lunes, 13 de abril de 2009

No estamos en recesión: Villegas, presidente de la Andi

Como saben, el RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL estuvo en la Asamblea No. 50 del BID.
Allí nos encontramos con muchos personajes...
Uno de ellos, el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas.
Los periodistas le preguntamos muchas cosas:
¿Estamos en recesión?
¿Porqué hace pocos dias se comentaba que estamos blindados y ahora estamos en problemas?
¿Demoraremos mucho para salir de la crisis?

En fin...
Y yo al final, le hice un interrogante sobre una charla que sostuve con Cecilia López y allí encontrarán su anotación...Su anotación, solamente...

Luis Emilio Rada C




LUIS CARLOS VILLEGAS, presidente de la ANDI: No estamos en recesión
..
Marzo 29-2009.

Por
Luis Emilio Rada C.
(Enviado Especial)

Periodistas: de acuerdo al ministro de hacienda, Oscar Iván Zuluaga, este primer trimestre será duro, ¿ya estamos en tiempos de recesión?
LUIS CARLOS VILLEGAS: “No, técnicamente no; probablemente lleguemos allá, pero podemos todavía hacer cosas para no llegar. Yo creo que enero fue un mal mes, ya tenemos cifras preliminares; febrero también será un mes bastante destemplado. Marzo puede ser un mes de un comportamiento un poco mejor. Lo que si hay que tener en cuenta que estamos en un contexto económico distinto, donde el crecimiento no está ni en Europa ni en los EU, ni en Japón. Donde el crecimiento en América Latina está casi desaparecido. Donde tenemos que tener una inmensa conciencia de la capacidad que tienen los gobiernos de ejecutar el gasto publico para poder enfrentar esta crisis y que el sector privado es simplemente un actor que se mueve con base en señales que se desde los gobiernos y en el contexto internacional.
De manera es que, efectivamente, este país está mejor preparado para la crisis mundial, pero ya empezamos a pagar los costos. No hay un país en el mundo que salga gratis de esta crisis.
P: ¿Cómo ve el hecho de que el gobierno dijera hace 15 días que estábamos todavía blindados y de repente vemos ya cosas de recesión?
LCV: “Bueno, si usted me lee en agosto, septiembre del año pasado sabrá mi opinión”. (Sonrisas…)
P: En cuanto a los préstamos del BID, ¿que perspectivas se ven para la industria colombiana?
LCV: “Esta es una buena noticia que el Banco Interamericano haya tenido la aprobación (de unos 1.300 millones de dólares) y de estos montos para Colombia. A pesar de todas las dificultades, Colombia brilla como una economía bastante mejor que el resto de la región. Aquí no se oye si no llanto y crujir de dientes y en nuestro caso hay es preocupación por la desaceleración, así que esas son diferencias muy grandes entre países. Entonces, y como lo han dicho los grandes gurús de la parte financiera mundial, tenemos que salir y rápidamente. Pues una vez eso solucionado, yo creo que Colombia es uno de los países que estará en el primer grupo de economías que pueden aprovechar la post crisis”.
P: Otro tema importante es el proteccionismo en muchos países. A Colombia y a muchos países se le están cerrando las puertas del comercio. Se prevé este año una caída del 20% de las exportaciones colombianas, ¿que hacer ante ese panorama?
LCV: “Mas que el proteccionismo es la caída del comercio. Es que los países no están demandando la misma cantidad de bienes y servicios que hace un año. Ese es un primer fenómeno de absoluta caída de la demanda. Luego si, hay un gran debate sobre proteccionismo, pero yo veo que ha tenido menor éxito, menos éxito que el que yo hubiera esperado en este debate político tan complejo que viene. Lo importante es que nosotros mantengamos el rumbo y no nos perdamos en decisiones de coyuntura que modifiquen un rumbo que nos ha puesto en ese sitio que hablábamos ahora, de una economía realmente respetada”.
P: ¿Hay que tomar retaliaciones?
LCV: “No, por ahora no lo veo. Lo que ha hecho Ecuador es una salvaguardia legal, no podemos salir a responder con ilegalidad. Lo que está haciendo Venezuela es un proceso lento de adaptación de su capacidad de gasto a sus ingresos petroleros nuevos, con precios distintos y con un modelo de desarrollo distinto. Ya no es miembro de la CAN. Lo que está sucediendo en EU es básicamente una caída de demanda. No… yo creo que hay que mantener, en medio de las dificultades, tener claro cual es el norte”.
P: Una inquietud, muchos países están promoviendo “compre lo nacional. Compre lo peruano, venezolano, en fin…” ¿debemos hacer lo mismo?
LCV: “Yo creo que la tasa de cambio hace por nosotros. La diferencia entre 1600 pesos y 2.500 pesos es la clave para que compremos producción nacional. Y yo creo que es una buena noticia en este momento”.
P: ¿Se actualizó tecnológicamente la industria colombiana?
LCV: “No lo ponga en pasado, si usted mira las importaciones de bienes de capital del último dato de enero están creciendo al 27%; entonces, la industria sigue en un proceso de modernización a pesar de la crisis”.
P: ¿Hablando de las exportaciones, en esto de la crisis, hay alguna política especial con respecto a la Andi?
LCV: “Sí, de diversificación de mercados. Por eso es que estamos en el programa intenso de visitas a Asia-Pacífico: Japón, China, India, Australia, Singapur, Malasia, Indonesia, Nueva Zelandia… esos son países que van a tener un comportamiento en la crisis bastante mejor y por lo tanto allí, más los países de América Latina, donde hay campo como Perú, República Dominicana, Centro América para incrementar nuestras ventas al exterior”.
P: ¿Hay que estudiar mandarín, entonces?
LCV: “Eso, el que no estudió, llegó tarde”.
LERC: Doctor Luis Carlos Villegas, una última pregunta: Acabo de entrevistar a Cecilia López, la senadora colombiana y economista y me dice: Lo que ha pasado es que nos volvimos muy politiqueros y que los gremios tienen mucho que ver en la crisis que tenemos…
LCV: “No la he oído, por eso no le puedo comentar”.
LERC: Aquí se la voy a poner… le dije al presidente de la Andi y efectivamente, después de la siguiente entrega del RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL, tendremos la entrevista que nos concedió la senadora y economista, Cecilia López, para que nuestros lectores evalúen sus planteamientos y al momento de tomar decisiones sepan a que dirección puedan acceder. Nosotros como medio de comunicación les presentamos las opciones… la decisión final está en sus manos…
RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL en la Asamblea No. 50 del BID. Allí estuvimos con el patrocinio de PROMIGAS, el Distrito de Barranquilla, la Fundación Mario Santo Domingo, la Cámara de Comercio de Barranquilla, el Departamento del Atlántico y Combarranquilla.
Luis Emilio Rada C.

