lunes, 4 de julio de 2011

Seguridad de Barranquilla: prioridad en la campaña de Elsa Noguera

La inseguridad que se viene presentando en varias de Colombia, incluída Barranquilla, la capital del Departamento del Atlántico, se abordó el fin de semana en una mesa de trabajo que pretende lograr que vuelva la tranquilidad a los hogares y a las calles de la ciudad.

LuisEmilioRadaC

La seguridad ocupa un espacio importante de mi agenda programática: Elsa Noguera


*La aspirante a la Alcaldía escuchó los puntos de vista de los asistentes a la mesa de trabajo sobre el tema, así como los del consultor internacional Hugo Acero.


*Entre las estrategias contra la inseguridad menciona el fortalecimiento de la Policía, apoyo a la justicia y trabajo con las comunidades.






BARRANQUILLA. Dar aplicabilidad a todas las variables del Plan Integral de Seguridad del Distrito, fortalecer la Policía, hacer mayor inversión social, trabajar preventivamente con los jóvenes, promover el trabajo articulado con los diferentes organismos de seguridad y de justicia, así como construir espacios sociourbanos seguros, son algunos de los aspectos que ha asumido como compromiso la aspirante a la Alcaldía de Barranquilla para el período 2012-2015, Elsa Noguera.


Los planteamientos fueron hechos por la candidata en el marco de la mesa de trabajo sobre convivencia, seguridad y justicia, cumplida el fin de semana y cuyos resultados servirán para alimentar el contenido de su documento de visión de ciudad. Dicha actividad contó además con la participación del consultor internacional sobre estos temas, Hugo Acero.

Aseguró Elsa Noguera que la seguridad será una prioridad dentro de su agenda. Considera que es necesario fortalecer temas como la institucionalidad y capacidad operativa de la Policía, hacer un trabajo preventivo invirtiendo en los jóvenes mediante un plan de educación integral y adecuados ambientes familiares.


De la misma forma, se compromete a ampliar la cobertura en los planteles para que todos los niños vayan a la escuela; dice que seguirá invirtiendo en infraestructura, lo que se traducirá en una percepción de mayor seguridad, que intervendrá las zonas de la ciudad que hoy son consideradas como focos de inseguridad. "Queremos que Barranquilla pase del miedo a la tranquilidad", aseguró la aspirante a la Alcaldía por Cambio Radical.


Aseguró que lo más importante es que la ciudad ya tiene el diagnóstico sobre la inseguridad, y las acciones que se acometan no se van a iniciar desde cero. Por eso dijo que se van a seguir haciendo inversiones pero invitó a la comunidad a que haga su aporte, porque es con su concurso como se puede tener éxito frente a la delincuencia." Solo la comunidad puede garantizar que los barrios se conviertan en espacios seguros", dijo.


En su opinión ya la Policía tiene herramientas que le permiten algunas facilidades para trabajar y por esa razón es que se requiere comenzar a medir los tiempos de respuesta de sus miembros.
Se refirió también a los esfuerzos que hará para dotar a la ciudad de laboratorios de criminalística para que los jueces no vean perdidos sus esfuerzos cada vez que un delincuente queda libre por deficiencias en el desarrollo de los procesos.


En su intervención el consultor Hugo Acero plantea la necesidad de que el Estado se acerque más a la gente, que llegue a los barrios con calles limpias, vías pavimentadas, alumbrado público, salud y educación. Piensa que hay que construir sobre lo construido y seguir con el proceso de transformación que trae la actual administración.


Considera que la Alcaldía debe fortalecer los planes de Policía del cuadrante y trabajar en equipo con las distintas instituciones; fortalecer las Comisarías de Familia para atender la violencia intrafamiliar.


Piensa de la misma forma que la Policía debe operar donde esté el problema, donde se le necesite.
Hubo también aportes importantes en la mesa, como los de la exdirectora seccional de Fiscalía, Mercedes Navarro, quien opina que es necesario articular los esfuerzos de la autoridad judicial con los de la Policía y la autoridad administrativa, sobre la base de que el diagnóstico sobre la seguridad ya existe, y de que solo hace falta capacidad de reacción.


Señala que instituciones como la Defensa Civil, la red hospitalaria, la Policía, el Bienestar y las redes de apoyo deben estar juntas en un solo lugar, trabajando las 24 horas, pero que en este momento no existe ese enlace.

domingo, 3 de julio de 2011

Lisímaco: una canción y 44 balazos


El colega, Luis Oñate Gámez, quien se goza el folclor vallenato, envió esto para las redes periodisticas que funcionan en la Región Caribe y quiero socializarlo... Entre otras cosas, le tengo un libro a Luis... en cualquier momento llega a su sede en Santa Marta.

