martes, 1 de septiembre de 2009

La Relativa normalidad de la economía colombiana

El editorial de Portafolio

Relativa normalidad

Faltan pocos días para que en el mundo se conmemore el aniversario de la quiebra de Lehman Brothers, el emporio de bolsa neoyorquino, cuyo derrumbe el 15 de septiembre de 2008 disparó las alarmas sobre un posible desmoronamiento del sistema financiero global. Y aunque tales temores parecen haber quedado disipados gracias a la enérgica respuesta de las autoridades de las naciones más ricas, que les inyectaron miles de millones de dólares a cientos de entidades en tres continentes, las repercusiones de lo sucedido todavía se sienten.

Para comenzar, algunas de las instituciones más conocidas del planeta todavía tienen en su lista de socios a gobiernos como el estadounidense, el británico o el alemán, según sea el caso. Pero además, es claro que los mercados de crédito no han vuelto a la normalidad después de haber estado semiparalizados durante meses. También sigue el debate entre las autoridades sobre los esquemas de compensación que alimentaron la codicia -y hasta la irresponsabilidad- en el sector, pues mientras unos prefieren sistemas variables atados al desempeño, otros se inclinan por sueldos fijos.
Tampoco hay humo blanco sobre las regulaciones que deberían adoptarse para evitar que regresen los excesos, ni con respecto a propuestas más ambiciosas que podrían llegar a una entidad que vigile lo que pasa en todo el planeta.

Mientras todo eso sucede y las naciones que integran el Grupo de los 20 tratan de tomar cartas en el asunto, en Colombia se mantiene una relativa normalidad. Esa es la impresión que surge de mirar los resultados del sector financiero hasta el mes de julio, que contrastan con lo que ocurre en otras latitudes.

Para comenzar, las cifras en negro son la constante y no la excepción. Tanto los bancos como las aseguradoras, pasando por los comisionistas de bolsa y las fiduciarias, mantienen un buen nivel de utilidades que llegó a 4,9 billones de pesos en los primeros siete meses del año, 36 por ciento más que en igual periodo de 2008.

Por otra parte, es impresionante el resultado de los llamados fondos administrados, y en particular el de los fondos de pensiones obligatorias, cuyo saldo a favor creció 4.300 por ciento, al pasar de 233.378 millones a 10,2 billones de pesos entre un año y otro.

Dicho desempeño estuvo directamente atado a la valorización de los títulos de deuda tanto públicos como privados, que han ganado en su precio en un escenario de inflación y tasas de interés a la baja.
Igualmente las acciones, que han subido casi un 40 por ciento frente al promedio de 12 meses atrás, han tenido mucho que ver en lo sucedido.

En medio de semejante auge, el comportamiento de las entidades de crédito es relativamente modesto. Y es que las utilidades de 3,1 billones de pesos contabilizadas hasta julio muestran un incremento de apenas 7 por ciento frente a igual lapso de 2008.
No obstante, el patrimonio subió 24,6 por ciento y los activos 15 por ciento, algo que es muy bueno en una economía con evidentes síntomas de estancamiento.

Tales datos seguramente serían peores, de no ser porque el buen comportamiento de la cartera de inversiones -que en este caso asciende a 45,2 billones de pesos- les ha servido a los intermediarios financieros para enmendar la plana. En contraste, la cartera de créditos crece por debajo del 10 por ciento, llegando a 149,7 billones de pesos, y las provisiones para cubrir posibles incumplimientos han subido en cerca de 27 por ciento.

Lo anterior es una muestra más de que los tropiezos del sector productivo y la cautela de los consumidores han impactado en los resultados de los bancos y de otras entidades similares. Ahora la esperanza es que el público tenga un aliciente pues, según la Superintendencia Financiera, las tasas de interés promedio han disminuido en 5,3 puntos porcentuales, ubicándose a finales de julio en el 15,6 por ciento anual. Debido a ello y a pesar del menor ritmo observado, diversos analistas insisten en que el sector se mantiene fuerte y que, si las expectativas cambian para mejor, la demanda de préstamos podría reactivarse, dándole un necesario empujón a la economía colombiana que, a pesar de su desempeño en la presente crisis, necesita volver a la senda del crecimiento rápido.

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