previsiones que se tomaron después de los dos anteriores en Hamsbur y Chernóbil. También se han considerado cisnes negros por parte de los analistas el derrame de crudo en el Golfo de México en 2010, el ataque a las Torres gemelas en Nueva York va a hacer una década o la crisis financiera global reciente.
EL TELÓN DE FONDO
Pues bien, las devastadoras consecuencias del cambio climático pueden clasificar en la categoría de “cisne negro”, ya que, como lo plantea el profeta de la incertidumbre, como es considerado Taleb, son imprevisibles y catastróficas. El principal causante del desorden climático, según el Panel de expertos de las Naciones Unidas, “con un 90% de probabilidad, son las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el hombre”[2]. Como lo sostiene  el PNUD en su Informe sobre Desarrollo Humano 2006 – 2007 “el cambio climático amenaza con desencadenar reveses sin precedente en el Desarrollo humano” por situaciones extremas de sequía y/o inundaciones, amén de otros fenómenos no menos traumáticos y devastadores como son los ciclones, los huracanes, así como los cambios abruptos de la meteorología. Estos, además de recurrentes, son cada vez más frecuentes, intensos y duraderos[3]. Los fenómenos del “Niño” y de la “Niña” dificultan los pronósticos del clima; cada vez es más frecuente que llueva en verano y haga verano en invierno. Y como lo afirma Green Peace “Dios siempre perdona, el hombre a veces, la naturaleza… nunca” los desafueros que se cometen contra ella. Y lo sentenció Galileo, hace muchísimos años: “Con toda justicia, la naturaleza se venga a veces de la  ingratitud de los que la han  maltratado durante mucho  tiempo”. La humanidad toda está cosechando de lo que sembró.
Este es el trágico telón de fondo de la más grave tragedia invernal a la que se haya visto abocada Colombia en toda su historia, luego de la segunda ola invernal el número de damnificados supera ya los 3 millones; más de 400 muertes, 521 heridos y 78 desaparecidos es el saldo trágico hasta el momento. Como siempre ocurre en este tipo de siniestros los pobres han sido los que han llevado la peor parte, entre otras cosas por su mayor vulnerabilidad frente a los mismos. Como lo afirma Unni Krishman, Coordinador Internacional de Respuesta ante Emergencias de la organización humanitaria internacional Plan “por supuesto que sabemos quienes serán los más afectados por estos desastres. Son siempre los más pobres. La mayoría de los países en desarrollo carecen de infraestructuras y viviendas para resistir los terremotos o incendios, por ejemplo. Por último, son siempre los grupos vulnerables como los niños y las niñas los que sufren la peor parte de estos desastres”[4].
CON EL AGUA AL CUELLO
Más de mil municipios se han visto afectados en 28 de los 32 departamentos del país cuyos habitantes están literalmente con el agua al cuello. Más de un millón de hectáreas de tierras de vocación agrícola están totalmente anegadas; como lo informó el Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, más de 200 mil hectáreas de cultivos transitorios y permanentes fueron prácticamente arrasadas. De acuerdo con las cifras de ANALAC la producción láctea se ha visto reducida en un 50% y según el Presidente de Fedegan José Félix Lafaurie, más de 85 mil cabezas de ganado están en inminente peligro de muerte a consecuencia de las inundaciones. Más de trescientas mil viviendas han resultado averiadas, de las cuales más de setenta mil deberán ser reubicadas; ello  además de plantear un serio problema habitacional afecta enormemente la fuente de ingreso de muchas familias que trabajaban “por cuenta propia” desde sus viviendas y ahora lo han perdido todo. Además, la infraestructura vial del país que de por sí era deficiente y de baja calidad antes de esta tragedia que asola al país, ahora es un verdadero desastre. Para el asueto de Semana Santa siete carreteras  nacionales y 30 vías secundarias y terciarias fueron cerradas, entre tanto en otras doscientas se tuvo que restringir el tránsito por ellas. ¡Es decir, el sistema vial colapsó!
Ante semejante tragedia, el Presidente Santos se vio precisado a declarar la emergencia económica, social y ambiental para enfrentarla. En su alocución por todos los medios para anunciarlo planteó que “podríamos decir que la naturaleza se ha ensañado con nosotros, pero no sería justo. Porque la naturaleza no hace otra cosa que devolver el inmenso daño producido por la desidia de muchos países que no han querido controlar sus emisiones contaminantes[5]. Hizo hincapié en que “el cambio climático es una realidad irreversible –que ya no podemos detener pero sí mitigar–, y a nosotros, como país afectado, nos corresponde aprender a vivir con él, y superar sus dificultades.”[6] Pero, soltó en su disertación una frase desafortunada cuando dijo de forma arrogante que “el Libertador Simón Bolívar, ante las ruinas del terremoto de Caracas de 1812, exclamó: Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca´”[7]. Y al término de su alocución fue mucho más incisivo al espetar que “es el momento de demostrar de qué estamos hechos los colombianos"[8]. Con el paso de los días y ante la magnitud de la problemática planteada bajó el tono y en una actitud más acorde con su condición de jefe de Estado le pidió humildemente “a Dios en este Viernes Santo que nos ayude a sobrellevar este invierno, esta tragedia, y que podamos enfrentar este viacrucis con templanza y con fe”[9]. Y no es para menos, dado que, como lo advierte el Director del IDEAM Ricardo Lozano: “la ´niña´ no ha dejado de impactar al país, es como un huracán completo que entra y se queda por meses”[10].