LuisEmilioRadaC

Agradeciendo al colega Guillermo León Puello el habernos permitido degustar este trabajo histórico-folclórico realizado por Freddy González Zubiría. Es una pieza importante de una época que para bien o para mal enmarcó mucho a la región, sobre todo al llamado Magdalena Grande. Aunque aquí se aclaran algunos de los aspectos que inspiraron a Hernando Marín para plasmar esta crónica musical, y a pesar de los grandes éxitos que tuvo y tiene la canción, considerada como uno de los clásicos del vallenato, esto no creo que sea obice para que muchos sociólogos y "vallenatólogos" la dejen de enmarcar como un tema de corte machista.



Un abrazo.


Luis Oñate Gámez.

Lisímaco: una canción y 44 balazos




Buena parte de las canciones vallenatas consideradas como clásicas narran vivencias, pasajes y anécdotas, o son manifestaciones de amor o de nostalgia. En síntesis, las letras son inspiradas por sucesos o sentimientos pasados o presentes. Los compositores convierten en personajes populares a sus amadas, amigos y compadres, quienes inspiran al artista. Muchas veces por fortuna la melodía es premiada con el éxito.

La Locura


La relación del homenajeado y la canción, es de orgullo y gratitud pues significa su ingreso al universo creativo del compositor el cual inmortaliza su nombre en el canto. Es el caso, por ejemplo, del tema “Lluvia de Verano” de la autoría del maestro Hernando Marín Lacouture, inspirada y dedicada a su amigo Lisímaco Peralta, el cual marcaría el destino de su protagonista.
En mayo de 1978 se lanza el álbum La Locura, grabado por el entonces joven cantante guajiro Diomedes Díaz, quien frisaba los 21 años, acompañado en el acordeón por su paisano Juancho Rois, dos años menor que él. Ninguno de los dos jóvenes talentos intuía la magnitud del éxito que alcanzaría un trabajo musical que a la postre los consagraría como grandes del folclor.


El acordeón con que interpretó Rois aquellas melodías ni siquiera él mismo pudo repetirlo en otros discos. Una posible influencia del sacerdote capuchino italiano Hilario de Pescosolido, conocedor de música sacra y experto en acordeón piano y armonio, con el que Juancho tomó clases a su paso por el colegio La Divina Pastora de Riohacha, puede explicar la singular evocación barroca en temas como “Acompáñame” y “ El alma en un acordeón”. El álbum aún hoy es considerado un hito dentro de la música vallenata. Siete de los doce temas del LP se convirtieron en éxito inmediato: “Acompáñame”, “La Piedrecita”, “El Alma en un acordeón”, “Vendo el Alma”, “Lo más bonito”, “Sol y Luna” y, por supuesto, “Lluvia de Verano”.La locura fue el nombre más apropiado para el disco, no sólo porque musicalmente constituía un derroche de talento incomparable, sino porque reflejaba acertadamente la convulsa época que se vivía en La Guajira. Y es que en 1978 se iba a producir la más grande cosecha de marihuana de toda la bonanza: Las 75.000 hectáreas de cannabis sativa sembradas en la Sierra Nevada (en la parte guajira) simulaban un inmenso delantal.


El cultivo y exportación de marihuana se habían convertido en el mayor generador de empleo rural y urbano en la media guajira y parte del sur del departamento. El campesino emocionado recibía montones de dinero que nunca hubiesen llegado a sus manos sembrando yuca o plátano. Era la locura. Así mismo, la alta capacidad adquisitiva impulsó el armamentismo civil, en una tierra donde la tenencia de armas hacía parte de una larga tradición para la custodia del honor. Las armas facilitaron que los pequeños conflictos, que anteriormente se resolvían con el diálogo de los mayores, ahora terminaran en tiroteos con saldo de muertos y heridos. Era la locura.

Entre los miles de jóvenes campesinos que se engancharon en el negocio de la marihuana figuraba Lisímaco Antonio Peralta Pinedo, nacido en 1947 en el desaparecido caserío de Guacaraca, jurisdicción del corregimiento de Las Flores, municipio de Riohacha en la época. Hijo de Luis Rafael Peralta Moscote y María Pinedo Gil, ejerció diversos oficios desde jornalero hasta conductor de camioncitos, volquetas y taxis, empujado por la pobreza.


A mediados de los años setenta Lisímaco, al enterarse de las ganancias que producía la marihuana, decidió meterse al negocio, primero como transportador de las fincas a los puertos y pistas de aterrizaje clandestinas y luego como comprador de cosechas que él mismo embarcaba. De esa forma hizo una pequeña fortuna, invirtió en propiedades y se estableció en Santa Marta.


