jueves, 18 de agosto de 2016

Bruce Mac Master en Congreso Empresarial Colombiano - Asamblea ANDI 2016. Discurso

Habla la industria colombiana, a través de Bruce Mac Master.

Y habló en la Congreso Empresarial Colombiano en Cartagena.

Vamos a revisar su texto, porque ahí está la sustancia de ese encuentro, en el que los industriales y empresarios colombianos se expresaron entre jueves y viernes en Cartagena…

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
Bruce Mac Master en Congreso Empresarial Colombiano - Asamblea ANDI 2016. Discurso

Nadie tiene dudas de que el actual es un momento histórico para Colombia, no solamente por la oportunidad que tenemos de la terminación de la larga, costosa y desgastante guerra con los grupos guerrilleros, sino por lo que éste hecho significa para el país en materia de impacto social, de construcción de equidad y de nuevas e inéditas oportunidades de desarrollo económico.

Señor Presidente,

Señores Ministros:

Están ustedes frente al empresariado colombiano, acá reunido en éste su primer Congreso y nuestra Asamblea General, que además de plantear una agenda académica con numerosos aportes nos permite destacar la tenacidad y la templanza con las que empresarios e industriales han afrontado por años condiciones adversas de seguridad, de riesgos empresariales y personales,
de obstáculos a la competitividad,  dificultades de mercado y del entorno económico, pero con el convencimiento del potencial que tiene Colombia, su posicion en el mundo y en el contienente, y que han sabido aprovechar con ingenio y  recursividad las oportunidades que nuestro mercado, el mundo y su globalización les ofrece.

Me corresponde hoy destacar a un sector privado cuya contribución al desarrollo no sólo se refleja en el crecimiento de nuestra economía que hoy nos ubica en el tercer lugar de América Latina, sino en el claro compromiso con el desarrollo social y la equidad, que juegan un papel dinámico en el progreso del país y por supuesto, en su decisión de poner en marcha una audaz apuesta por la competitividad, convencido de que Colombia, su Estado, sus instituciones y sus empresas tomarán todas las acciones necesarias para lograrla.
Una competitividad que cada día se vuelve más necesaria, que debe ser considerada como un “bien público” y que nos obliga a recurrir  a la innovación, la tecnología, la calidad, la infraestructura, la eficiencia, la productividad y cuanto sea necesario para afrontar un entorno empresarial amenazado por ejemplo por unas de las tasas impositivas más altas del mundo, la informalidad y el contrabando, entre otras dificultades, y que al mismo tiempo nos impone el reto de generar rentabilidad dentro del modelo de libre  empresa que nos es propio. 

Asi, para poder hablar de competitividad del sector privado en Colombia, señor Presidente,  para poder seguir generándole riqueza al país, generando empleo y sobre todo para poder cooperar en el logro de la equidad y la justicia social que reclama la nación entera,  debemos abordar el tema de la  anunciada y aplazada reforma tributaria estructural y su impacto  en las pequeñas, medianas y grandes empresas. 

Desde la ANDI hemos liderado -como usted bien sabe- un debate propositivo en torno a las soluciones fiscales que demanda el Estado, al igual que de modelos competitivos de tributación, analizando y haciendo recomendaciones puntuales que esperamos sean tenidas en cuenta para su estudio y consideración en el alto gobierno y el Congreso,  pues estamos convencidos de que la única forma en que el país y sus actores económicos y sociales pueden avanzar a puerto seguro es mediante una estructura tributaria justa y competitiva acompañada de una política fiscal responsable. 
Una reforma tributaria que no solamente permita financiar los inaplazables compromisos sociales del país, que le dé la oportunidad al Estado de recomponer el tejido social, al tiempo que verdaderamente haga de nuestra nación un destino atractivo para la inversión nacional y extranjera, que le permita a los productos elaborados con las manos de los colombianos venderse masivamente en los mercados internacionales, que aumente nuestro producto, nuestro empleo y por lo tanto las posibilidades del Estado de Maximizar su inversion social.

Estamos convencidos de que con mejores escenarios tributarios nuestras empresas, nuestro trabajo, el de los colombianos y la inversión extranjera pueden complementar de mejor manera la función social del Estado, aquello que justifica su misma existencia que no es otra que la búsqueda del bien común. Tenemos conciencia de ser actores de primera línea, co-protagonistas (junto al Estado) del desarrollo económico y social del país. Y vemos en la reforma tributaria estructural la gran oportunidad para un mayor crecimiento de Colombia. 

