sábado, 14 de mayo de 2016

¿Contratistas o enemigos? Por: César Lorduy

Barranquilla merece que la cuiden; sobre todo, quienes tienen el privilegio de obtener dinero con su desarrollo.
Esta columna de César Lorduy, llama la atención, precisamente sobre ese tema: "¿Contratistas o enemigos?". 
Los contratistas deberán evitar que abogados respetables como César duden de sus intenciones.
Además, si pretenden mantener sus negocios en la capital del Departamento del Atlántico deben actuar con grandeza.
Esperemos que estas situaciones puedan solucionarse y que los contratistas sean nuestros aliados para que Barranquilla sea una excelente urbe.

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1


Sábado 14 de Mayo de 2016 - 12:06am



¿Contratistas o enemigos?

Por: César Lorduy


Barranquilla se esfuerza para obtener los recursos que permitan construir obras en beneficio de la comunidad y esta, con el pago de los impuestos, contribuye a que las mismas sean una realidad.

Al final, la suma de unos y otros permite que las obras sean adjudicadas al mejor proponente, que recibe en nombre de la ciudadanía el honor de realizar la construcción con las especificaciones y tiempos ofertados.

Los contratistas de obras públicas no nos hacen ningún favor. Ni nos están regalando nada. Pero la demora en las obras, en algunas ocasiones; la falta de planeación y visión para evitar mayores perjuicios, o si la obra no se hace, indicarían, por el contrario, que les debemos agradecer y premiar por el daño que causan.

La famosa cláusula general en la que los contratistas hacen constar que han estudiado cuidadosamente el objeto y la naturaleza del contrato, así como todos los factores que inciden o pueden incidir en la calidad y cantidad de la obra, tales como ubicación, localidad, condiciones del clima presentes y futuras, cantidad y tipo de medios de producción, y demás elementos que se requieren al inicio, durante y al terminar el objeto contratado, parece que desapareciera apenas se ganan la licitación.

 
En su reemplazo surgen, hoy con mayor frecuencia, los imprevistos y eventos de fuerza mayor y/o caso fortuito, y casi que con sorpresa uno llegaría a pensar que los famosos hechos mal llamados “obras de Dios y de la naturaleza” se empecinan con algunos contratistas en Barranquilla, porque no de otra manera uno justifica que se esfuercen en causar el máximo riesgo posible a los habitantes y a la actividad comercial y empresarial en la zona de una construcción.

Dos botones que muestran lo anterior son la restauración vial de 1,7 kilómetros desde el Corredor Portuario, entre la glorieta de la carrera 38 con Avenida Hamburgo y su respectiva conexión hacia la calle 30, que tiene casi paralizadas a las empresas del sector, a la Zona Franca y al Puerto de Barranquilla. Lo único que hasta ahora ha producido esta obra, porque simple y llanamente el contratista no se comporta como un aliado de la ciudad, es congestión vehicular, pérdida de productividad y mayores costos a las empresas que nadie reembolsará.
Y la construcción de 1.300 metros de un simple canal de drenaje en la Vía 40, frente a Las Flores. Esta obra, además de los perjuicios antes mencionados, según los habitantes del sector, pone en riesgo la vida de niños y jóvenes que transitan el lugar. Incluso habría que sumarle el posible deterioro de las vías internas del barrio, que con esfuerzo pavimentó la Alcaldía, por el mayor paso de tractomulas y camiones que deben desviar su recorrido.


Si tales obras causan estos impactos negativos, que nadie ignora por ser vías vitales para la comunidad y la actividad empresarial, lo que se espera de quien ha sido honrado con el contrato, es que corrija pronto y se comporte como un aliado de Barranquilla y no como su enemigo.




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