EL CHIVO EXPIATORIO
Compartimos con la experta y consultora Juanita López que “hay que dejar de satanizar las lluvias. Si bien estas han aumentado, la vulnerabilidad de ciertos grupos poblacionales proviene de otros frentes”[11]. Colombia, dada su posición geográfica y su fisiografía, es de por sí muy vulnerable a los efectos del cambio climático. Según cifras de las Naciones Unidas el 80% de la población colombiana está asentada en las estribaciones de las tres cordilleras que la surcan, las cuales son zonas de alto riesgo sismológico y deslizamientos o en las costas Pacífica y Caribe, las cuales están muy expuestas a los riesgos del aumento del nivel del mar, a los frecuentes huracanes y tsunamis. De allí que, según la misma fuente, Colombia ocupe el tercer lugar en el mundo en mortalidad por desastres naturales. Pero, es que además de la propensión al acaecimiento de tales eventos se suma la improvidencia e imprevisión, cuando no la improvisación, tanto por parte del Gobierno como también de los distintos estamentos ciudadanos.
Como lo señala con mucha propiedad el ex ministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez, “la pérdida de los páramos, la deforestación del bosque alto andino, la destrucción de los humedales han hecho que se altere la regulación del ciclo de agua de una forma extraordinaria”[12]. Ahora bien, “los humedales tienen varias funciones. Una de ellas es la de servir de amortiguador en época de invierno. Cuando se presenta un caudal muy fuerte en los ríos,  los humedales reciben el agua y la albergan. Cuando viene la época de sequía, sirven de alimentador porque devuelven parte del agua a los ríos y éstos aumentan así sus caudales”[13]. De este modo, cuando se desecan las ciénagas, se acaba “con un elemento regulador del ciclo hídrico y, desde luego, el día que haya un invierno como el de ahora, los ríos reclaman su ciénaga y vuelven a tomar su lugar”[14]. A ello se viene a sumar la más bárbara deforestación del país, la cual ha cobrado más de 3 millones de hectáreas en la última década (10 veces el territorio del Departamento del Atlántico), de allí se sigue la erosión del suelo y de esta la sedimentación, la cual termina colmatando los lechos de ríos, lagunas y ciénagas, además de los bancos de arena que afectan el acceso a los puertos sobre el Caribe estropeando su operatividad hasta donde la arrastra el Río Magdalena.
El problema de las inundaciones y sus estragos no es un asunto nuevo, sólo que ahora ha adquirido características dantescas y ha causado daños sin precedentes; además, su impacto ha sido más general y generalizado, así en el campo como en la ciudad. Hasta urbanizaciones exclusivas se han visto inundadas por las riadas y en no pocos casos han dado al traste con las mismas. Ello nos lo explica muy bien el ex ministro Rodríguez, indicando que en nuestro país “estamos siguiendo un patrón de urbanización llamada por los norteamericanos ciudad dispersa. Hay dos tipos de ciudades que se pueden construir: en forma de huevo frito, es decir, que tienen la yema en el centro; ahí está la ciudad y el resto es naturaleza. Y las ciudades tipo huevo perico, extendida hacia fuera. Nosotros estamos yendo hacia este tipo de urbanización, con el deterioro ambiental consiguiente”[15]. Como nos lo muestra un reciente informe especial de la revista Semana, aquí mismo en las goteras de Bogotá, en las propias narices tanto de la administración distrital como del Gobierno Central, las cuales se hacen los de la vista gorda, en los cerros orientales, en la vía a la Calera, se vienen construyendo mansiones de  US $5 millones en zonas vedadas para ello por la Ley, pues corresponden a terrenos de reserva forestal, pasándosela por la faja. Enfatiza en que “allí tienen casas y lotes presidentes de compañías, altos ejecutivos del sector financiero y otros personajes vinculados al jet set”[16].
