lunes, 23 de agosto de 2021

Valeria Charris Salcedo. Reina del Carnaval de Barranquilla 2022

Reina Valeria Charris Salcedo.

Reina del Carnaval de Barranquilla 2022

RADAR,luisemilioradaconrado

@radareconomico1

América Latina y el Caribe, región donde más ocurren desastres climáticos

La misma naturaleza nos pasa la factura.

¿Tenemos la culpa nosotros...

Sentimos que no.

De acuerdo a los que saben y lo que vemos, esta situación está generando pérdidas económicas significativas en América Latina y el Caribe…

RADAR,luisemilioradaconrado 

@radareconomico1

América Latina y el Caribe, región donde más ocurren desastres climáticos

Latinoamérica y el Caribe constituyen una de las regiones del mundo más afectadas por desastres climáticos y no sólo por los de gran escala, sino también por miles de fenómenos más limitados que atraen menos la atención, pero que están teniendo un inmenso efecto acumulativo en términos de pérdidas económicas y sufrimiento humano, según un estudio.
Entre esos fenómenos figuran principalmente inundaciones localizadas en áreas urbanas o rurales, deslizamientos de tierra, daños relativos por lluvias o vientos, cultivos perdidos por heladas, olas de calor y sequías.

El informe ‘Estado del clima en Latinoamérica y el Caribe 2020’, de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), indica que los sectores que deben adaptarse con prioridad a los problemas ocasionados por el cambio climático en la región son los vinculados al abastecimiento de agua y la producción agropecuaria.

La temperatura media registrada el año pasado en la región fue la tercera más elevada en Centroamérica y el Caribe y la segunda en Suramérica, con 1 grado y 0,6 grados, por encima del promedio 1981-2010.

La sequía provocó que varios países registraran una fuerte reducción en la producción de alimentos básicos para sus poblaciones, como ocurrió en el noroccidente de México, donde el frijol registró su nivel más bajo de los últimos 20 años, mientras que en Guatemala se perdió el 80 % del maíz cultivado en zonas altas.

La zona de Suramérica más afectada por la sequía fue el norte de Argentina, Uruguay, Paraguay y áreas en la frontera occidental de Brasil.

En este último país y Argentina se reportó una caída de la producción de maíz y soja.

En el sector de los transportes, la sequía en la región del Pantanal limitó el acceso de Paraguay al agua potable y afectó el tráfico fluvial de mercancías, lo que redundó en un aumento de gastos de combustible, de suministros agrícolas, de alimentos y otras importaciones, conforme a los datos recopilados para el informe.

En Centroamérica, los fenómenos climáticos extremos afectaron a ocho millones de personas.

El calentamiento del océano en el Atlántico tropical alejó las lluvias de Suramérica en 2020, lo que produjo condiciones de sequía en los bosques y sabanas de la Amazonía.

Los expertos han establecido una relación entre este desarreglo y el aumento de los incendios forestales en la región, los cuales se considera que causaron daños "irreversibles" a los ecosistemas.

Asimismo, la elevación de las temperaturas causó olas de calor que en algunos países suramericanos llevó a que el termómetro marcara más de 40 grados durante días seguidos y a que se rompieran varios récords de temperatura.

En algunos casos se registraron 10 grados por encima de la temperatura normal.

El informe también advierte de la amenaza del aumento del nivel del mar en regiones donde más del 27 % de la población vive en áreas costeras y de un 6 % a 7 % en zonas de alto o muy alto riesgo de verse afectadas por esta evolución.


En el Caribe, por ejemplo, el nivel del mar sube una media de 3,6 milímetros por año, frente a un promedio global de 3,3 milímetros anuales.

En cuanto a ciclones, 2020 también fue un año récord, con 30 de estos fenómenos detectados en la cuenta atlántica.

EFE 

“TODOS SOMOS AMERICANOS” Por Ricardo Plata Cepeda

Vamos a leer a Ricardo Plata Cepeda...

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“TODOS SOMOS AMERICANOS”

El amplio respaldo internacional y la evidencia del apoyo del régimen talibán en Afganistán al grupo terrorista Al Qaeda, autor del atentado, dio prioridad a su desalojo del poder, tarea emprendida en Octubre, en unión de la fuerza opositora afgana Alianza Norte, y culminada en diciembre del mismo año.

Por RICARDO PLATA CEPEDA

“Nous sommes tous américaines”, tituló Le Monde su editorial un par de días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, tanto más diciente habida cuenta del sesgo antiamericano de la intelectualidad que ha rodeado al prestigioso diario parisino, su inclinación de izquierda y el acendrado nacionalismo francés. Afirmaba que “a quien debemos la libertad, debemos nuestra solidaridad” y condenaba de manera inequívoca “la lógica bárbara, que repugna aún a una mayoría de quienes creen en el Islam”. 

Recordaba que se necesitó el ataque japonés a Pearl Harbor para que Estados Unidos superara el aislacionismo que había demorado su entrada a la segunda guerra mundial, contrario a los impulsos imperiales que suelen suponer sus críticos de oficio. Amaneció así el siglo signado por el terrorismo del islam radical.

Las instituciones globales reaccionaron con contundencia: El 12 de septiembre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) manifestó su decisión de “combatir por todos los medios las amenazas a la paz y la seguridad internacional”, la Asamblea General de la ONU instó a “someter a la justicia a los autores, organizadores y patrocinadores de esas atrocidades” y el Consejo de la OTAN activó por vez primera la cláusula estatutaria según la cual un ataque contra uno de sus miembros sería considerado un ataque contra todos. El 21 de septiembre la Unión Europea adoptó un plan de acción de lucha contra el terrorismo y la OEA aprobó el fortalecimiento de la cooperación hemisférica “para prevenirlo, combatirlo y eliminarlo”.

El amplio respaldo internacional y la evidencia del apoyo del régimen talibán en Afganistán al grupo terrorista Al Qaeda, autor del atentado, dio prioridad a su desalojo del poder, tarea emprendida en octubre, en unión de la fuerza opositora afgana Alianza Norte, y culminada en diciembre del mismo año. En tanto, el Consejo de seguridad legitimó a la Fuerza de tarea internacional destacada en ese país; en 2009 había 64.000 militares de 42 países.

Otro objetivo fue el desmantelamiento de Al Qaeda y la eliminación de su jefe saudí Osama Bin Laden, esto último cumplido en 2011 en territorio fronterizo de Pakistán. El objetivo primario fue prevenir la ocurrencia de otro ataque similar, en gran medida logrado, a pesar de los violentos atentados suicidas sufridos por varias ciudades europeas.

Quienes quisieron agregarle a la intervención el deseable propósito de “construcción de país” o de democracia no contaron con el compromiso colectivo y de muy largo aliento requerido para hacerlo posible. El desgaste en la opinión política interna de Estados Unidos al ir asumiendo éste cada vez más en solitario el costo en vidas y dinero de la ocupación al tiempo que el incremento del tráfico de heroína fortalecía las arcas y el ejército talibán, aceleró el desenlace acordado por la administración anterior, seguido de una retirada trágicamente mal ejecutada, reminiscente de la atolondrada salida de Vietnam, una guerra que muy pocos paralelos adicionales, tuvo con ésta.

rsilver2@aol.com