Colombia
será un país más pensante.
Más
político.
Y
eso parece que sucede en los países más maduros, en los cuales los ciudadanos
participan en todos los procesos que definen el porvenir de su nación.
En
esta columna de Jairo Parada, los lectores
podrán reflexionar un poco más sobre ese futuro de Colombia.
RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
Los ajustes institucionales necesarios
Por
JAIRO PARADA
Con los triunfos de la Selección Colombia y el resultado de las
elecciones presidenciales, la mayoría del país se ha llenado de optimismo, con
la idea que somos capaces de lograr resultados, de salirles al paso al
negativismo y al pesimismo. Ello indica que en la agenda del Congreso se
incluyan reformas que el país reclama, como la justicia, la salud, la
educación, las políticas laborales, las industriales y la agraria. Una revisión
de los hechos de la vida, como decía Veblen, se impone.
En primer lugar, una amplia coalición política votó por la terminación
del conflicto y la refrendación de los acuerdos que se pacten en La Habana. El
Gobierno y los colombianos ya hicimos nuestra parte, ahora la bola queda en el
campo de las Farc y el ELN, quienes necesitan mostrar capacidad de concretar
las cosas sin dilación. El país no resistiría una discusión interminable e
imposible. Concluir la agenda de conversaciones es clave entonces.
En segundo lugar, el país votó por un manejo responsable de las
organizaciones del Estado, respetando las reglas de juego, sin atropellar a los
opositores ni a los que están en desacuerdo con el ‘régimen’. La
democracia permite eso precisamente, la oposición y la disidencia, y esta no
debe ser atropellada con la teoría por la cual “para eso somos mayoría”, como
hace el chavismo en Venezuela. Las decisiones correctas se deben tomar con base
en el criterio kantiano de la justeza de estas, aunque a la mayoría no le
guste, así como también atender las necesidades de los más humildes. Como lo
recomienda Amartya Sen, se deben tomar las decisiones como si se perteneciera
al sector más pobre de la sociedad, y eso dará una idea de lo “justo”. Saber
cuál es la decisión correcta a tomar en cada circunstancia no es fácil, ni
puede basarse en criterios utilitarios de favorecer “a la mayoría”.
En tercer lugar, el partido Centro Democrático logró consolidarse como
oposición civil de derecha, conservadora tanto en lo económico como en lo
social, y como tal debe participar del juego limpio democrático y mostrar que
siguen las reglas del juego. Ello es necesario para la democracia colombiana,
pues el apartidismo mata la sociedad civil. El resto de los partidos deben
definir si son de centro o más de izquierda, y articular sus coaliciones en
torno a las reformas neoliberales que se adelantan en el país desde los 90. Un
sector como la derecha desea profundizarlas y para ello exige más
privatizaciones, elevar el IVA al 18% y extender la edad para pensionarse. El
otro, más de corte socialdemócrata, busca replantearlas.
Por otro lado, se esperaría que la guerrilla desmovilizada forme sus
partidos para impulsar su agenda de izquierda más radical, lo cual también es
válido en una democracia madura.
Lo que no debe olvidarse en estos procesos de ajuste es aplicar el
principio del profesor John Fagg Foster de hacerlos con el mínimo de
dislocamiento; es decir, con el menor conflicto posible. Ello implica hacer
acuerdos con la oposición, conciliar hasta donde se pueda, aterrizando en las
realidades y alejándose de los dogmas.