Por esa época conoció a Hernando Marín, famoso juglar del folclor vallenato, bohemio y aventurero, a quien invitó a finales de 1977 a una parranda en su casa en Santa Marta. Luego de tres días de whisky, Lisímaco convidó al compositor a que lo acompañara a La Guajira a ojear una caleta de marihuana que estaba próxima a embarcarse. En medio del monte guajiro, sentados sobre pacas de yerba, Lisímaco Peralta le narró a Hernando Marín la historia de su vida, la pobreza que golpeó a su familia, y las dificultades y penurias que lo acompañaron por muchos años, hasta que por fin, gracias a la marihuana, había logrado cambiar de situación. También le contó de sus sueños de infancia y de sus triunfos y derrotas amorosas. El artista, conmovido por el relato, le tarareó los primeros versos de aquella canción, que se convertiría en todo un clásico de la música vallenata.

Ya no tengo ni penas ni


sufrimientos/


ya se fueron como el viento


huracanado/


y las penas que me ardían dentro


del pecho/


de penas y sufrimientos se


acabaron/


ya no quedan ni siquiera los


recuerdos/


y si llegan, ya son lluvias de verano.
Al día siguiente, luego de dar las últimas instrucciones a los vigilantes de la caleta, viajaron hasta Las Flores, el pueblo de Lisímaco, y se alojaron en la casa de su suegra, Inés Toro. Hernando Marín, por la amistad que habían cultivado y cortado por el guayabo y el hambre luego del largo viaje, se sintió atraído por el delicioso olor de guiso que salía de una inmensa olla. Se acercó a la estufa y quitó la tapa para cerciorarse de lo que su olfato le indicaba, cuando fue sorprendido por la dueña de casa Inés Toro quien le dice: – ¡Suelte esa tapa! El músico sorprendido le dijo – ¿Doña, no sabe quién soy yo?– ¡Usted puede ser quien sea, pero a mí no me gusta que me neceen las ollas! Sin argumentos, Hernando Marín sonrió, tapó de nuevo la olla y siguió para el patio. Ya sentado en una butaca, siempre alegre y bonachón, el maestro le pidió a doña Inés que escuchara unos versos que le había compuesto a su yerno, y le cantó el coro.

Porque fuiste como lluvia de


verano./


Y al que le pique, que le pique,


por mí, que se siga rascando.

En marzo de 1978 Hernando Marín regresó a Las Flores y le anunció a Lisímaco Peralta que su canción sería grabada por Diomedes Díaz y Juancho Rois. Inmediatamente se armó la parranda en el quiosco de Reyes Corina, y Marín cantó la versión definitiva de “Lluvia de Verano”.


Las lluvias del verano no son


frecuentes/


son carrizos que refleja el tiempo


malo/


y si vuelve una de las que me


dejaron/


reconcilio porque no soy valiente


que no digan las mujeres que soy


malo/


malas ellas que buscan su mala


suerte


En menos de quince días el álbum La Locura sonaba a todo volumen en los equipos de sonido, pasacintas y pickups del Caribe colombiano y en las grabadoras de los estudiantes costeños de Bogotá, quienes vivían en cofradías en los barrios Palermo, Teusaquillo, Sears (hoy Galerías) y Campin. El tema “Lluvia de Verano” fue el más popular, y era cantado a todo pulmón por jóvenes y viejos mañana, tarde y noche.

Aprendí en el diccionario de la


vida/


a conocer la mentira de la gente


menos mal que yo he sido un


hombre valiente/


que aunque sangre no me duelen


las heridas/


porque tengo mi experiencia


conseguida/


mantendré siempre levantada la


frente

La melodía se convirtió en un canto épico del guajiro y del costeño victorioso. En La Guajira y el Magdalena era el himno del marimbero triunfante, de aquél campesino que zafó a la pobreza o del urbano que había pasado de ser un varado a “tener la tula”. En Bogotá y Barranquilla era canto de quienes habían logrado estudiar un bachillerato o una universidad, hijos de los comerciantes de Maicao, los ganaderos del sur del departamento y del Cesar o de los funcionarios y pequeños comerciantes de Riohacha.