Señor Presidente, señor Ministro de Hacienda: si queremos ser más competitivos y realmente impulsar la actividad económica es claro que el sector productivo Colombiano, requiere una reducción en la tasa efectiva de tributación. 

Ahora, no es solo importante el fondo sino también la forma.
Hay gran incertidumbre respecto de los plazos y cronogramas. Es muy importante tener señales claras sobre las fechas de debate, radicación, discusión y aprobación. 

Son importantes las preocupaciones que nos acompañan en materia fiscal. Consideramos por ejemplo que debe haber un ajuste real, efectivo y comprometido en el gasto público, que responda a las nuevas realidades heredadas de la crisis del petróleo. 
De otra parte, es necesaria una política pública que nos ayude a conquistar nuevos mercados, a aumentar las exportaciones, una política pública estratégica que defina expresamente nuestro norte y nos trace una senda que permita no solo confirmar la condición de Colombia como un país de ingreso medio, sino su tránsito a país de ingreso alto.  Se necesita un régimen más favorable para la inversión, para la  creación de empresa, un régimen que no genere inestabilidad, ni incertidumbre.

Un capítulo muy especial merece el tema de la incertidumbre jurídica que afecta las actividades productivas. Contrario a las expectativas que teníamos, en el país cada vez hay más y más fuertes fuentes de incertidumbre jurídica.

·       Licencias revocadas
·       Consultas populares que buscan deslegitimar actividades económicas legales
·       Fallos de las cortes que traen consigo nuevas e inesperadas obligaciones para las empresas
·       Fallos de tutela irresponsables, aparentemente protectores de derechos de población vulnerable que no consideran por un segundo las consecuencias sobre el Estado o el sector privado
·       Contratos de estabilidad tributaria que son eludidos mediante manejos semánticos
·       Severos procesos sancionatorios sin segunda instancia
 
Tenemos que trabajar por crear un ambiente sereno, sosegado, predecible y estable para la actividad empresarial. 
Los empresarios de Colombia no están pidiendo privilegios, sino escenarios donde se pueda ser sostenible y donde se puedan obtener buenos resultados económicos y financieros a partir de los cuales el sector privado le pueda aportar más al bienestar general de la comunidad. 
La búsqueda del bien común sin embargo se va a ver estropeada  si no hacemos frente, mancomunadamente, a uno de los flagelos más deplorables que nos acechan : el de la corrupción. Colombia enfrenta el desafío de una crisis ética de profundas dimensiones, que parece haber permeado todas las esferas de la vida nacional. 

Lo más grave es que a pesar de que aparentemente somos conscientes del daño que produce éste flagelo, no hemos asumido con vehemencia el repudio que merecen ésas prácticas donde el abuso del poder  hace prevalecer los intereses particulares de individuos y grupos sobre el interés general de la comunidad.
Hoy quisiera desde aquí hacer una convocatoria al sector privado, a la administración pública, a todo el sistema de jueces y cortes, a la fiscalia, para que unamos fuerzas alrededor de  una campaña de denuncia y judicialización de los actos de corrupción, actos que tanto daño le generan a la institucionalidad, a la credibilidad  y a la productividad del país.

De manera simultánea hacer una invitación a la construcción colectiva de una cultura ética de responsabilidad social y solidaridad donde los principios y valores del buen gobierno,  la transparencia,  la rendición de cuentas, el obrar de buena fe –sin hacerle daño al otro- sean el decálogo de nuestra conducta pública y privada.
Por último señor Presidente, la paz.

En este mismo escenario el año pasado el sector empresarial hizo un reconocimiento a su dedicada labor en pos de la paz de Colombia, a esa paciente búsqueda de acuerdos con la insurgencia para ponerle fin al conflicto armado que nos desangra desde hace más de medio siglo. 

Me atrevo a afirmar que “No debe existir un solo colombiano que no anhele una Colombia  en Paz”. 
El estado actual del proceso de paz es el resultado de una historia de más de 20 años en los cuales la sociedad colombiana ha buscado por muchos caminos y con muchas estrategias lograr superar el flagelo de tener que vivir con grupos guerrilleros terroristas.

