Como David, estamos muchos colombianos.
Sorprendidos, preocupados, molestos por el vecino.
Un vecino arrogante, loco y asesino, porque fueron muchos
los que perdieron sus vidas en estaba batalla para darles comida a los mismos
venezolanos.
La columna de David Luna es muy diciente.
Y como él, pensamos que este conflicto se pueda
solucionar de la mejor manera.
Si Maduro, madurara, la vaina se acabaría…
RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
VENEZUELA
La imagen del camión que transportaba la ayuda
humanitaria en llamas deja a cualquiera boquiabierto. Uno no alcanza a
dimensionar que la ambición de algún líder pueda estar por encima de las
necesidades, el hambre y el dolor de su pueblo. En la era de los reflectores,
de la inmediatez de la información, se hace necesario controlar el ego y
repetirse una y otra vez: la política es el arte de servir a los demás y no
la actividad para servirse a uno mismo, el único jefe es el ciudadano, hay que
construir sobre lo construido, los recursos públicos son sagrados y siempre se
pude hacer oposición, pero nunca llevar la contraria.
Maduro llevó al límite a su gente perpetuándose en el
poder para no solucionarles los problemas, sino a tan solo un puñado de
venezolanos: los que comparten sus ideas o sus robos. Estos espejos debemos
mirarlos, a todo aquel que quiera aferrarse al poder eternamente hay que
temerle, de todo líder que no respete sus instituciones o se crea intocable,
hay que dudar. De esos políticos que en su discurso solo inculcan odio y nos
llevan a esquinas diferentes hay que huir, y de los que ven en la oposición su
enemigo acérrimo al punto de silenciarla hay que evitar, porque no permitirán
construir desde las diferencias sino imponerse bruscamente contra viento y
marea.
Ningún extremo es bueno porque es desequilibrado. La
historia lo ha demostrado y lo sigue probando una y otra vez. La
situación de Venezuela es el resultado del abuso de un líder populista e
improvisado cuya única motivación para gobernar era el control y las ansias de
un poder, mas no estar al servicio de una nación, un líder que puso a su pueblo
a que le sirviera llevándolo al hambre y a la muerte.