domingo, 12 de abril de 2009

Diatriba contra las palabras rebuscadas, por Alberto Salcedo Ramos

Diálogo breve con Alberto Salcedo, en torno a su Diatriba contra las palabras rebuscadas:

Lerc: "Albert, esto fue lo que nos envió Óscar Cormane el 10 de abril... El día del cumpleaños de la vieja, entre otras cosas...

Es grato saludarte. Y quiero saber si tienes el mismo teléfono celular. O si tienes uno adicional...

Los míos son: 311 803 43 05. Que es el tradicional. Y el mercado me ha obligado a tener este otro: 301 72 73 633.

Y este blog: radareconomicointernacional.blogspot.com/, que se convertirá en una página en unos meses...

Me gustaría que lo revisaras un poco.

No te pierdas de la red, que tus contribuciones son valiosísimas...

Un abrazo,

Luis Emilio"
..
Alberto Salcedo: "Hola, hermanazo:
Gracias por la nueva respuesta. Ahora sí sé bien qué fue lo que mandó Óscar. Lamentablemente ese correo nunca me llegó. Quiero darle las gracias a él, de manera muy especial, por el detalle.
Ese texto fue publicado originalmente en la revista Credencial. Después lo reprodujeron varios portales de internet, pero muchos publicaron una versión incompleta que deja mutiladas mis ideas. Tal es el caso de esta versión que Óscar puso en RedCaribe.
En este enlace pueden acceder a la versión completa.
http://www.resonancias.org/content/read/775/diatriba-contra-las-palabras-rebuscadas-por-alberto-salcedo-ramos/
Mi teléfono celular es el mismo de siempre, hermano: 315-8565111,
Un abrazo".

Bien, aquí les tengo esta pieza, para que la gocen en medio del Domingo de Resurrección…

Lerc.

