martes, 2 de mayo de 2023

EL ESTATUS DE LA VULGARIDAD. Por JULIO CÉSAR HENRÍQUEZ

Me gustó, cómo escribió Julio César…

“Cuando gritan un gol o un jugador bota un penalti, la expresión popular es una descarga de adrenalina. Ni hablar si se atraviesa alguien en la vía. El grito deshonra a la madre que no tiene nada que ver con la imprudencia”

Y anota: “Ser plebe está de moda…”

Es bueno leerle…

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EL ESTATUS DE LA VULGARIDAD

Mucha gente defiende el uso de las groserías cuando aman, porque les estimulan más y alcanzan niveles de placer propios de la satisfacción total. Cuando gritan un gol o un jugador bota un penalti, la expresión popular es una descarga de adrenalina. Ni hablar si se atraviesa alguien en la vía. El grito deshonra a la madre que no tiene nada que ver con la imprudencia. Por JULIO CÉSAR HENRIQUEZ

Ser plebe está de moda. Entre menos se sepa más popular se es. Las ideas se han subordinado a la devaluación de monedas cada vez menos representativas del potencial de las naciones. La inflación de la grosería impone su rigor en el mercado de la ordinariez. Sí. Especialmente en los debates políticos. Porque se ataca al otro, no a su pensamiento. Cómo si los argumentos no importaran. Lo que prevalece es el insulto.

En el lenguaje cotidiano se utilizan con frecuencia expresiones que en otro tiempo serían síntomas de una patología social. Hoy entre más vulgaridades se empleen más carismática resulta la conversación. Se ha vuelto costumbre alterar el orden de las oraciones: Sujeto, verbo y predicado, por objeto, grosería y altercado.

El saludo actual sería una imputación deshonrosa en el pasado. Señalar a una persona de pertenecer a una preferencia o tener una orientación sexual diferente se ha vuelto algo normal para saludarse. Tal vez eso explique por qué ya no se lee como antes.

Un libro era el celular, el televisor, la pantalla o la diversión de otras épocas. Olvidamos que la lectura es el combustible del conocimiento y la fuente natural de la cultura.

Aclaro que cuando hablo de plebe y vulgaridad me refiero a lo soez. A esas expresiones que parecen “adornar” el uso idiomático. Y de las cuales muchos se sienten orgullosos. Dicen que el lenguaje sucio demuestra un signo de su personalidad versátil, excéntrica, histriónica y bohemia. Quien no diga vulgaridades es digno de estar en la ruta de la beatificación. Podría ser un viajero del tiempo perdido en el siglo XXI y llorando por no poder volver a la edad media.

Mucha gente defiende el uso de las groserías cuando aman, porque les estimulan más y alcanzan niveles de placer propios de la satisfacción total. Cuando gritan un gol o un jugador bota un penalti, la expresión popular es una descarga de adrenalina. Ni hablar si se atraviesa alguien en la vía. El grito deshonra a la madre que no tiene nada que ver con la imprudencia.

¿Es malo decir una que otra mala palabra? Son inadecuadas para los niños, no para los adultos, arguyen las mayorías. Pero si en una oración de 10 palabras usas más de 5 de esas voces que serían censuradas en horario infantil, no deberías dejar de preocuparte. Principalmente si son muletillas. Haz algo. Puedes mejorar tu vocabulario. Te hará bien.

Si la vulgaridad es la voz favorita de los malos candidatos así será su programa de gobierno: Vulgar y plebe, pero con estatus. Las ideas estarán al borde de la extinción. 

No las dejemos morir. 

Elijamos bien. Feliz día del idioma y del libro. 

Esos deben ser todos los días.

Desconexión. Por María Claudia Lacouture

Totalmente de acuerdo con María Claudia.

Polarización…

Cierta desconexión.

Para mí son claves los ciudadanos pensantes, moderados, respetuosos…

Hay algunos que consideran que por estar cerca al partido que ganó las elecciones y están cerca al presidente se ganaron la gloria y eso no es así. Colombia es de todos y debemos respetarnos todos.

Hay unos que se creen más de lo que son. Ni siquiera saben expresarse y se creen…

Confiemos en que podamos mejorar y que el país pueda salir adelante. Colombia es de todos…

®luisemilioradaconrado

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ANALISTAS02/05/2023

Desconexión

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas


Insisto en esto porque vivimos una coyuntura determinante para la estabilidad económica y el equilibrio institucional y porque definitivamente tenemos grandes retos para el cierre de las brechas sociales, para frenar la inseguridad y la informalidad. Estamos frente a una inflexión histórica que trazará el rumbo de las próximas décadas y no podemos dejar a la deriva el futuro de nuestros hijos.

El país necesita más conexión y menos protagonismos, acciones de todos que nos involucren a todos y por ello es prioritario que los nuevos equipos que se instalen en los ministerios y que tienen en sus manos las propuestas primarias de un cambio en las reglas del juego mantengan los canales abiertos para que se escuchen los argumentos de la nación, de todos sus estamentos, evitar cualquier ruptura que signifique un choque de poderes que dificulte el camino que queremos recorrer por el desarrollo nacional y el bienestar general.