Como se puede colegir de las consideraciones anteriores el problema es muy complejo y no se puede eludir la responsabilidad con el simple expediente de endilgarle a otro u otros la responsabilidad. No se trata de buscar chivos expiatorios o cabezas de turco en donde colgar los propios fracasos; ello, además de simplista es desorientador y paralizante. En medio de esta hecatombe se le ha dedicado más tiempo a buscar culpables que a buscar soluciones. Coincido con el ex ministro Rodríguez en que “la teoría de que las CAR son las culpables de todo y que si se modifican se acabarán los problemas ambientales, es absolutamente ridícula”[17]. El problema es estructural; no se trata de eximir de la cuota de responsabilidad que les cabe a las corporaciones, pero lo que está fallando es la institucionalidad. Empezando por el hecho de que las corporaciones autónomas, empezando por Cormagdalena, no son o por lo menos no deben ser ruedas sueltas, ellas hacen parte del Sistema Nacional Ambiental (SINA), del cual el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo territorial (MAVDT) es la rectora. No se puede entonces buscar la paja en el ojo ajeno sin antes percatarse de la viga que tiene en el propio. Además, el primer cuestionamiento es hacia el anterior gobierno que con el prurito de la supuesta reducción del gasto fusionó el Ministerio de Ambiente con Vivienda y Desarrollo, que no siempre van de la mano. Con ello se desperfiló la política ambiental en desmedro de la misma y propició una política depredadora en el país; Colombia que se preciaba de tener una de las legislaciones más avanzadas en materia ambiental ha venido retrocediendo en los últimos años. Cómo andaremos de mal que la Embajadora de Holanda Marion Kappeyne van de Coppello, país este que es el mayor aportante de recursos de cooperación internacionales al Ministerio del ramo, manifestó recientemente que, “como están las cosas, su país retiraría la ayuda que le entrega a esa cartera”[18] y fue enfática al afirmar que “el Gobierno no le presta al medio ambiente la atención que se merece”[19]. Es muy diciente que mientras en 1998 se le asignó al sector ambiental el 0.76% del Presupuesto General de la Nación, en el Proyecto de Plan Nacional de Desarrollo 2010 – 2014 presentado por el Gobierno Nacional a la consideración del Congreso de la República, a duras penas le asignaban el 0.26%. De no haber sido por la emergencia que se precipitó lo ambiental habría seguido siendo invisibilizado a la hora de definir las prioridades en el gasto y en la inversión pública.
Si queremos que Colombia sea “mucho mejor después de esta tragedia invernal”, como lo planteó el Presidente Santos, además de restablecer el Ministerio del Ambiente se debe introducir serios ajustes en las políticas públicas, de tal suerte que el desarrollo sostenible prescrito en la Constitución deje de ser letra muerta. Ello amerita reformas de muy amplio espectro, las cuales pasan por el SINA, que debe robustecerse y fortalecerse y debe comprometer al Gobierno todo, el cual debe agenciar una política ambiental integral y de muy amplio espectro, de tal forma que la sostenibilidad deje de ser un simple membrete para convertirse en un eje transversal de las políticas públicas. No hay que perder de vista que el ecosistema es la infraestructura de la infraestructura. Así mismo se debe propender por una gestión integral del riesgo; para ello es indispensable una reingeniería del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres, la cual debe contar con más y mejores instrumentos. Como reza el adagio popular, es mejor prevenir que curar o lamentar; dicho en palabras de Oxfam “un dólar en prevención puede ahorrar siete dólares de desastre”. Y lo corrobora Unni Krishman: “Lo que sabemos de nuestra experiencia es que por cada dólar invertido se pueden salvar mil…esto requiere un compromiso de largo plazo. La reducción del riesgo de desastres y la respuesta a los mismos no es una carrera de velocidad cien metros. Se trata de una carrera de maratón…Quizá no podemos evitar que suceda un desastre, pero podemos muy bien evitar que un desastre se convierta en una crisis humanitaria…”[20].
POR UN OJO DE LA CARA
Y esto le va a costar un ojo de la cara al país; como lo señala el Presidente Santos “las necesidades desbordan nuestra capacidad económica”[21], sobre todo si se pretende, como lo anunció el Presidente Santos que “Colombia tendrá que ser mucho mejor después de esta tragedia invernal”[22].  El Gobierno Nacional ha dispuesto acometer su plan de acción en tres fases claramente diferenciadas: la primera prioridad es la asistencia humanitaria a los damnificados, la segunda la rehabilitación de la infraestructura y las viviendas y la tercera y última será la reconstrucción. Se estima que la primera fase demandará recursos por $4.4 billones, aproximadamente, al tiempo que la segunda y tercera fase requerirá una suma no inferior a los $26 billones. A guisa de ejemplo, la sola reubicación y reparación de viviendas tendrán un costo de $2.2 billones.  Para arbitrar tales recursos el Gobierno Nacional ha echado mano de varias fuentes de financiación, destacándose entre ellas el mayor recaudo tributario por $3.3 billones entre 2011 y 2014, $2 billones provenientes del Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), la reasignación de $1 billón del presupuesto de la vigencia 2010 y cerca de $1 billón de recursos remanentes del FOREC. El Gobierno Nacional aspira a completar dichos recursos con la enredadera de la venta de un 10% adicional de su participación en la estatal Ecopetrol[23]. De todos modos, este mayor gasto no estaba previsto y ha obligado al Gobierno Central a revisar y ajustar la proyección de su déficit fiscal, la cual pasó este año de 3.7% del PIB a 4.1%.