Diatriba contra las palabras rebuscadas, por Alberto Salcedo Ramos

Dice Ernesto Sábato que el mundo andaba bien hasta que se creó la palabra "parámetro". Borges propuso desterrar de la memoria universal al inventor de la palabra "conmilitón". Una amiga mía, extremista como ella sola, dice que le aplicaría la pena capital a un profesor que tuvimos en la universidad, un tipo tan rebuscado que cuando le entregábamos nuestros ensayos no nos decía que los calificaría, como hacían los otros maestros, sino que los iba a "someter a un discernimiento". Me cuentan mis corresponsales que el profesor sigue pronunciando su afectada frase en el mismo tonito petulante de hace veinte años, como si estuviera diciendo: "mira de lo que soy capaz".

Todos tenemos una lista de palabras que nos chocan, que nos golpean en el hígado. Que nos hacen sentir, como a Sábato, que si las decimos el mundo se va a acabar. ¿Qué tal los vocablos "incomensurable", "inenarrable" y "magnanimidad"? Durante mucho tiempo sentí que no me gustaría tener de cuñado a alguien que se exprese de esa forma. Pero ahora, cuando veo que un columnista de prensa escribe "el día retro próximo" en lugar de decir "ayer", no preparo la soga de la horca sino que simplemente me río. Cuando escucho a cualquier orador latinoamericano diciendo que "la depuración de las costumbres políticas es un propósito nobilísimo e insoslayable", no me acuerdo de Cicerón sino de Cantinflas. Por eso —insisto— sonrío, y hasta lo tomo como un guiño que el buen hombre me hace, para que no me aburra. Lo mismo me pasa con esos comentaristas deportivos que analizan la "curva elíptica" de la defensa y la necesidad de "referenciar" al goleador contrario. Uno de ellos llegó al extremo de remplazar la palabra "lluvia" —bella y simple— por un esperpento memorable: "precipitación pluviométrica". Quizá un día de estos, cuando algún atacante desperdicie un gol fácil mandando el balón a veinte metros del arco, este señor nos diga que "la pelota se ha perdido en lontananza".

Es el mismo lenguaje simulador y presuntuoso que caracterizaba ese período histórico conocido en Colombia como Patria Boba: época de patillas engoladas, de retratos con aire independentista, de manos cursis posadas sobre el corazón. Las palabras, a tono con ese espíritu artificioso, eran alambicadas, fatuas, más propicias para la esfinge de mármol y el pergamino que para la conversación entre los hombres. Para la muestra, varios botones: "bajaré tranquilo al sepulcro"; "otro día de gloria va a coronar nuestra admirable constancia"; "mi autoridad emana de vosotros". Nuestras repúblicas fueron grandilocuentes desde sus orígenes. Sus dirigentes, retóricos a ultranza, han estado siempre más dispuestos al discurso que a la acción. Para controlar la historia no han tenido que empuñar la espada de acero sino la pluma de ganso. Se trata de esa enfermedad bautizada por el periodista Alberto Aguirre con el nombre de "acromegalia del verbo", cuyos síntomas más evidentes son el rodeo inútil y la solemnidad. Aún hoy se siguen empleando impunemente antiguallas como "acuerdo sobre lo fundamental" y "venerable parlamentario". Quienes las usan acaso están más interesados en oírse a sí mismos que en ser oídos. Por eso, quizá, hemos producido más monólogos que diálogos.

¿Qué pretenden el escritor que cambia la palabra "verano" por "estío", el diplomático que le llama "disyuntiva difícil" al "enfrentamiento" con el país vecino, el poeta que no se baña en "el mar" sino en "el piélago" y el cronista que utiliza giros como "sosiego post-coital"? Todos ellos tienen en común la creencia de que la impostura hace milagros: suponen que para ser poéticos, basta un sinónimo; para solucionar los conflictos, un eufemismo, y para resultar exquisitos, una pirueta verbal. Están también los que siempre plantean sus ideas de la manera más vaga o enredada que les es posible, porque estiman que mientras menos se les entienda lo que dicen, más interesantes parecerán ante sus interlocutores. No ven la claridad como un atributo necesario sino como un problema de estilo, porque los pone al alcance del populacho. Entonces, para conjurar semejante peligro, no usan "apuntes" sino "acotaciones" y nunca ponen su "firma" sino su "rúbrica". En vez de "preguntar", "interpelan", y si por casualidad tienen un perro en casa, se refieren a él con el apelativo de "gozque". Para ellos no existen los "discursos" sino las "alocuciones", ni los "desacuerdos" sino los "disensos".

Sé de personas que también en las palabras establecen jerarquías sociales. "Morirse", para ellos, es asunto de plebes: lo "de buen recibo" entre la gente de su alcurnia es "fallecer" o "expirar".

