lunes, 28 de diciembre de 2015

Alicaída economía tendrá que sobrevolar un duro 2016 Por David Ortiz Castaño

El ser humano va aprendiendo desde pequeño.
Los nuevos tiempos nos están enseñando que la vida se está moviendo de otra manera. Con más tecnología, más velocidad y seguramente Colombia aprenderá moverse de acuerdo a las circunstancias.
Este año que viene -2016-, será un reto para el país. Para Colombia entera y para su comunidad.
Atentos, obviamente, para no pasarle factura a los más jodidos. Ellos no tienen la culpa.

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FOTO Donaldo ZuluagaFoto Donaldo Zuluaga

Alicaída economía tendrá que sobrevolar un duro 2016

Por David Ortiz Castaño 

61% de los encuestados por Anif y Corficolombiana creen que en 2016 la inflación se ubicará por encima de 4,5%.
$9.235 millones de dólares entraron en Inversion Extranjera Directa al país a septiembre.


La economía en 2016 se desacelerará aún más y eso está claro. Lo incierto para los analistas es cómo responderán los sectores económicos y los consumidores a este periodo de turbulencia.


Abróchense los cinturones porque viene la turbulencia. Así se resumiría el panorama económico del país para un 2016 de vientos cruzados.

La expansión del país será menos dinámica que en 2015, principalmente porque “lo que viene estará marcado por la incertidumbre. Los precios del petróleo se van a mantener bajos en 2016 y eso será crucial para entender lo que va a pasarle al país”, aseguró a EL COLOMBIANO la directora de Investigaciones Económicas de Fedesarrollo, Camila Pérez.
El barril de petróleo tocó durante diciembre su precio mínimo en 11 años, en 36 dólares. Esto se refleja en la caída de 28 por ciento en la inversión del sector petrolero en Colombia. Es decir, ese motor va a menos de media marcha.
Ese escenario hará que el Gobierno intensifique su “austeridad inteligente” y se apriete más el cinturón. Y si el capitán de este vuelo, el Gobierno, sabe que la turbulencia será muy fuerte, lo que nos espera a los pasajeros no será un precisamente un paseo.
Mientras los vientos de la caída del petróleo le quitaban impulso a la economía, una corriente en contra en forma de billete verde tomaba fuerza. Esa relación negativa entre el crudo y el dólar llevó a la divisa norteamericana a máximos históricos de 3.356 pesos.
Y ahí las cosas se convirtieron en tormenta. La devaluación del peso colombiano, que terminará el año perdiendo 970 pesos, le empieza a dar forma al vuelo número 2016.
Primera escala: dólar
Con un dólar superando todos los pronósticos y volando a más de 3.300 pesos, sus efectos le harán peso a la economía colombiana en 2016.
La devaluación del peso trajo consigo presiones sobre la inflación que están descuadrando las cuentas del Gobierno, los empresarios y las mismas familias.
Con el dólar por las nubes, los exportadores son llamados a aparecer, pero el proceso tomará tiempo y las ventas externas colombianas cerrarán 2015 más que alicaídas. A octubre se contrajeron un 35 por ciento y las importaciones lo hicieron en 14 por ciento, con un déficit de la balanza comercial de 12 mil millones de dólares, algo nunca antes visto en el país.
“La palabra que seguirá reinando en estos momentos en la economía mundial será volatilidad y la sentiremos todos. La tasa de cambio seguirá durante el inicio de 2016 entre 3.000 y 3.300 pesos”, aseguró el director de Investigaciones Económicas de Credicorp Capital, Daniel Velandia.
Sin embargo, la posible recuperación del precio del petróleo en la segunda mitad de 2016 podría “llevar al dólar a 2.700 o 2.800 pesos”, agregó.
 
Menos pies de altura
El crecimiento del país en 2016 no tomará el vuelo que tuvo en 2015 y mucho menos que el registrado en 2014. Al cierre de 2015, que solo se conocerá en marzo de 2016, se espera que la expansión de la economía alcance 3,2 por ciento frente a 2014, en las cuentas del Gobierno.

Ahora bien, el próximo año no se viajará a tantos pies de altura y las cuentas nacionales, según la expectativa del mercado, apunta a una cifra más cercana a 2,8 por ciento.
Para Velandia, “la expansión de la economía será de 2,5 por ciento, según nuestros análisis, principalmente, por el recorte fiscal (menos gasto público) y la menor renta petrolera (precios bajos)”.
Pero a esto hay que sumarle el componente de la demanda, que también le quitará altura al vuelo de la economía.
“El desempeño del consumo va a moderarse y será un gran componente de la desaceleración que experimentará el país en 2016”, indicó Andrés Pardo, director de Estrategia de Corficolombiana.
 
Menos para meriendas
Si la plata es el combustible que mueve este avión, su disponibilidad en 2016 estará restringida. La palabra clave será la inflación, que está aumentando a niveles de 2008, por cuenta, en parte, de la devaluación del peso frente al dólar. Para el grupo de Investigaciones Económicas de Bancolombia, el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que mide la inflación, cerrará 2015 en 6,7 por ciento.
Ese viento de cola para la economía le hará pasar malos ratos a los pasajeros, pues el poder adquisitivo se mermará y las presiones externas hacen poco maniobrable este tramo.