Canto, rio, sueño y vivo alegre


Al que le duela que le duela


Si se queja es porque le duele


“Lluvia de Verano” de alguna manera, exaltaba el fin del ostracismo guajiro que a su vez se convirtió en una peculiar presentación ante la sociedad colombiana por sus variantes extremas; la amable, representada por el mejoramiento de la calidad de vida de unos, reflejada en el acceso a la academia y la difusión de su música, y la amarga, expresada en el vendaval de violencia extrema que se vivió. Esta última de dos orígenes, la de las guerras intrafamiliares y la violencia gratuita, producto de la arrogancia y la intolerancia, alimentada por el frenesí del dinero fácil y agravada por la aparición en escena de algunos psicóticos que deliraban por disparar los cuales llenarían de luto la península y parte de la costa.
La gente, especialmente la nueva generación, entonaba alegre la canción y repetía el nombre Lisímaco Peralta sin saber quién era el ahora famoso personaje. Para la mayoría era un hombre que aburrido de una situación difícil, presuntuosamente “cambió de comedero”. Reflexiones perversas afirmaban que “el comedero” era una mujer, pero no, “el comedero” era el hogar de la mujer, la novia o la amante, dónde él llegaba a veces a desayunar, a veces a almorzar y a veces a cenar. Para la mujer guajira, sea esposa, mujer, novia o amante, es muy importante que su hombre


se alimente en casa y por eso se esmera en preparar ella misma los alimentos. La ruptura de la relación produce una pérdida sentimental y lleva en consecuencia a un cambio de comedero. Y es que quien pierde a una mujer también pierde su sazón.


Tengo talla de hombre mujeriego


como Lisímaco Peralta


voy a cambiar de comedero


Lisímaco Peralta estaba feliz con su canción, pero no había tenido la oportunidad de escucharla en  vivo, ejecutada por sus intérpretes. Las presentaciones de Diomedes y Juancho siempre se cruzaban con sus ocupaciones; cada vez que se proponía viajar a Valledupar o a Barranquilla, algo surgía: un inconveniente en el negocio, un enfermo en la familia o una visita inesperada. Era como si el destino no quisiera que los músicos se encontraran con el agraciado.Un viaje sin retorno


En La Guajira y el Magdalena había preocupación por la cosecha de 1978; sabían de la presión que ejercía el gobierno de los Estados Unidos contra el cultivo y la exportación de marihuana a través de la fuerza pública, incluido el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Pero además, tenían presente que el gobierno de Alfonso López Michelsen tocaba a su fin y la política del nuevo presidente era una incógnita.


Lisímaco Peralta estaba intranquilo, el envío del embarque que lo convertiría en un nuevo rico se había retrasado. El buque que debía partir del puerto de Santa Marta hacia una playa de La Guajira a recoger la mercancía el 29 de julio tenía un desperfecto en el motor y su reparación tardaría algunos días. Decidió viajar entonces con uno de sus socios a la finca a poner al tanto de la situación a los vigilantes de la caleta para que no se impacientaran. Estaba nervioso, su plan era hacer el envío grande antes de la posesión del nuevo presidente, porque después cualquier cosa podía pasar. El 5 de agosto madrugó para la península, le comentó la novedad a los vigilantes y les dejó un buen mercado y abastos para una semana más.


Al tomar la troncal del Caribe de nuevo y ver en la vía el aviso que anunciaba la cercanía de su pueblo, le pidió a su socio, que entraran unos minutos para saludar a la familia. Al llegar a Las Flores se dio de cara con Adalcímenes Brito quien lo recibió con estas palabras: -Compadre, llegó como caído del cielo, hoy se presentan aquí Diomedes Díaz y Juancho Rois. -¡Cómo va a ser!- le dijo sorprendido Lisímaco. -Sí -agregó Adalcímenes- el dos cumplí años, y hoy cinco cumple mi compadre Ildefonso Pimienta, y nos pusimos de acuerdo para hacer una sola fiesta. -Compadre, voy de paso, madrugué pa’ Pénjamo y ya voy de regreso a Santa Marta, no traje ni ropa. –le contestó Lisímaco. -La ropa no es problema, yo le presto -le ripostó el compadre. -Está bien -cedió rápido Lisímaco, sin ofrecer mucha resistencia por el deseo frustrado de escuchar su canción en la voz de Diomedes Díaz. Se bajó del carro y le pidió al socio que lo viniera a buscar a primera hora del día siguiente.


En efecto, Adalcímenes Brito e Ildefonso Pimienta habían acordado hacer una sola fiesta, que pagarían entre ambos. Dos días atrás habían contratado la agrupación de Diomedes Díaz y Juancho Rois en Riohacha, cuando amenizaba en la capital del departamento el matrimonio de Danis Brito Rosado, oriundo también de Las Flores. El festejo sería en ‘Salsipuedes’, una casa que usualmente arrendaban en el pueblo para fiestas privadas o casetas.