***

Cuando tenía doce años me tocó leer el poema Boda Negra, de Julio Flórez. Aunque no lo entendí, me lo aprendí de memoria. Creía quizá, como suele ocurrirle a mucha gente, que si sus versos resultaban complicadísimos debía ser porque eran muy inteligentes:



Llevó a la novia al tálamo mullido
Se acostó junto a ella enamorado

En aquella época era muy tímido y no me atrevía a abordar a las muchachas del barrio. Cuando alguna me gustaba, le enviaba una carta en la cual le proponía que nos acostáramos en el "tálamo mullido". Ninguna me tomaba en serio, por supuesto, ni para abofetearme ni para complacerme. Es obvio que no entendían nada.

La lista de palabras y frases incomprensibles que conocí durante aquellos años es más bien extensa. A un primo mío que era mujeriego, mis tías le llamaban "promiscuo". No entendía por qué diablos a un muchacho que tenía tantas novias bonitas, se le nombraba con ese vocablo tan feo. La confusión empeoró cuando supe que mi tío Gonzalo trabajaba como "juez promiscuo". Me lo imaginaba asediado por bandadas de mujeres que lo mimaban, le arreglaban el bigote y le ponían un clavel rojo en el bolsillo de la camisa. Una tarde, mi tía Libia me preguntó qué quería ser cuando fuera grande, y yo le respondí sin vacilar: "periodista promiscuo".

Entre los chicos de mi edad, me sentía seguro; entre los adultos y sus palabras raras, me sentía imbécil. Los poetas que nos recomendaban los profesores comparaban los labios de las mujeres con la miel de las abejas y con el néctar de las manzanas, pero mi primo, que las había besado a casi todas, decía que ninguna boca era dulce y pegajosa como el almíbar. Lo que hoy en día es ya una certidumbre, en aquel momento era tan solo una sospecha: el lenguaje, herramienta esencial de comunicación entre los hombres, falsifica, engaña.

***

Muchas de las expresiones rebuscadas que conocí en la adolescencia, me siguen pareciendo inocentes. O bien se debieron a la vanidad, o bien a la torpeza, o quizá fueron tan solo rezagos de una época en la que el mundo era más rimbombante. Varias se han sedimentado en mi memoria: "ósculos mortuorios", "omoplato sifilítico", "noche ineluctable", "beso trémulo y perenne". No pediría, como mi amiga, la pena de muerte para sus autores, pues esas frases me producen nostalgia, lo admito.

Existe, en cambio, otro tipo de fraude que de ninguna manera es inofensivo. Lo cometen quienes no usan el idioma para revelar sino para ocultar, aquellos -casi siempre políticos- que le llaman "carencias" al "hambre" y "malversación de fondos" al "robo", esos que jamás hablan de "la gente asesinada" sino de la "tasa de criminalidad". No hay que ser paranoico para afirmar que la razón de ser de tales burladeros retóricos es esconder las verdades incómodas. El problema va más allá de la semántica: se empieza por el cambio del lenguaje, pero después se puede alterar cualquier otra cosa: la Constitución Nacional, las estadísticas, los indicadores económicos, el curso de los ríos o la temperatura de los nevados. Por algo decía Confucio que cuando las palabras pierden su significado, los hombres pierden su libertad. Hubo un tiempo en que los poderosos no retorcían la lengua para encubrir la realidad. Se hablaba de "tugurios" y no de "zonas deprimidas", de "subdesarrollo" y no de "vías de desarrollo", de "enfermedades" y no de "quebrantos de salud".

Ahora bien: justo es admitir que no siempre hay mala intención detrás de los eufemismos. A menudo se trata de un sentido compasivo del lenguaje. Algunos ingenuos creen que ciertos problemas son menos graves si se les nombra de un modo piadoso. Y así, al "cáncer" le llaman "penosa enfermedad" y a la "ruina", "insolvencia". Maniáticos de la urbanidad, suponen que una forma refinada puede borrar un fondo brutal. La mala noticia es que las "prostitutas" no dejan de ser lo que son simplemente porque ahora les expidan carnets de "trabajadoras sexuales".