Los intentos de prácticamente todos los gobiernos, los esfuerzos de unos y otros mediadores, nacionales e internacionales. Etapas de confianza y desconfianza, inmensos esfuerzos militares, las innumerables batallas y sacrificios de las fuerzas militares, TODO se ha convertido en parte de la estructura y ladrillos de esta construccion colectiva que hoy nos tiene adportas de un acuerdo que conduzca a que las FARC desaparezcan como grupo armado y terrorista. 

El empresariado colombiano sueña con un mejor país y está convencido de su responsabilidad por construirlo. Justamente por ello desde la ANDI hemos adoptado el lema MÁS PAÍS concientes, como estamos, de que en la medida en que aportemos al mejoramiento de las condiciones de vida de los colombianos, al mejoramiento del entorno económico y social, serán más propicias las condiciones para el ejercicio de la actividad empresarial, generando así un círculo virtuoso que nos beneficia a todos : a la sociedad civil en su conjunto, al Estado y al sector privado. 
La reconciliación y el posconflicto se han convertido en temas misionales y estratégicos de nuestras empresas y de la ANDI. Cualquier reingeniería que se pretenda deberá integrar estos presupuestos en su planeación porque hacen parte de la nueva realidad nacional que se vislumbra, 

De todas maneras, dentro de ése contexto que se anuncia pleno de potencialidades se hace necesario conocer, en toda su extensión, el contenido y el alcance de los acuerdos de La Habana, las consecuencias reales entre el Sí y el No de la firma del acuerdo final 
Junto a la disposición de ánimo del sector empresarial para la construcción de la Colombia del posconflicto es apenas natural, señor Presidente, que exista una gran expectativa por la revelación del texto completo de lo acordado en la mesa de negociaciones. 
Desde este sector privado, al lado de la academia, nos hemos tomado en serio la tarea de tratar de entender que se ha ido firmando en cada momento, cuales temas estan pendientes, donde hay motivos de preocupacion, donde hay alertas sobre las cuales debemos llamar la atencion. Hemos hecho recomendaciones juciosas honestas y pensando en el bien del país. Creemos que todos tenemos la responsabilidad de tratar de construir la mejor paz posible. 

Esto incluye el alistamiento Institucionalidad del Estado para los nuevos retos y las nuevas obligaciones. Nada sería más nocivo para la construcción de una Paz estable y duradera que encontrarnos con una  nueva realidad la cual no somos capaces de adminsitrar y atender. 
La falta de suficiente pedagogía sobre los acuerdos enrarece el ambiente y dificulta el camino de los consensos que ahora más que nunca resultan indispensables para legitimar el proceso y el mejor acuerdo posible.
Debemos buscar una paz sin dueños, una paz sin nombres, ni apellidos, una paz de un partido o de otro. 
 
En Cartagena nos trajeron a colación una frase de Tony Blair respecto de una situaion de crisis en la que decía: 
“La respuesta a la crisis no está entre la derecha y la izquierda, está entre lo que está bien y está mal”
Es muy importante que el debate que ilustre a los colombianos sobre el proceso de paz, no sea un debate político, Colombia merece un debate serio, profundo, argumentado sin el ruido de campañas políticas que tanto acuden a las emociones y pocas veces a la razón. 
Se hace imperativo abundar en información para persuadir al país de que la libertad y la democracia no están en juego, que la propiedad privada y la libre empresa no están amenazadas, que el ordenamiento constitucional no será suplantado, que habrá una justicia imparcial, objetiva, confiable, no ideologizada a la hora de juzgar o imponer sanciones a los responsables. 
Cuando se haya hecho claridad en estos temas fundamentales se le habrá prestado un servicio invaluable a la causa de la paz, que deberá estar respaldada también por un fortalecimiento de la institucionalidad que garantice la implementación y la construcción de la paz, porque la paz no simplemente se hace, se construye.

Le apostamos como usted a tejer el entramado de la paz  que en el postconflicto tendrá su escenario natural.
Es claro que el sector privado tiene el deber moral de participar en ésa labor dispendiosa y exigente, no sólo como un aporte, colectivo sino como una forma concreta de hacer realidad el proyecto de país justo y equitativo, incluyente y pluralista y verdaderamente democrático que soñamos todos y que sólo entre todos podemos construir.



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