LA DESASTRADA INFRAESTRUCTURA
Definitivamente lo más costoso de esta ímproba tarea es la recuperación de la desastrada infraestructura vial, la cual demandará ingentes recursos; sobre todo, si tenemos en cuenta el enorme rezago que acusaba aún antes de este insuceso. Es tan grande el rezago que, de acuerdo con la Agenda de competitividad de la ANDI, que “en algunos indicadores como el tamaño de la red vial arterial pavimentada por habitante, se encuentra incluso por debajo de países de ingresos más bajos como Bolivia o Ecuador[24]. Es bien sabido que esta es el mayor cuello de botella que enfrenta el país para avanzar en competitividad, basta con señalar que “Colombia tiene hoy alrededor de 1.000 kilómetros de dobles calzadas (Chile tiene 2.431); 17.400 kilómetros de vías en la red primaria, de los cuales sólo el 46% es calificada como logísticamente aceptable para que fluya el comercio exterior, lo que quiere decir, que más del 54% de la actual infraestructura disponible, no puede ser usada para el desarrollo y aprovechamiento del comercio[25]. Tan “sólo el 10% del total de la red vial está pavimentada, porcentaje inferior al promedio de América Latina. La densidad por área de carreteras pavimentadas es de 14.6%, mientras el promedio latinoamericano y del Caribe asciende a 36%[26]. Este cuadro tan patético ¡ya es un desastre!
Según los estudios del Consejo Privado de Competitividad la falta de infraestructura genera un sobre arancel que oscila entre el 16% y 18%, que es probablemente el costo más significativo para la industria. Ello por sí sólo nos saca del mercado; de allí nuestra insistencia en que debemos estar más preocupados por ampliar y mejorar la infraestructura vial, de transporte, portuaria y logística que en andar afanados firmando TLC por doquier a la topa tolondra, dada la notoria desventaja que significa no contar una infraestructura a la altura del reto que ello plantea[27]. Esto, para no hablar de la precaria red férrea con que contamos. El país tiene un portafolio de proyectos de 2.000 kilómetros de vía férrea, sin embargo, a la fecha no operan sino un poco más de 400 kilómetros y, lo que es peor, sin conexiones. Y de contera el avance en transporte intermodal es nulo, pese a contar con la gran arteria fluvial del río Cauca, el río Magdalena y sus afluentes[28]. Por ello, nos parece muy puesta en razón lo que aconseja al respecto el Presidente de Fedegan: “ojalá el acuerdo comercial se apruebe en un par de años. Competir en las actuales circunstancias con mercados tan exigentes como el de los Estados Unidos y la Unión Europea, es una utopía”[29]. Y si se empecinan en buscar su ratificación, que por lo menos que propongan una moratoria de su entrada en vigencia de 2 a 4 años mientras el país se repone de esta adversidad.
Con o sin TLC esta sigue siendo una asignatura pendiente, de la cual sólo se acuerda el Gobierno cuando se habla de él. Ahora, una vez más, ante la pregonada inminencia de la ratificación de los TLC firmados con los EEUU y la UE, el Ministro de Transporte Germán Cardona anuncia inversiones del orden de los $99.5 billones entre 2011 y 2021, de los cuales se invertirían $29.5 billones en este cuatrienio. “Le llegó la hora a la infraestructura”[30] aseguró el Ministro Cardona. Situaciones como estas son las que ponen en tela de juicio la pretensión del Gobierno de imponer la camisa de fuerza al gasto público mediante el Proyecto de acto legislativo a través del cual se busca establecer la sostenibilidad fiscal como principio constitucional. En esta misma dirección va el proyecto de ley encaminado a establecer la Regla fiscal a manera de férula, lo cual haría inflexible el gasto[31]. Como afirma el Decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes Alejandro Gaviria, “estamos hablando de grandes inversiones que se necesitan, el Ministro del Transporte ha dicho que se requieren 100 billones de pesos para reconstruir la infraestructura averiada. La estrategia de ahorrar automáticamente a través de una Regla fiscal va a tener que esperar”[32]. Eso sí, el país no puede seguir consintiendo y tolerando ni la chambonería ni la corrupción que se ha enseñoreado de este sector. Y, como lo aconseja el experto Juan Pablo Ruíz Soto, “es importante que revisemos el diseño de las vías, considerando con seriedad el impacto climático sobre la infraestructura. El diseño de puentes, cunetas y taludes debe ajustarse a los efectos que genera el cambio climático, pues las lluvias torrenciales serán más frecuentes y los caudales aumentarán de manera significativa”[33] .

