La seguridad energética para los
colombianos.
Ese es el tema que analiza Amylkar Acosta y
que socializamos por el RadaR con mucho gusto.
®luisemilioradaconrado
@radareconomico1
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LA SEGURIDAD ENERGÉTICA
Amylkar D. Acosta M

El anterior gobierno de Iván Duque estableció un derrotero de la
Transición energética mediante el documento CONPES 4075 de 2022, el cual tuvo como insumo las recomendaciones de la Misión de
Transformación energética que
se conformó en 2019, cuyo Informe se conoció un año después.
Indudablemente
el banderazo en la grilla de partida de la Transición energética se la dio
la expedición de la Ley 1715 de 2014, al dar paso a las primeras subastas de FNCER.
Posteriormente la Ley 2099 de 2021 amplió su alcance y el espectro de
sus beneficios, desplegando el abanico de las renovables, extendiéndoselos a
la eficiencia energética, a la captura de CO2, así como al almacenamiento
de energía a gran escala.
La administración Petro ha querido ponerle su propia impronta a la
Transición energética, priorizando su “enfoque social”, habiendo sido este uno de
los principales ejes de su programa de gobierno y busca también darle mayor
celeridad a la misma.
Desde Egipto, en donde se adelanta la 27ª Conferencia de las
partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático, la
Ministra de Minas y Energía Irene Vélez presentó el cronograma que le permitirá al
actual gobierno darle al país, a través de un “diálogo social” que tomará seis
meses, la nueva “Hoja de ruta de la Transición energética justa en Colombia”.
Colombia, como el resto del mundo tiene una matriz energética en la que predominan, con el 66% las fuentes de energía de origen fósil (carbón,
petróleo y gas natural). Se impone, entonces la necesidad de reducir su consumo y
el camino es la electrificación de la economía, pero como ello no se va a lograr
de la noche a la mañana hay que mejorar la calidad de los combustibles que consume el
parque automotor, como lo viene haciendo Colombia con la mezcla de los
biocombustibles y con el uso del gas vehicular, que es menos contaminante que la
gasolina -motor.

Ello es muy importante, habida cuenta que el parque automotor es responsable
del 12% de las emisiones de gases de efecto invernadero, amén de las de
material particulado que contaminan el medioambiente. Huelga decir que el
porcentaje de las mezclas de los biocombustibles, así como la sustitución de la
gasolina – motor por gas natural contribuyen a la seguridad energética del país, toda vez
que reducen los volúmenes de importación de combustibles. Y de contera, es
importante resaltar que en la medida que los cultivos de caña y palma, para producir la
materia prima de los mismos, amplían la frontera agrícola, impulsando el sector
agrícola, en el cual participa con el 5.8% y contribuyendo de esta manera a la
diversificación de la economía, sin la cual la Transición energética será inviable e insostenible
en nuestro país.
Respecto a los hidrocarburos advierte el reputado ambientalista,
consultor del PNUD y profesor Juan Pablo Ruiz que “si limitamos la oferta nacional de hidrocarburos porque no seguimos buscando petróleo y gas, sin reducir
antes su demanda, en un futuro cercano (ocho a doce años) tendremos que importar hidrocarburos”. Además, la demanda por petróleo en el mundo, según la
Agencia internacional de energía (AIE) sólo se aplanará a partir del 2030 y bien
dijo Keynes que toda demanda crea su propia oferta, de manera que si Colombia lo
dejara de producir y exportar serán otros países, sus competidores, los que
satisfarán esa demanda.

Así de claro.
Por ello podemos decir de los hidrocarburos que
es preferible tenerlos y no necesitarlos que necesitarlos y no tenerlos y
peor que depender de los hidrocarburos, como efecto dependemos, es depender de su importación.
En cuanto a la matriz eléctrica de Colombia es muy diferente en su
composición con respecto al resto del mundo, ya que la generación térmica participa
sólo con el 30%, lo cual contrasta con el 64.9% a nivel mundial. Ello explica que
mientras a nivel global el sector energético contribuye con el 73.5% de las
emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), causantes del Cambio climático, en Colombia
sólo contribuye con el 31% y sólo 5 puntos porcentuales por cuenta de la
generación de la generación y uso de la electricidad.
Desde luego, un componente fundamental de la hoja de ruta de la
Transición en Colombia es la integración de las fuentes no convencionales de energías
no renovables (FNCER) a la matriz, porque, además de contribuir a la
reducción de las emisiones de GEI, la robustece y diversifica aún más, pero sobre todo
porque la torna más resiliente frente al Cambio climático, dada su vulnerabilidad
por depender la capacidad instalada de generación en una gran proporción del
recurso hídrico. La complementariedad y el respaldo recíproco entre las FNCER y
las fuentes convencionales son claves para la seguridad energética del país.

Esta es una de las lecciones aprendidas de la gran crisis energética que sacude a
los países que integran la Unión Europea (UE): que la Transición energética no debe
poner en riesgo la seguridad energética.
Por ello, vemos con preocupación que el atraso ostensible de la
ejecución del proyecto de HIDROITUANGO y la entrada de los parques eólicos en La
Guajira, que sumados representan el 27% de la demanda de energía, además de
estresar el sistema y presionar al alza los precios y por ende las tarifas de
energía, como los han venido presionando, están poniendo en riesgo la firmeza y
confiabilidad de la prestación de este servicio, abocándonos, de presentarse el fenómeno de
El Niño, que no se descarta, a un racionamiento de energía hacia los años 2024 -
2025.