Podemos estar en desacuerdo en muchos aspectos, pero tenemos la posibilidad de dar pasos certeros en la creación de foros de deliberación, con organismos de concertación, que coadyuven al propósito de encontrar el camino. Hay una necesidad urgente de un trabajo conjunto que vincule el desarrollo social con el desarrollo productivo, porque no es razonable que cada uno tome decisiones unilaterales, acciones aisladas para su propia supervivencia, sin unir esfuerzos, sin priorizar, sin construir conjuntamente como manda la lógica y la sensatez. Como vamos, con esta desconexión, el impacto de las reformas será mínimo y las brechas podrán hacerse más profundas.

Cuando un país se desconecta institucionalmente, puede haber consecuencias graves tanto para la estabilidad interna como para su posición en la comunidad internacional. La desconexión institucional debilita el Estado de derecho, polariza la política, alimenta la corrupción generalizada, erosiona la democracia, agrava la inseguridad, crea condiciones para la inestabilidad y el estallido social, debilita la productividad y espanta la inversión.

Es muy prematuro predecir que se viene por delante en cuanto a la gobernabilidad de una administración que desiste de las coaliciones que le ayudaban a tramitar con cierta maniobrabilidad las propuestas de reforma en el Congreso, en momentos en los que se están tramitando reformas a la salud, al sistema laboral y al de pensiones, cuando se está definiendo una estrategia energética y se propuso un Plan Nacional de Desarrollo que, según se ejecute, toca todo el ámbito económico.

Como dice el proverbio africano, “si caminas solo, llegarás más rápido; pero si lo haces acompañado, llegarás más lejos”. Son tiempos de caminar acompañados, juntos, sin dejarnos ganar por las ideologías, por los desacuerdos políticos. Colombia es un país fuerte y puede resistir, pero si vamos en la misma dirección entonces habremos dejado un legado a las próximas generaciones.

lunes, 1 de mayo de 2023

CECILIA TIENE RAZÓN. Por RICARDO PLATA CEPEDA

¿Lo estamos haciendo bien, cuando se habla de cuidar el planeta?

Buena pregunta.

¿Qué dice Ricardo Plata Cepeda esta vez?

@luisemilioradaconrado

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CECILIA TIENE RAZÓN

El asunto es que todas las fuentes renovables son intermitentes. Las hídricas oscilan con las estaciones y de manera drástica cada 5 o 7 años, la solar es tan variable como el día y la noche y la eólica varía en horas y minutos. Sólo la energía fósil da confiabilidad a la red, que ya depende en un 70% de la volatilidad hídrica. Si el mundo tuviera en promedio una huella de carbono per cápita 43% por encima de la de Colombia ya habría cumplido la ambiciosa meta de evitar el incremento de 1,5° C.

Por RICARDO PLATA CEPEDA 

El carbón mineral fue el primer combustible fósil de uso universal. En Gran Bretaña, como combustible de la revolución industrial, su uso superó al carbón de leña a mediados del siglo 17, en Estados Unidos y Francia a mediados del 19 y en Japón unos años después. Al despuntar el siglo 20 soplaron géiseres de petróleo y luego de gas. Por su disponibilidad, facilidad y precio los combustibles fósiles son el maná energético que ha sostenido durante tres siglos el mayor progreso material de la humanidad, al tiempo que la población saltaba de 600 a 7.000 millones. Gracias a ellos se abarató el transporte, el acero y el cemento, que permitieron darle albergue a esa explosión demográfica y los fertilizantes que hicieron posible alimentarla. En Colombia esas oportunidades surgieron en el último cuarto del siglo 20.

La generación per cápita de CO2 en Estados Unidos es 9 veces mayor que en Colombia, pero con 7 veces su población contamina 60 veces más. Y lleva cuatro veces más tiempo en esas. Podríamos estimar que ha contaminado 240 veces más. ¿Y vamos a creer que podemos salvar el día, sacrificando recursos naturales estratégicos para nuestra independencia energética y económica? Pero este no es el primer gobierno entreguista en términos ambientales. El de Santos se comprometió en París 2015 a reducir nuestros insignificantes consumos de combustibles fósiles en un 20% antes del 2030 y el de Duque a hacer proyectos de energía renovable costosa, sin contraprestaciones. ¿Será que aparecer como los niños aplicados del kínder mundial, a cambio de palmaditas en el hombro de los maestros contaminadores es suficiente? Y mientras tanto nos rajamos en la protección de la tala de nuestros bosques, especialmente para los cultivos de coca que dejamos quintuplicar entre 2015 y 2018.

El asunto es que todas las fuentes renovables son intermitentes. Las hídricas oscilan con las estaciones y de manera drástica cada 5 o 7 años, la solar es tan variable como el día y la noche y la eólica varía en horas y minutos. Sólo la energía fósil da confiabilidad a la red, que ya depende en un 70% de la volatilidad hídrica. Si el mundo tuviera en promedio una huella de carbono per cápita 43% por encima de la de Colombia ya habría cumplido la ambiciosa meta de evitar el incremento de 1,5° C. Tenía razón la exministra Cecilia López cuando dijo “me enfurece que los países en desarrollo adoptemos el discurso de los países ricos que nos están exigiendo exactamente lo que ellos no hicieron”, y la sigue teniendo. 

rsilver2@aol.com