Y no es sólo por la emergencia invernal; es que un país con el atraso de Colombia en múltiples frentes no se puede dar el lujo de esterilizar tan cuantiosos recursos como los que se espera recibir merced al boom del sector minero - energético. Con toda razón advierte el Senador Roy Barreras que “no es la hora de ahorrar, sino de invertir en la reconstrucción del país, en infraestructura y en vivienda”[34]. Claro que el Ministro Echeverry, que presume ser más ortodoxo que los ortodoxos se mantiene en sus trece y les respondió que “Si no ahorramos no habrá quien controle la tasa de cambio”[35], como si esta dependiera sólo del control del gasto. Mientras tanto, por ejemplo, se opone con pies y manos al control de capitales, como lo está haciendo Brasil, Perú y Chile[36] y como lo aconseja hasta el propio FMI que hasta hace poco era tan renuente a medidas como esta. El Ministro, como aquel buen escritor y mejor orador Carlista, Vásquez de Mella, prefiere “estar en el error, pero eso sí, firme”! Hasta cuando se seguirá en la estéril “búsqueda del Santo Grial”, como denomina William Vickrey esta obsesión, buscando corregir los desequilibrios fiscales a toda costa.


Bogotá, mayo 4 de 2011


[1] Nassim Taleb. El cisne negro. Editorial Paidós Ibérica. 2008
[2] 4º Reporte del IPCC. 2007
[3] Amylkar D. Acosta M. El día después de mañana. Diciembre 19 de 2005/ Más allá del Protocolo de Kyoto. Diciembre, 24 de 2007
[4] El Nuevo Siglo. Abril, 27 de 2011
[5] Caracol Radio. Diciembre, 7 de 2010
[6] Idem
[7] Idem
[8] La Silla vacía. Diciembre, 8 de 2010
[9] El Espectador. Abril, 22 de 2011
[10] Semana. Abril, 25 de 2011
[11] Semana y Oxfam. Foro Nueva ola invernal. Abril, 27 de 2011
[12] El Espectador. Mayo, 1 de 2011
[13] Idem
[14] Idem
[15] Idem
[16] Semana. Abril, 15 de 2011
[17] Ibidem
[18] Semana. Marzo, 12 de 2011
[19] Idem
[20] El Nuevo Siglo. Abril, 27 de 2011
[21] www.colombia.com. Diciembre, 8 de 2011
[22] El Heraldo. Diciembre, 26 de 2010
[23] Amylkar D. Acosta M. Imprevisión e improvisación. Diciembre, 10 de 2010
[24] www.elpais.com.co . Abril, 17 de 2011
[25] www.elpais.com.co. Rosario Córdoba, Presidenta del Consejo Privado de Competitividad. Abril, 17 de 2011
[26] Idem
[27] Amylkar D. Acosta M. El amigo imaginario. Febrero, 28 de 2011
[28] Amylkar D. Acosta M. A pensar en grande. Octubre, 28 de 2010
[29] El Heraldo. Abril, 28 de 2011
[30] El Espectador. Mayo, 2 de 2011
[31] Amylkar D. Acosta M. Sostenibilidad fiscal y/o emergencia social. Diciembre, 1 de 2010
[32] Portafolio. Mayo, 2 de 2011
[33] El Espectador. Abril, 27 de 2011
[34] Portafolio. Mayo, 2 de 2011
[35] Idem
[36] Amylkar D. Acosta M. Revaluación o sobrevaluación. Octubre, 4 de 2010

El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb


Lecturas, no asimilables en una sola revisión... Y seguro ni en la segunda, ni en la tercera... LuisEmilioRadaC


23 de marzo de 2008

El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb

The Black Swan“El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable” editado por la Editorial Paidós Ibérica es la segunda obra traducida al castellano del profesor libanés-americano, ensayista de éxito y ex-operador bursátil Nassim Nicholas Taleb que se define a sí mismo como “empirista escéptico” es uno de esos pocos libros que una vez leídos te sientes en la obligación moral de recomendarlos vivamente amén de sugerir una profunda reflexión sobre muchos de los supuestos filosófico-matemáticos aplicados a la economía, a la concepción del riesgo y a la gestión de la incertidumbre. 

Si en los 80's “La Meta” de Eliyahu M. Goldratt removió nuestras viejas y anticuadas concepciones sobre la gestión y en los 90's “La Quinta Disciplina” de Peter M. Senge nos hizo reflexionar sobre la necesidad de adoptar el pensamiento sistémico para afrontar los desafíos crecientes de un mundo complejo, en la presente década la obra de Nassim N. Taleb vendrá a significar en mi opinión lo que Goldratt y Senge representaron en el mismo ámbito en el que plantea sus reflexiones el profesor Taleb: descubrir los errores en los procesos de razonamiento cuando los humanos nos enfrentamos frente a la complejidad, la incertidumbre y la aleatoriedad.

Son varios los ejemplos y conceptos que nos muestra el profesor Taleb en esta obra, en la que profundiza lo avanzado en la anterior “¿Existe la suerte?: engañados por el azar” siendo su punto de arranque el problema de la inducción ejemplificado gráficamente en el caso del “pavo de Russell” (en honor a Bertrand Russell que fue quien expuso por primera vez el ejemplo, retomando el problema de la inducción que inició David Hume, si bien el maestro Russell utilizó la misma metáfora pero con un pollo) que comprobó que todas las mañanas le daban de comer y tras varios meses de observaciones iba a concluir una ley universal (“estos humanos tan amables me deben querer mucho, todos los días me dan de comer”), cuando con la llegada del día de Acción de Gracias al pavo le ocurrió algo inesperado (para el pavo, no para los amables humanos). 

Pues bien, nuestra manera de pensar no es muy diferente de la del “pavo de Russell”. Gran parte de la matemática estadística, el cálculo de riesgos y las distribuciones de probabilidad están atravesadas por esta manera de pensar: a mayor frecuencia de ocurrencia de un hecho menor sensibilidad frente a lo inesperado. De ahí la metáfora del cisne negro que Taleb toma de David Hume (empirismo) y de Karl Popper (falsacionismo): si nos pasamos toda la vida en el hemisferio norte pensaremos que todos los cisnes son blancos; sin embargo en Australia existen cisnes negros (cygnus atratus) [1]. Y es que un cisne negro nos parece algo imposible debido a nuestra reducida experiencia: un suceso altamente improbable [2].