Los cumplimentados invitaron a todo el pueblo, familia, amigos y conocidos. Entre ellos a Reyes y Juanito Guerra, dos hermanos que mantenían resquemores con Lisímaco, por motivos que se desconocían. Algunas versiones sostienen que ello obedecía a que Lisímaco, supuestamente, le prestaba su vehículo a Marcos López en Santa Marta, un florero residente en esa ciudad, enemigo de los Guerra. Otras voces niegan el hecho y aseguran que todo fue producto de un malentendido: el carro de Lisímaco Peralta era de la misma marca, modelo y color que el de Marcos López, una camioneta Dodge 300 negra, con la diferencia de que la de éste último era blindada. También se decía que la inquina entre ellos tenía que ver con una mujer, pariente de los Guerra. Lo cierto es que la inconformidad de Reyes y Juanito con Lisímaco afloró esa noche del 5 de agosto de 1978. El origen real de la pugna nunca se supo. Lo grave es que en ese tiempo los problemas se resolvían a tiros.


Por esos años Las Flores no gozaba del servicio de energía eléctrica. Y la del 5 de agosto era una noche oscura, sin luna, una verdadera boca de lobo. Los lugareños consiguieron una planta eléctrica o motor, como dicen en la zona, para suministrar energía a ‘Salsipuedes’. Hacía las 7 de la noche comenzó la fiesta; la gente se volcó a la casa de la calle 6, aglutinándose en el patio, en la sala y en la calle. La curiosidad por conocer a Diomedes y Juancho era general. Los músicos se ubicaron al final del patio en una pequeña e improvisada tarima.


Ildefonso Pimienta presentó a Lisímaco Peralta con Diomedes Díaz. Se dieron un fuerte abrazo como compadres de toda la vida. -¡El famoso Lisímaco Peralta!,- le dijo el Cacique de la Junta. -Soy famoso gracias a ti.- le contestó sonriendo Lisímaco. -Será gracias al compadre Hernando Marín- le recordó Diomedes. Se sentaron y brindaron con una Rois, como siempre, permanecía callado y solo se reía de los chistes y comentarios necios que se hacían.


“Salsipuedes”


La agrupación abrió su presentación con “Lluvia de Verano” y fue la locura, todos se levantaron a hacer palmas y cantar en coro. A Lisímaco se le aguaron los ojos de la emoción; en milésimas de segundos por su mente pasó su vida, su infancia de campesino, su juventud como conductor, sus dificultades, su pobreza y su primer “corone”. Le parecía increíble, ver y escuchar a Diomedes Díaz y a Juancho Rois en su pueblo, era algo reamente mágico. Al terminar la primera tanda, radiante y conmovido, los contrató para su cumpleaños de la próxima semana, el 12 de agosto. Les pidió que no se comprometieran por tres días y les ofreció como regalo una camioneta último modelo.


La fiesta continúo; el conjunto interpretaba cada una de las canciones del disco, convertidas en éxitos rotundos. A esas alturas ya Lisímaco había discutido dos veces con Juanito Guerra, quien insistía en el reclamo -Hoy te voy a matar- le dijo la primera vez. Lisímaco, inocente del infierno que estaba creciendo dentro de Juanito, pensó que estaba mamando gallo y contestó con una sonrisa. -¡Ve Juanito, deja de estar hablando locuras!-


Una hora después se le acerca de nuevo y le dice -Hoy te voy a matar.- Lisímaco, desprevenido y sonriente, le comentó a los dos amigos que tenía a su lado -A Juanito qué le pasa, es la segunda vez que me dice que hoy me va a matar.- Lisímaco y sus amigos se rieron, no creyeron en las palabras de Juanito Reyes, les parecía absurdo que los Guerra hablaran en serio; se suponía que aquella era una fiesta de amigos.


En esa época era normal que los hombres en La Guajira portaran armas. En los pueblos de la troncal del Caribe como Las Flores, La Punta y Dibulla se miraba como bicho raro a quien no portara un arma en su bolsillo o en su cinto. Esa noche en Las Flores, con la excepción de los cumplimentados, todos cargaban armas, motivo adicional para disuadir a cualquiera de hacer uso de ellas. El último tema de la segunda tanda de Diomedes y Juancho fue nuevamente “Lluvia de Verano”, todos seguían con palmas la canción, Lisímaco se levantó de la mesa y alzó los brazos: “Canto, rio, sueño y vivo alegre, al que le duela que le duela, si se queja es porque le duele”, coreaba con el Cacique de La Junta. Era su día, era su canto, y la próxima semana el embarque que lo convertiría en millonario partía con rumbo norte; era su triunfo.


Al final de la tanda algunos de los presentes pidieron al “picotero” que colocara algo de salsa. Empezó a sonar “El cocinero mayor” de Fruko y sus tesos. Los salseros incógnitos salieron al ruedo: Ismael Galván, Adalcímenes Brito, José Bermúdez, “patoco”, y Estivin Mendoza; se improvisó un concurso de baile y la gente se apiñó en la sala a ver el espontaneo espectáculo.


