viernes, 26 de agosto de 2016

¿Sí pero No? Por: Oswald Loewy



¿Sí pero No?
Por: Oswald Loewy
Tal parece que estuviéramos atrapados y sin salida entre un ¡Sí! y un ¡No!, así como lo leen, bien acentuados porque suenan duro, destellan mucho y porque a estas fechas galopantes retumban como tambores de guerra que se oyen aún con los oídos tapados y nos encandilan por más que cerremos los ojos. Son dos muros viscerales que se hacen más altos y anchos, se van cerrando y en medio estamos todos. Por estar mirando en sentido contrario a esas paredes que nos van a terminar aplastando, no vemos hacia los lados en donde no hay pared alguna y están todas las opciones. Solo hay que dar un paso, pero hay un problema, no sabemos movernos lateralmente, solamente podemos hacerlo hacia adelante o hacia atrás porque así es como nos han convencido. El resultado es una sociedad bipolar: saltamos de la tristeza a la alegría, de la depresión a la euforia, del triunfalismo al derrotismo, blanca o negra o como un imán, cuyos polos magnéticos son totalmente opuestos pero conviven en un mismo cuerpo. Somos campeones en tener el lado contrario a lo mejor que hacemos, no importa lo que sea. ¿Será que sí será esa la forma como podemos definir y construir democracia, equidad o futuro?

Es que, fíjense, esto se ha ido convirtiendo en un duelo de colosos y ese enfrentamiento alcanzará una dimensión de gran magnitud, al punto de que haber contemplado el umbral del 13% para facilitar el plebiscito luce innecesario porque, intuyo, la votación será masiva e inesperada. De hecho, no solo se votará por el Sí o por el No a la pregunta que todavía no sabemos de manera precisa cómo será formulada. Habrá quien vote por o contra otras cosas, porque la inercia emocional alcanza para eso y más. Irónicamente serán dos países los que se enfrentarán en el campo de batalla para supuestamente decidir la mejor opción para vivir de aquí en adelante, como si en verdad de eso fuera a depender. 

Finalmente, el guayabo del día después, sea cual fuere el resultado, nos dejará un sabor agridulce y confuso porque al despertar nos daremos cuenta de que nada cambió porque faltará mucho por hacer para lograr una verdadera transformación.

Siempre me ha inquietado la diferencia del peso específico que hay entre construir y destruir. Nos hemos especializado en lo segundo. Aunque la justicia presume la buena fe del individuo como punto de partida, eso no es lo que sucede en las mentes. Convoque a una buena causa, altruista, justa e incondicional y sin duda le aseguro que muchos vendrán. Ahora invite a una protesta, también justa y merecida, con toda certeza le anticipo que los que participarán serán de lejos y por más que en la buena causa anterior. O sea, ante lo mismo, con igual sentido pero con diferente propósito, reaccionamos exagerados y actuamos distinto. Y es lo que más preocupa, ese desbalance de fuerzas que hay para el logro de verdaderos propósitos y la limitada capacidad que hay para construir el nuevo país que anhelamos. Cada día me convenzo más de que nos hemos desordenado tanto que la respuesta no parece ni “Sí” o “No”, porque ninguna de las dos alcanza para satisfacer a las dos orillas. Por eso, antes que un cantiflesco “Sí pero No”, prefiero tomar el riesgo de un ‘Sí’ de tan solo dos letras que ha requerido años para unirlas o mejor, ojalá para unirnos.

oswaldloewy@me.com

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