¿Qué es entonces un “cisne negro” según Taleb?. 



El profesor Taleb lo define como un hecho fortuito que satisface estas tres propiedades: gran repercusión, probabilidades imposibles de calcular y efecto sorpresa.

En primer lugar, su incidencia produce un efecto desproporcionadamente grande. En segundo lugar, tiene una pequeña probabilidad pero imposible de calcular con base a la información disponible antes de ser percibido el hecho. En tercer lugar, una propiedad nociva del “cisne negro” es su efecto sorpresa: en un momento dado de la observación no hay ningún elemento convincente que indique que el evento vaya a ser más probable. Desde luego, estas propiedades no son ajenas a las crisis financieras que vivió el autor cuando se ganaba la vida como operador bursátil.

A partir de este punto el profesor Taleb nos hace un recorrido por todos y cada uno de los diferentes errores del razonamiento humano cuando se encuentra frente a los “cisnes negros” o sucesos improbables. No los voy a exponer todos pero sí algunos de los que considero más importantes, como por ejemplo la distorsión retrospectiva, algo para lo que los economistas e historiadores padecen bien dotados cuando explican las causas de una crisis económica o una guerra mundial, pero son incapaces de anticiparla: los humanos somos muy buenos a la hora de predecir los sucesos de modo retroactivo. Para Taleb, esta distorsión consiste en un sesgo que nos empuja a sobreestimar el valor de las explicaciones racionales de los datos a la vez que subestimamos la importancia de la aleatoriedad inexplicable en los datos. Para el profesor Taleb existe una base genética y filosófica para entender lo mal preparados que estamos los humanos cuando nos enfrentamos a la incertidumbre y la aleatoriedad. Según Taleb, la evolución no favoreció un tipo de pensamiento complejo y probabilístico, antes al contrario somos muy rápidos en adoptar decisiones instantáneas apoyados en una mínima cantidad de datos o en teorías superficiales y carentes de solidez, tal vez (sugiere un divertido Taleb), porque quienes divisaban un león y echaban a correr por presuponer que todos los animales salvajes siempre comen seres humanos tenían más probabilidades de sobrevivir que quienes preferían poner a prueba tal hipótesis de manera experimental. Claro que hay leones de talante amistoso (como hay cisnes negros), pero es preferible ser prudente y cauteloso de antemano que sufrir más tarde las consecuencias (problema de la inducción). Además, para Taleb existe un problema filosófico fundamental: la platonicidad o “falacia platónica”. Somos hijos de la escuela platónica que nos animó a preferir la teoría estructurada, ordinaria y comprensible a la desordenada y compleja realidad; por otra parte, nos inclina asimismo a seleccionar únicamente los hechos que encajan en nuestras teorías (falacia de las pruebas silenciosas) o cuando los hechos han tenido lugar, nos creamos historias post-hoc para que el hecho parezca tener una causa (falacia narrativa).

En mi opinión uno de los argumentos más interesantes del profesor Taleb es el que hace referencia al problema de la circularidad de la estadística y el daño colateral que provoca la distribución normal o de Gauss (por el nombre del matemático alemán Carl Friedrich Gauss): necesitamos datos para descubrir la distribución de probabilidad. ¿Cómo sabemos si contamos con los suficientes?. Por la distribución de probabilidad. Si es gaussiana, bastarán unos pocos. ¿Cómo se sabe que es gaussiana?. Por los datos. Por eso necesitamos que los datos nos digan qué distribución de la probabilidad debemos asumir, y que una distribución de la probabilidad nos diga cuántos datos necesitamos. Esta circularidad causa graves problemas en la regresión, más acuciantes cuando se aplica sin discriminación la distribución gaussiana a todo lo que se mueve. En este punto es cuando el profesor Taleb nos anima con ejemplos donde es apropiado aplicar la distribución normal y donde no: Mediocristán y Extremistán. 



Mediocristán, Imaginemos que tenemos en un estadio de futbol 1.000 personas elegidas al azar reunidas dentro. Si añadimos a ellas la persona más alta del mundo ¿cambiará mucho la media de altura de las 1.001 personas reunidas?. No, no variará apenas. Bienvenidos a cuyas matemáticas son el álgebra de la estadística clásica y la teoría de la probabilidad. En ese mundo las distribuciones son normales, con curvas en forma de la famosa campana de Gauss. Las variaciones individuales no varían mucho el promedio. Ahora cojamos esas mismas 1.000 personas y hagamos que entre en el estadio Bill Gates, supuestamente el hombre más rico del mundo. 
 