A la 1 y 10 Sidis Mendoza, la cuñada de Lisímaco, llegó a buscarlo. Le dijo con inusitada angustia, como si presintiera algo -Lisímaco, me dijiste que te viniera a buscar a la una porque venían temprano por él, vamos para que te acuestes,- le dijo la mujer. Lisímaco se quedó mirándola pensativo, y sonriente le contestó -No te preocupes, anda tú que en 15 minutos estoy allá, dile a tu mamá que ya voy.- Sidis se marchó.


A la 1 y 20 de la madrugada, el conjunto vallenato se aprestaba a dar comienzo a la tercera tanda, y mientras la mayoría de los asistentes estaban felices, gozándose la fiesta, los hermanos Guerra seguían inquietos y belicosos. Nuevamente Reyes se le acercó a Lisímaco a amenazarlo y éste con la paciencia colmada le contestó: -Bueno, tú te crees más hombre que todo el mundo.- Inmediatamente apartó a sus acompañantes, y llevó su mano al bolsillo buscando su pistola, pero Reyes sacó primero y le disparó dos tiros a quema ropa, hiriéndolo en un brazo y una mano. Lisímaco reaccionó y desenfundó su Pietro Beretta 9 mm., alcanzó a disparar una vez pero el arma se atascó. En ese momento recibió 7 tiros por la espalda de un acompañante de los hermanos Guerra, y Lisímaco cayó muerto con la pistola en la mano.


Sidis Mendoza acababa de llegar a su casa y se disponía a darle la razón a su mamá cuando se escucharon los primeros tiros. Temiendo lo peor, se llevó la mano al pecho y exclamó -¡Mamá, mataron a Lisímaco!- dijo, mientras se escuchaban más y más disparos.


Reyes intento fugarse saltando la tapia pero los acompañantes de Lisímaco lo bajaron a balazos. Recibió en total 44 tiros. La plomera fue terrible. El nombre festivo del sitio se convirtió en una espantosa realidad: Salsipuedes. Había gente disparando por todas partes. Juanito, el hermano de Reyes, intentó subirse en una mesa para disparar y uno de los presentes lo mató de un solo tiro. Ahí terminó la balacera. El hombre que le disparó a Lisímaco por la espalda había salido tranquilo en medio de la oscuridad y se encontraba ya lejos del pueblo.


El saldo fue lamentable, muertos: Lisímaco Peralta, los hermanos Juan y Reyes Guerra y José Tomás Bermúdez, este último, un anciano de 79 años. Los heridos: Eberto Alonso Povea Pérez, Cándido Celestino Povea Pérez, Enrique Luis Povea Pérez, familiares entre si quienes estaban en una misma mesa, y una mujer de nombre desconocido, natural de Tolú, invitada a la fiesta.


Cuando se armó la plomera, Diomedes Díaz y Juancho Rois se volaron la tapia, llegaron hasta la


casa vecina y se metieron debajo de una cama; de ahí saldrían media hora después, descubiertos por un vecino conocido como “El negrito” quien, portando una ametralladora M-1, buscaba no se sabe a quién para matarlo. Solo hasta las tres de la mañana, cuando llegó el ejército, los músicos, escoltados por soldados, lograron abandonar Las Flores. Al subirse en el vehículo militar Diomedes sentenció -¡No vuelvo más a este pueblo!-


A esa misma hora, a decenas de kilómetros de allí, en la Sierra de la Totumita, una zona de la Sierra Nevada de Santa Marta, doña Alba Rosa Rosado, la madrastra de Lisímaco, estaba dormida; súbitamente despertó y sintió que le pasaban el peine por el cabello -Presentí que algo le había pasado a uno de los míos,- recuerda hoy, 30 años después.


Los hechos de aquel sábado aciago fueron producto de una serie de circunstancias desafortunadas que tuvieron como telón de fondo el ambiente de crispación social que se vivía en La Guajira en esos años por cuenta del negocio de la marihuana. Al parecer los hermanos Guerra no habían planeado nada, y tampoco tenían intención de hacerle el reclamo en Santa Marta a Lisímaco por la supuesta falta.


La serie imprevistos y casualidades que se conjugaron para hacer que la víctima estuviera presente en el festejo: el daño fortuito del motor del barco, su decisión de última hora de entrar a saludar a su familia; el reencuentro con los amigos; la fiesta con los ídolos vallenatos del momento, que estrenaban su canción; la negativa de atender la solicitud de su cuñada cuando fue por él, han dado pie para que en los vecinos de Las Flores exista el convencimiento de que Lisímaco Peralta murió por una mala hora. Tal vez la presentación en vivo de “Lluvia de Verano”, una innegable ovación a Lisímaco, atizó odios reprimidos, sostienen algunos. Lisímaco Peralta estaba casado con Aura Leticia Arévalo, su paisana, con quien tuvo 4 hijos. La semana siguiente cumpliría 30 años de edad.