En estos tiempos hay una obsesión desmedida por lo políticamente correcto. Ahora, el "viejo" no es "viejo" sino "adulto mayor" y los "pordioseros" no son "pordioseros" sino "seres menesterosos". Digan lo que digan los pontífices de la diplomacia moderna, yo me niego a reemplazar la palabra "negro" - que nunca he usado peyorativamente - por el vocablo "afrodescendiente", que se me antoja insulso. No habrá quien me convenza de usar ciertas palabrejas que se han puesto de moda, como "propositivo" y "paquete de soluciones". ¿De dónde sacaron los académicos eso de "insumos" para referirse a lo que antes se conocía, sencillamente, como "apuntes", o "investigación", o "material de trabajo"? ¿Insumos? ¡Qué horror! Jamás se abrirá mi boca para pronunciar estos mamarrachos idiomáticos. Pero eso sí: tampoco propondré la horca para quienes los utilizan, pues, al fin y al cabo, como decía uno de mis maestros más queridos, ninguna idea se merece un cadáver.

***

Quizás lo que ocurre es lo que insinúa Octavio Paz: que cada persona viene al mundo con sus propias palabras, ya contadas, debajo del brazo. Cuando las encontramos por la vida, no las conocemos sino que las reconocemos. Nos damos cuenta, de inmediato, si son nuestras, si son las palabras que elegimos y nos eligieron, para decir lo que necesitamos decir. En la República Soberana e Independiente de las Palabras hay desde escoria hasta piedras preciosas. Cada quien busca lo que necesita. Cada quien recibe lo que se merece. En este universo no hay injusticias, no hay dominios arbitrarios: tienes lo que te has ganado, ni más ni menos.

Creo que la precisión en el lenguaje no debería ser una preocupación exclusiva de los escritores: a todos los seres humanos nos viene bien expresar nuestras ideas con los vocablos justos. Mark Twain lo dijo de manera muy hermosa: "la diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga". No resisto la tentación de terminar este artículo contando una experiencia que me sucedió con mi hijo Mario. Una tarde cualquiera de 1995, cuando él tenía seis años, se me ocurrió llamarlo con una de aquellas palabras grandilocuentes que me aprendí en la adolescencia.

—Ven acá, benemérito —le dije, mientras lo halaba por un brazo. Él se me soltó de las manos, furioso, y se alejó mascullando entre dientes: -¡Más benemérito serás tú!

Desde entonces supe que al muchacho tampoco le gustan las arandelas innecesarias. Esa es la razón por la cual a él las amigas sí le entienden y lo acompañan, sin agüeros, a dormir en el "mullido tálamo".

sábado, 11 de abril de 2009

Sábado Santo: día de espera, de luz y gozo...

Jaime Marenco, desde el Seminario, nos envía su mensaje, en medio de la Semana Santa.

Luis Emilio Rada C

Sábado Santo: día de espera, día de luz, día de gozo…

Durante la mañana y la tarde de este día busquen el silencio para que la reflexión sobre la muerte de Cristo encuentre eco en cada uno de ustedes. Algo tiene que decir a nuestra vida Cristo en la cruz. Pueden ayudarse con el rezo del santo rosario, meditando en los misterios dolorosos. Esta será una buena preparación, junto a la Virgen María , para participar en la Vigilia Pascual en horas de la noche que, como les anoté en el primero de estos tres mensajes que les he enviado en estos días, “es la madre de todas las santas vigilias de la Iglesia ”. Hagan el mayor esfuerzo para participar en esta Vigilia.

Paso de inmediato a darles algunas indicaciones sobre esta celebración que es algo extensa por la riqueza de signos y mensajes que encierra.

Todos los elementos de esta Vigilia resaltan el paso de Cristo de la muerte a la vida, es decir, la Pascua. Por eso, debemos participar gozosos en esta celebración, porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos. ¡Cristo resucitado ha vencido la muerte! Este es el fundamento de nuestra fe.

Recuerden llevar un cirio para el rito de la luz, signo que indica el llamado urgente que nos hace el Señor para que seamos luz capaz de iluminar nuestra propia existencia y la de los demás. Que este sea un cirio que puedan mirar durante el año para que les recuerde, especialmente en esos momentos adversos, que Cristo es luz que salva.

En la Vigilia Pascual se hacen siete lecturas bíblicas que nos permiten recorrer la historia de salvación de la humanidad desde la creación del mundo hasta la resurrección de Jesús.

Me despido con estas dos preguntas: ¿De qué manera la luz de Cristo se manifiesta en cada persona? ¿Cómo estamos respondiendo nosotros a esa luz que el Señor nos da?

Insisto: no dejen pasar la dichosa oportunidad de participar en la Vigilia Pascual de esta noche. Pido al Señor que este mensaje les llegue a tiempo.

¡Feliz Pascua de Resurrección!



Jaime Alberto Marenco Martínez
“Ante ti, Señor mío, están todos mis anhelos.”
Salmo 38 (37), 10

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