¿Cambiará mucho la media de riqueza de los allí reunidos? Sí, cambiará de una forma brutal al entrar Bill con sus más de 50.000 millones de dólares de patrimonio. Bienvenidos a Extremistán, cuyas matemáticas son mucho menos ortodoxas como, por ejemplo, la geometría fractal descubierta por el matemático estadounidense de origen polaco-lituano Benoît Mandelbrot. Las distribuciones siguen una ley de potencia como la de Zipf o la de Pareto o, más recientemente, la “Long Tail” de Chris Anderson a la que hemos dedicado una entrada en el blog. Por supuesto no hace falta decir que los cisnes negros son propios de Extremistán.

En su experiencia como operador de bolsa Taleb considera que los mercados financieros minusvaloran la probabilidad de los cisnes negros pues los métodos generalmente aplicados por los operadores financieros son los propios de Mediocristán. Es ahí donde Taleb apunta que se pueden obtener ganancias apostando a que tales sucesos extraños tan impactantes de hecho sucederán con mucha mayor frecuencia. No entiendo mucho de derivados financieros pero puedo alcanzar a comprender que si la mayoría de operadores trabajan con los mismos métodos y comparten las mismas concepciones de como operan los mercados (según el paradigma de Mediocristán), es lógico pensar que si alguien se atreve utilizar otros métodos y concepciones muy distintas (según el paradigma de Extremistán) es posible que se puedan obtener ganancias importantes (rendimientos escalables) como los que apunta Taleb mediante la compra de opciones “deep out-of-the-money”, que son muy baratas, que ocasionan pocas pérdidas pero muchas veces, aunque pueden proporcionar un retorno espectacular si los mercados se vuelven locos (cosa que al parecer está ocurriendo mucho más a menudo de lo que cabría esperar según el paradigma de Mediocristán).

Un apartado importante en esta obra es la fundamentada crítica hacia los modelos de gestión de riesgos que se usan actualmente, y que han hecho ganar a algunos académicos su Nobel de Economía (Taleb cita expresamente a Robert C. Merton y Myron S. Scholes, promotores del fiasco del LCTM) que excluyen precisamente los eventos raros que aparecen de vez en cuando en Extremistán y cuyos efectos económicos pueden ser muy importantes. Estos académicos y muchos analistas cuantitativos tranquilizan a los ejecutivos de las empresas, los reguladores y los inversores con una ilusoria sensación de seguridad que no tiene para nada en cuenta la aparición ocasional de cisnes negros que pueden dejar arruinados a más de uno. Para Taleb esta “falacia de la regresión estadística” que consiste en creer que la probabilidad de futuros eventos es predecible examinando acontecimientos de eventos pasados está muy arraigada entre los actores económicos, que tampoco entienden que la aleatoriedad estructurada que encontramos en los juegos de azar (teoría de probabilidades clásica) no se parece a la aleatoriedad que encontramos en la vida real (“falacia lúdica”).

Para Taleb, siguiendo la obra de los psicólogos israelíes fundadores de la Teoría de la Prospección Neuroeconomía), Amos Tversky y el premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, los seres humanos somos mucho mejores haciendo cosas que comprendiendo nuestro entorno. Pero no lo sabemos [3]. Vivimos con la ilusión del orden, creyendo que la planificación y la previsión son posibles. Nos perturba tanto lo aleatorio que creemos disciplinas que intentan dar sentido al pasado, pero en última instancia, no conseguimos entenderlo, al igual que solemos fallar prediciendo el futuro. Por razones prácticas, resulta que los seres humanos preferimos funcionar con previsiones y predicciones, aunque casi siempre se revelan equivocadas. Para Taleb, los humanos creemos que la innovación se puede planificar; sin embargo las innovaciones importantes suelen ser descubiertas por accidente (serendipidad), pero no se reconoce así cuando escribimos la historia. Las tecnologías que dominan el mundo actual (como Internet, el ordenador personal y el láser) no se utilizan en la forma prevista por los que las inventaron y una parte considerable de los descubrimientos médicos no están planificados en los proyectos de investigación oficiales sino que surgen por puro azar.

Lejos de ofrecer recetas matemáticas para calcular la probabilidad de los sucesos raros (cisnes negros) para protegernos frente a la incertidumbre, lo que nos aporta el profesor Taleb es una buena dosis de sentido común: nunca llegaremos a conocer lo desconocido ya que, por definición, es desconocido. Sin embargo, siempre podemos imaginar cómo podría afectarnos. Es decir, las probabilidades de los cisnes negros no son computables, pero sí podemos tener una idea muy clara de sus consecuencias. Esta es una idea-fuerza para la gestión de la incertidumbre: para tomar una decisión tenemos que centrarnos en las consecuencias (que podemos conocer) más que en la probabilidad. Estar preparado ante la aparición de los cisnes negros es más importante que dedicarle tiempo y esfuerzo a calcular la probabilidad de su ocurrencia. 

Resumiendo: para que no nos ocurra lo que al “pavo de Russell” hay que estar preparado para lo inesperado (que a diferencia de los pavos, sí podemos imaginar) pero sin preocuparnos de cuándo ocurrirá.

Por último pero no menos importante, Taleb nos recuerda las aportaciones del economista estadounidense y Premio Nobel de Economía, Robert Lucas (expectativas racionales) y en particular su famosa crítica (crítica de Lucas) a los modelos econométricos al uso en política económica. En síntesis, la crítica de Lucas.

