martes, 2 de mayo de 2017

HISTORIAS SOBRE SÍMBOLOS DEL CARNAVAL, GANADORAS DEL PREMIO MCCAUSLAND PROMIGAS

Me complace que se reconozca el trabajo de los comunicadores, especialmente, por quienes escriben sus historias con buena letra.
Si yo estoy contento, ¿qué creen que puede estar pasando por los corazones de los galardonados y sus familias?

Resaltamos esta quinta versión del Premio de Periodismo Promigas a la Mejor Crónica de Carnaval "Ernesto McCausland Sojo", aquí en el RADAR...

Uno de los que se goza esto, es precisamente, Antonio Celia, el presidente de Promigas, quien aparece con José Caparroso uno de los nuevos cronistas, y Edgar Rey Sinning.
 
RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
HISTORIAS SOBRE SÍMBOLOS DEL CARNAVAL,
GANADORAS DEL PREMIO MCCAUSLAND PROMIGAS
 
premio ernesto5-Antonio Celia-Jose Caparroso-Edgar Rey
Antonio Celia, Presidente de Promigas; José Caparroso, Ganador en la categoría “Nuevos Cronistas” y Edgar Rey Sinning, Jurado.
 
 
En su quinta versión el Premio de Periodismo Promigas a la Mejor Crónica de Carnaval  ‘Ernesto McCausland Sojo’ entregó reconocimientos a siete trabajos periodísticos que se destacaron por su esfuerzo investigativo, uso del lenguaje y que narran valiosas historias de artistas, disfraces y personajes que hacen parte de la tradición del Carnaval de Barranquilla.
 
La velada de premiación, realizada en el Salón Sapán del Hotel Movich Buró 51, estuvo presidida por Carla Celia, directora de Carnaval de Barranquilla S.A.S.; Carlos Montoya, en representación de la Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo;  Antonio Celia, presidente de Promigas, organización aliada del Premio; y la familia del gran cronista del Carnaval, Ernesto McCausland, cuyo legado homenajeamos en esta ceremonia.

Los ganadores recibieron tres millones de pesos cada uno y la estatuilla ‘El Torito’, imagen del Carnaval de Barranquilla.
 
Para esta versión del premio se postularon 53 trabajos periodísticos de medios locales, regionales y nacionales. El jurado estuvo conformado por destacados periodistas de orden nacional, que decidieron como ganadores:  
 
En la modalidad Prensa Escrita y Digital, los destacados periodistas Luis Carlos Vélez y Alberto Martínez, y el Doctor en Literatura Cristo Figueroa, escogieron a: Javier Franco Altamar, con la crónica ‘Nostalgia por un fantasma de colores’, publicada en el periódico El Tiempo.

El premio a la mejor crónica Digital lo obtuvo ‘Un Carnaval con el disfraz de ‘La abandoná’, presentado por Carlos Polo Tovar en el portal web La Cháchara.
 
En la modalidad Radio y Televisión, el jurado estuvo conformado por los periodistas Claudia Palacios y Felipe Arias, quienes escogieron como ganadores a: Fausto Pérez Villarreal con su crónica ‘Nelson Pinedo, carnavalero en tono mayor’, emitida por la Emisora Comunitaria Voces 89.4 FM de Santa Marta. En Televisión, el jurado escogió la crónica ‘La tambora está viva’.
 
En la categoría Mejor Fotografía publicada en prensa escrita, el jurado conformado por los reporteros gráficos Inaldo Pérez y Henry Agudelo, decidieron por unanimidad como ganadora la fotografía titulada ‘Gasolina para el cuerpo, fuego para el alma’, del reportero gráfico de El Heraldo Jesús Rico.
 
En las categorías Nuevos Cronistas (Estudiantes) y Mejor Crónica Colaborador Habitual en prensa escrita, el jurado estuvo integrado por Argemiro Cortés y Édgar Rey Sinning. Como ganador en Nuevos Cronistas designaron a: ‘¿Quién es ‘Joselito’, el muerto que Barranquilla llora en su Carnaval?’, presentada por José Caparroso, estudiante de la Escuela de Periodismo Multimedia El Tiempo, y publicada en el periódico El Tiempo.
 
Por otro lado, el periodista e historiador Libardo Barros, obtuvo el premio como Mejor Colaborador Habitual en Prensa, con su trabajo ‘Mujeres durante cuatro días’, publicado en el portal web La Silla Caribe.
 
Los trabajos periodísticos ganadores y más información de esta y anteriores versiones del premio se pueden consultar ingresando a www.carnavaldebarranquilla.org
 
 
Gerencia de Comunicaciones Corporativas
paola.salazar@promigas.com/michelle.abuchaibe@promigas.com

PAOLA SALAZAR
GERENTE DE COMUNICACIONES CORPORATIVAS

PROMIGAS
TELÉFONO +575 3713223
CELULAR +57 313 538 0398
Calle 66 # 67 - 123 - Barranquilla – Colombia

lunes, 1 de mayo de 2017

El festín de la corrupción: todo se compra y todo se vende Por: JUAN GOSSAÍN



¿A casi todos nos cogió la corrupción?
¿A quién vamos a elegir?

Juan está preocupado, igual nosotros…

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1

El festín de la corrupción: todo se compra y todo se vende
Por: JUAN GOSSAÍN 

El país se nos ‘odebrechtizó’. Perdónenme ustedes el abrupto verbo, que parece tan rebuscado, pero en este momento no encuentro ninguno más elocuente para describir lo que está pasando en Colombia.
La corrupción crece como una llamarada que nadie puede controlar, la maldad campea, los escándalos son peores cada día.