Para Carlos Gustavo Cano, codirector del Banco de la República, la inflación seguiría repuntando hasta el segundo trimestre de 2016, cuando empezaría a bajar de manera progresiva para encaminarse a la meta de 3 por ciento que se daría en 2017.

En otras palabras, será un año de precios altos. Muestra de ello es lo que sucedió en 2015 con el precio de los alimentos, que es el grupo de gasto que combina los dos factores más fuertes: devaluación del dólar y fenómeno de El Niño.
Los alimentos en el país mostraron, a noviembre, un aumento de 9,8 por ciento, según el Dane, y representan el 28 por ciento de la canasta básica de los colombianos.
Para quitarle fuerza a ese viento de cola, el Banco de la República jaló de la palanca.
 
Las tasas cogen altura
 
En 2015 el Banco de la República aumentó en cuatro oportunidades su tasa de interés de intervención. Es decir, le subió el precio al dinero y ubicó la cifra en 5,75 por ciento, la más alta desde mayo de 2009.
Esto se empezaría a sentir en los bolsillos de los ciudadanos desde mediados de 2016.
“El Banco sigue en su fase de endurecimiento de la política económica ante las fuertes presiones inflacionarias”, aseguró en días pasados José Darío Uribe, gerente del Emisor.

Ese anuncio es una puerta entreabierta a más aumentos. La Encuesta de Expectativas Económicas del Banco en diciembre mostró que, para abril de 2016, los analistas creen que la tasa llegará, en promedio, a 6,07 por ciento.
Esto debe interesarle a todos, porque hace que un motor del avión no dé toda su potencia. “El Banco, cumpliendo con su mandato constitucional va a atajar la inflación y procurará una desaceleración del crédito”, acotó Carlos Raúl Yepes, presidente de Bancolombia.

En 2016, pedir créditos será más costoso y más difícil. Y el apretón de los bancos será por lado y lado.
Por ejemplo, en materia de crédito de consumo “veremos una cartera expandiéndose al 6 por ciento, mientras en 2015 estaba en cifras cercanas al 10 por ciento. Aunque es una disminución, es un bajón sano para la economía en medio de esta coyuntura”, indicó Jonathan Malagón, vicepresidente de la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras (Asobancaria).

Y el consumo...
Al desestimular el crédito y ante una inflación creciente, el timonazo del Banco de la República debe reflejarse en menos consumo de los colombianos. Y si se duermen durante el vuelo los que mueven con mayor rapidez la economía (los hogares), el avión se desacelera.
Según los datos del Producto Interno Bruto (PIB) por el componente de demanda entre enero y septiembre, el consumo creció 3,5 por ciento y jalonó la economía.

Pero ojo. Esa tasa es la más baja o para el tercer trimestre desde 2009, cuando Colombia trataba de maniobrar entre coletazos de la crisis financiera global. Es decir, el impulso viene mermado.
Esto podría “presentar un aumento marginal del desempleo. Sin embargo, este indicador sigue sorprendentemente bien al finalizar 2015. Un impulso tan fuerte de la inflación tendría que afectar más el empleo, con un ingrediente adicional, el aumento del salario mínimo. Pero esperamos que la industria y la construcción movilicen mucho personal”, agregó Pérez, de Fedesarrollo.

Hay que recordar que a octubre, la tasa de desempleo en Colombia se ubicó en 8,2 por ciento, cifra mayor al 7,9 por ciento de un año atrás.

Motores para impulsar
Ante esto, se espera que nuevos motores empiecen a operar a toda potencia. Uno de ellos será la industria, que en lo corrido del año, a octubre, mostró un avance de 0,2 por ciento frente a 2014, según el Dane.
En este caso se espera con ansia el efecto de la operación a toda marcha de la nueva planta de la Refinería de Cartagena (Reficar) que, según el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), Bruce Mac Master, le aportaría 0,6 por ciento a la producción industrial.

De la reactivación de la industria dependerá entonces el desempeño de las exportaciones y de una menor presión de las cifras negativas de la balanza comercial.
Con este escenario que no muestra tanto dinamismo, el sector constructor tendrá que seguir moviendo caja para no perder impulso.
El inicio de obra de algunos tramos de las vías de Cuarta Generación (4G) prenderían una turbina adicional. Según estimaciones del Gobierno, durante los años de construcción de las carreteras, habría un 1,56 por ciento adicional al PIB, a partir de 2016.
Por su parte, las edificaciones espera tener un crecimiento en venta de nuevas viviendas de 11,7 por ciento en 2016, para cerrar ese año con 187.285 casas comercializadas.
“Proyectamos que el PIB de edificaciones tenga un impulso hasta 5,2 por ciento, pero si le sumamos el beneficio adicional de las políticas de vivienda, podría llegar a 9,7 por ciento”, indicó la presidenta de Camacol, Sandra Forero Ramírez.
 
Con más pesos que contrapesos, Gobierno, sector productivo y consumidores tendrán que sobrevolar un 2016 con pronóstico incierto.

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