En mi opinión, las ideas del profesor Taleb deben ser muy tenidas en cuenta por los que nos dedicamos al oficio de comprender, modelizar e implementar sistemas humanos complejos, para incorporar a los modelos las aportaciones de pensadores como Lorenz (teoría del caos), Mandelbrot (fractales), Kahneman (teoría de la prospección), Lucas (crítica de Lucas), etc. y evitar en lo posible los sesgos propios de la matemática de Mediocristán en el diseño de modelos, y, por supuesto, todos aquellos que nos hemos atrevido a desarrollar modelos matemáticos de previsión (forecasting) para que en mayor o menor medida evitemos la presunción de fiabilidad, pues nadie conoce el futuro.

Desde un punto de vista sistémico y, aunque el autor no menciona expresamente, en las dos obras que he podido leer he percibido una cierta familiaridad con la Cibernética de segundo orden de Heinz von Foerster, pues en repetidas ocasiones Taleb utiliza la observación de segundo orden a modo de método para ejemplificar ciertos patrones de conducta de determinados personajes (operadores de bolsa como el propio Taleb) ante situaciones donde la aleatoriedad y la incertidumbre ponen a prueba estrategias y concepciones periclitadas para un mundo imprevisible. Tal vez en este punto Taleb no se atreve a ir más allá, incluyendo la idea de circularidad y autorreferencia y es donde encuentro una mayor carencia en su obra, que a modo de crítica concluyo, es decir: Taleb no incorpora a su discurso la idea de que la aleatoridad e incertidumbre de los mercados financieros pudieran no ser ajenos a la propia conducta de los actores que luego sufren las consecuencias. El éxito de su obra es haber conseguido un certero análisis de los errores en los que incurrimos los humanos cuando nos enfrentamos a situaciones aleatorias e imprevisibles, más echo en falta una reflexión de cómo los humanos generamos esas mismas situaciones aleatorias, y en concreto en el campo de las crisis financieras.

La frase: “Mi principal afición es provocar a aquella gente que se toma demasiado en serio a sí misma y la calidad de sus conocimientos y a aquellos que no tienen las agallas para decir a veces no lo sé”.

Como pueden observar, genio y figura. Autor y obra altamente recomendables.


[1] “De la observación de un sinnúmero de cisnes blancos no se podrá inferir que todos los cisnes son blancos, sin embargo, ver un solo cisne negro será suficiente para refutar semejante conclusión.”

[2] A principios del siglo XVIII, los colonos ingleses que volvieron de Australia trajeron consigo, en las panzas de sus barcos, un cargamento de cisnes negros. Los cisnes negros son originales de la isla austral y hasta ese momento, se pensaba que todos los cisnes eran blancos, porque eran blancos todos los que se conocían. La intrahistoria de esta historia es que este hecho supuso una conmoción en la sociedad inglesa. Aunque nos pueda parecer algo ingenuo a los habitantes del siglo XXI, lo cierto es que la aparición de una especie de cisnes de un color distinto al que estaban acostumbrados a ver, supuso para los habitantes de la época una fuente de debate y de polémica.

[3] Los neurológos saben que nuestro cerebro está programado para tener el control de todo lo que sucede. Sin embargo, lo cierto es que nuestro cerebro está literalmente a oscuras, escondido bajo la cavidad craneal, y el único contacto que tiene del exterior es a través de órganos imperfectos, bien sea la vista, el tacto, el sentido olfativo o el gusto. Y puesto que nuestro cerebro está programado para controlarlo todo y debido a lo imperfecto de las percepciones que llegan a él, elucubra lo que puede, creando modelos abstractos de la realidad, que a veces no tienen porqué coincidir con la realidad misma. En pocas palabras, la explicación podría ser que no estamos preparados fisiológicamente para los hechos imprevisibles. Y sin embargo, los hechos imprevisibles existen.
(antecedente de la llamada viene a decir que si la gente es racional, entonces su racionalidad les haría descubrir patrones predecibles del pasado y adaptarse, de forma que la información pasada sería totalmente inútil para predecir el futuro. Es decir, al intentar modelizar sistemas económicos basados en búsqueda de patrones en series temporales, hay que tener presente que la racionalidad y capacidad de decisión de las personas que antes han tenido acceso a la información puede alterar la serie temporal posterior, haciendo desaparecer el patrón de comportamiento. En resumen, una vez detectado un patrón de comportamiento (en mercados, sistemas sociales, hábitos de consumo, etc.), la propia racionalidad y decisión colectiva de las personas cancela el patrón (generalmente anticipándose al patrón). David Hume (1711-1776), filósofo inglés.


Para saber más: Web de Nassim Nicholas Taleb [inglés] y Nassim N. Taleb en Wikipedia [castellano] y Nassim N. Taleb en Wikipedia [inglés]

No puedes predecir quién cambiará el mundo (artículo de Nassim N. Taleb en inglés)

Daniel Kahneman en Wikipedia [inglés]

Amos Tversky en Wikipedia [inglés]

Teoría de la Prospección en Wikipedia [inglés]
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