sábado, 21 de enero de 2017

El Titanic de la infraestructura Por José Roberto Acosta

Los contratos que maltratan las finanzas colombianas.

En este trabajo José Roberto Acosta habla de lo que está sucediendo en parte de acuerdo a las contrataciones que se presentan en el país.

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1


El Titanic de la infraestructura

José Roberto Acosta 

Empiezan a evidenciarse los problemas financieros y de corrupción que, desde tiempo atrás, se advirtieron sobre el desarrollo de las necesarias obras de infraestructura.
  

Por José Roberto Acosta

 

Después del fiasco en que resultaron los anticipos dados por el Estado a los contratistas para que adelantaran las obras ante la falta de capital propia de estos (caso Nule), se dijo que se eliminarían los anticipos de la estructura contractual. Sin embargo, lo que realmente pasó es que sólo sufrieron una metamorfosis, entregándose ahora bajo la figura de créditos por entidades financieras con capital público como el Banco Agrario y la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN).
El sospechoso crédito que el Banco Agrario desembolsó al consorcio Navelena, de la corrupta Odebrecht, es sólo la punta de un iceberg que amenaza con hundir el Titanic de la infraestructura, pues mientras el dinero público apostado en el Banco Agrario es de $2,2 billones, la apuesta de los colombianos en la FDN es de $3 billones, y todo en infraestructura.
La FDN tiene socios extranjeros que, aunque sólo le apuestan $250.000 millones, son los que mandan, pues tienen derecho a veto sobre decisiones de su junta directiva. Es decir, los colombianos ponen el billete, pero los que mandan son los extranjeros. Entre ellos el banco japonés Sumitomo Mitsui, de quien hoy depende el cierre financiero de Navelena, pero que es probable que se corra y, de carambola, ponga en riesgo la recuperación del cuestionado préstamo que otorgó el Banco Agrario por $120.000 millones.

Por cuenta del pedacito de socios extranjeros en la FDN, ésta se rige por la jurisdicción privada, sirviéndole, por ejemplo, para tener en secreto los términos de referencia de créditos y contratos de obra que nada ayudan a la transparencia, como es el caso del metro de Bogotá.
Y como el hambre de recursos públicos para financiar infraestructura ha sido insaciable, se han sumado a esta fuente de créditos de “fomento” para unos pocos privilegiados, los recursos de los fondos privados de pensiones que, por cuenta del decreto 1385 de 2015, corren el riesgo de ser objeto de autopréstamos, recordados por ser el combustible de los peores desfalcos financieros de nuestra historia.
La burbuja de la infraestructura mostró su debilidad por el lado financiero, lo suficientemente complejo como para que no lo entiendan los ciudadanos y no sea fácil fiscalizarlo. Confunde y reinarás.

@jrobertoacosta1

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