Todo se compra y todo se vende, desde los contratos hasta las conciencias, pasando por las campañas electorales. Y la gente sigue repitiendo, como si fuera la cosa más natural del mundo, que ‘el vivo vive del bobo’. Aquí creemos que ser ‘vivo’ es lo mismo que ser ladrón y que un hombre honrado es un ‘bobo’ porque no toca lo ajeno.

Y, como si fuera poco, todavía se repite frescamente que ‘por la plata baila el perro’. ¿De qué nos quejamos, entonces?
Lo más grave de todo este relajo moral es que, según parece, a los colombianos nos están saliendo callos en el alma. Da la impresión de que ya nada nos conmueve ni nos indigna, y que nos hemos acostumbrado a que la perversión sea nuestro estado natural. Nos estamos hundiendo en un pantano de podredumbre y es como si no pasara nada. El país huele a pestilencia por las cuatro costuras, que son sus cuatro costados. Esto se ha vuelto un estercolero. Hiede. Duele decirlo, pero hiede

En medio de estas vísperas electorales, y mientras nos preparamos para escoger presidente y congresistas, yo quiero hacerles a ustedes una preguntica suelta: ¿a quiénes vamos a elegir? 

¿A los mismos de Reficar, a los mismos de la Autopista del Sol, a los mismos de la navegación por el río Magdalena, a los mismos que están quebrando el sistema de salud, a los mismos que se robaron la plata para la comida de los estudiantes pobres, a los que fueron financiados por Odebrecht, a los que saquean los recursos destinados a los enfermos de cáncer?

Ustedes tienen la palabra.

La hora de la verdad ha llegado.

¿Puertos, regreso al pasado? Por: Gabriel Silva Luján



El mundo está cambiando.
Están cambiando los negocios.
Y en el caso del gobierno colombiano y el sector empresarial tienen un reto importantísimo: se espera que el sector portuario se acomode nacional e internacionalmente, pues la competencia está en la primera fila.

La columna de Gabriel Silva nos puede servir mucho.

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
 
¿Puertos, regreso al pasado?
Gobierno debe facilitar las decisiones de inversión, tecnología e infraestructura para los puertos.

01 de mayo 2017, 04:36 a.m.
Ya nadie recuerda a Colpuertos. Fue el símbolo de una era en la que el tráfico marítimo del país estaba en manos de monopolios estatales y de sindicatos obstruccionistas. Nada mejor para mantener la economía de espaldas al mundo que unos puertos atrasados que se demoraban días para descargar un buque.
La productividad de los puertos colombianos no era muy diferente a la que se veía en el siglo XIX. A la economía le costaba esa situación más de mil millones de dólares al año. Hasta que el presidente Gaviria le apostó a la privatización de los servicios portuarios. Esos cambios transformaron la productividad, la eficiencia y la competitividad del país.

Esa revolución portuaria le ha significado al país innumerables ventajas: reducción de fletes, tiempos competitivos de cargue y descargue, incremento de los volúmenes de comercio exterior, disminución de costos a los sectores productivos, desarrollo regional... Sin embargo, ese paradigma se encuentra en crisis ante las nuevas tendencias que están transformando estructuralmente la industria portuaria.

Revisando la literatura sobre el tema se identifican una serie de tendencias que están poniendo a los puertos colombianos bajo condiciones de alta vulnerabilidad y en severo estrés (Cepal, ‘Reflexiones sobre el futuro de los puertos’. Sánchez y Mouftier, 2016, entre otros). La ampliación del canal de Panamá ha creado una demanda de servicios portuarios muy diferente a la del pasado. Se ha despertado un apetito generalizado en la cuenca del Caribe, Centroamérica y el Golfo de México por las inversiones portuarias. La construcción de nuevos puertos y la modernización de los existentes en otros países es ya una realidad. Esto obliga a los puertos colombianos a invertir o que otros destinos se tomen su mercado.

La consolidación de una tendencia mundial hacia los megabuques de contenedores es otro factor que modifica estructuralmente la situación para nuestros puertos. 

Quien no se adapte a recibir esos barcos gigantes va a perecer. La capacidad promedio de los buques de contenedores creció, entre 1996 y 2015, en 90 por ciento. Acomodar esas dimensiones cada vez mayores exige modificar la infraestructura de acceso y de atraque, además obliga a manejar intensos picos de descargue con su impacto en costos. Esas inversiones son indispensables si no queremos regresar a la obsolescencia portuaria.

Según Yvo Saanen, experto en la materia, la adaptación de los puertos a los megabuques incrementará los costos operacionales en 17 por ciento y la inversión en equipos para adaptarse sería del orden de 35 a 75 millones de dólares por posición. El Gobierno debe facilitar las ineludibles decisiones de inversión, tecnología e infraestructura que necesitan los puertos para poder mantenerse a flote.
 

Las grandes navieras del mundo se están integrando globalmente e ingresando en el negocio de puertos. Como si fuera poco, no solo se va a intensificar la competencia entre facilidades portuarias en el Caribe y en el Pacífico, sino que también tendrán nuestros puertos que vérselas con los gigantes de la industria.
Los márgenes de rentabilidad se están comprimiendo al extremo. La viabilidad de la industria portuaria exige un nuevo paradigma de políticas públicas. Un Estado que entienda que económica y geopolíticamente tener puertos fuertes es estratégico y que además contribuya a asimilar las ya irreversibles realidades. De lo contrario, los puertos colombianos entrarán en una nueva era de decadencia.