Su nombre quedó inscrito para siempre en la Leyenda Vallenata con la canción que le compuso su amigo Hernando Marín, esa jocosa melodía adoptada como canto triunfal por toda una generación de guajiros y costeños, que 32 años después los parranderos siguen entonando a todo pulmón.


Su famoso intérprete, Diomedes Díaz, ha cumplido la promesa que hizo aquella noche debajo de una cama, en medio del tableteo incesante de pistolas y revólveres: no ha vuelto a cantar en Las Flores.


Epílogo


Horas después de la muerte de Lisímaco Peralta, en la lejana Bogotá, tomaba posesión como presidente de la República Julio Cesar Turbay Ayala. El primer acto de su gobierno consistió en la expedición del decreto 1923, también conocido como el Estatuto de Seguridad, con base en el cual ordenó militarizar La Guajira con más de 10.000 soldados, derribar los aviones no autorizados que llegaran a la península y bombardear las pistas clandestinas. El principio del fin de la bonanza marimbera había comenzado.


Por Freddy González Zubiría





sábado, 2 de julio de 2011

Rafael Ortíz, siempre al servicio de los niños, desde Barrranquilla, Colombia

Rafael Ortiz, mi amigo Rafa, siempre al servicio de los niños


El doctor Rafael Yesid Ortiz Ariza, Rafa, Rafita, como le decimos sus amigos y familiares, es un hombre que para los que creemos en Dios, fue enviado al mundo para servir a los niños. Ese ha sido su papel.


Desde joven estuvo vinculado al trabajo de desarrollo social en el barrio de toda su vida, Las Nieves, donde residen sus padres Aníbal y Edith. Los padres de Rafa fueron amigos de mis padres en su juventud y siguieron siendo amigos toda la vida. A nuestras familias las unen fuertes lazos de amistad. Sus hermanos Aníbal y Edith, quienes llevan los nombres de sus padres, son grandes amigos nuestros. Rafa es el menor de sus hermanos.
Rafa se hizo médico y desde 1993 comenzó a organizar el Programa de Prevención de Uso de la Pólvora en la ciudad de Barranquilla, el cual se estructuró posteriormente con la asesoría de Blas (Blas Zubiría Mutis). No se nos puede olvidar que Rafa, luego de terminado el trabajo documental , se preguntaba: "donde estoy yo en el Programa?" y el profesor Blas le contestó: “Usted es el Gerente del Plan viejo Rafa” y así ha sido, Rafa ha gerenciado con el mayor de los éxitos, un Programa que ha sido modelo para otras ciudades del país.

El impacto del trabajo liderado por Rafa ha sido de gran beneficio para la población en general y los niños en particular; su trabajo ha sido apoyado por colegas como Jorge Mendoza, pediatra; Agustín Guerrero, toxicólogo y todos los funcionarios del Hospital Pediátrico. Ha logrado siempre el respaldo de la parte directiva.

http://roble.barranquilla.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=1948:En%20Barranquilla,%20cero%20ni%C3%B1os%20y%20ni%C3%B1as%20quemados%20en%20fiesta%20de%20velitas&catid=57:noticias&Itemid=170&lang=es




Rafa se hizo pediatra, contando con el respaldo del gerente de entonces en el Hospital Pediátrico, Alberto Martínez, otro colega y amigo común; todo marchaba sobre ruedas en su trabajo, con su familia, su compañera Norma y su pequeño Rafita. Pero un desadaptado social casi frustra todos sus sueños hace un poco más de tres años.


En un acto de irracionalidad, un atracador disparó a Rafa y lesionó un gran vaso sanguíneo en una de sus extremidades; la pérdida de sangre y la onda explosiva del proyectil lo pusieron en peligro de muerte. Fueron días, semanas de angustia y dolor para su familia y sus amigos; sin embargo, Rafa salió adelante de un buen número de complicaciones. Pero algo inesperado ocurrió, una complicación poco frecuente se presentó y fue la pérdida de su visión. Los amigos oftalmólogos como Orlando Niebles y Maricela Escobar lo evaluaron, al igual que otros más, pero no pudo resolverse su problema visual.

Pero la visión que perdió Rafa, fue la visión física, esa que no le permite observar a las personas, ver las figuras, distinguir los colores, pero no le afectó la VISION DE LA VIDA, al contrario, se la amplió. Otro mundo se hizo visible para Rafa, el mundo de los niños con discapacidad visual.

Desde que se reintegró a su vida laboral en el Hospital Pediátrico, Rafa no ha dejado de trabajar por los niños, retomó el Programa de Prevención de Uso de la Pólvora y empezó a liderar el Programa de niños con discapacidad visual en el distrito de Barranquilla, desde la Red Hospitalaria Distrital.


Rafa, es un ser que como dije al comienzo, fue enviado por Dios para velar por los niños, por los niños de esta ciudad.


http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-877713



Pd:

COMUNICADO DE PRENSA



PROGRAMA JAWS EN COMPUTADORES AL SERVICIO DE NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES DISCAPACITADOS VISUALES



Barranquilla, Junio 20 de 2011



Este jueves 23 de junio será implementado el programa JAWS en los computadores del PROGRAMA DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES DISCAPACITADOS VISUALES de la IPS Caprecom, que se desarrolla en el Puesto de Atención en Salud Oportuna (PASO) del barrio Las Palmas de Barranquilla.

JAWS, es un software conocido como lector de pantalla, responsable de convertir toda la información de los programas ejecutados en la computadora para su reproducción en voz sintetizada.

En el programa de habilitación y rehabilitación integral se le enseñan a los niños las habilidades para la vida diaria de una persona ciega, como el uso del bastón, el sistema braille (lectura a través del tacto) y el uso del programa JAWS, facilitando así la inclusión de estas personas a la sociedad.






Los computadores fueron donados por la Fundación Amigas de los Niños Quemados e Invidentes, y serán de gran utilidad en el desarrollo de estas habilidades. El proyecto cuenta con la asesoría de una tiflóloga o experta en tecnología para ciegos.


Inicialmente se beneficiarán 62 niños que ya pertenecen al programa, mitad de ellos son ciegos y la otra mitad con baja visión, pero el servicio será prestado a todos los niños, niñas y adolescentes de la ciudad que acudan por ayuda en el PASO del barrio Las Palmas. Quienes deseen ingresar a este programa deberán iniciar el proceso que incluye pasar por valoraciones médicas con los siguientes especialistas: pediatra, oftalmólogo, optómetra, sicólogo, terapista ocupacional y odontólogo.

 
Los servicios de estas ayudas tecnológicas se prestarán en el Puesto de Atención en Salud Oportuna de la Palmas, ubicado en la Cra. 7D # 34-55, a partir de este jueves 23 de junio, día en el que será inaugurada la sala de informática, a las 9:30 am.



El PROGRAMA DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES DISCAPACITADOS VISUALES es coordinado por el pediatra Rafael Ortíz Ariza, quien es invidente.

Mayores Informes: Dr. Rafael Ortíz Ariza, teléfono 3016409656, correo electrónico: rafayesid@hotmail.com


Publicado por Rafael Alberto Rada Conrado en 08:07 4 comentarios: alvarin dijo...


Rafa, ese comntario que has hecho de de nuestro amigo RAFAEL ORTIZ, es lo mas acertado, un tipo de admirar, un ejemplo para esta sociedad maltrecha, como ha sabido rafa salir adelante, de este infame acto de barbarie de este desadaptado, Rafa nos ha demostrado que palante es pallá.

alvaro diaz f.


22 de junio de 2011 04:33


Tarsicio de jesús dijo...


Rafa, gracias a tu sensibilidad humana, Dios te permite hacer reconocimiento merecido a Rafa Ortiz y como tu dices, a pesar de todas las visicitudes, ahora nuestro querido Doctor Ortiz, tiene una mayor visión de la vida, que le permite seguir sirviéndoles a la infancia barranquillera. Personas tan noble como Rafa Ortiz, no requieren de la visiòn fisìca, si no dela visiòn del corazòn, del alma, lo cual sòlo le es posible a los elegidos por el todopoderoso. Y Rafa es uno de ellos


23 de junio de 2011 18:16


Alina Ariza Ortíz dijo...


Rafa Rada, realmente ha quedado muy poco por decir de mi primo-hermano, solo creo que podemos agregarle que ha sido un ejemplo para sus estudiantes, esos para quienes no pasa de ser un profesor más sino de quienes queda siendo amigo y consultor. Además, vale la pena resaltar esa actitud segura ante la vida que transmite, pese a haber vivido esos dificiles momentos.



30 de junio de 2011 18:46


Rafael Alberto Rada Conrado dijo...


Alina, lo más admirable es que Rafa convirtió su condición actual en una gran fortaleza...cuando me preguntan como está?, sólo respondo, bien...Rafa solo cambió cosas en su vida para mejorar lo que ha venido haciendo desde hace muchos años, trabajar por los demás, servir al prójimo...por eso no me cansaré de repetir: Dios lo mandó a cumplir una misión especial por l@s niñ@s

30 de junio de 2011 19:42