jueves, 13 de julio de 2023

Comercio exterior chino cayó 6 % en junio en su variación anual

El Comercio exterior chino cayó 6% en el mes de junio en su variación anual.

En el acumulado del primer semestre, los intercambios comerciales entre China y el resto del mundo aumentaron un 2,1 %

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Comercio exterior chino cayó 6 % en junio en su variación anual

El valor denominado en yuanes de los intercambios comerciales entre China y el resto del mundo cayó un 6 % interanual en junio, según datos oficiales publicados hoy por la Administración General de Aduanas del país asiático.

En el sexto mes de 2023, los intercambios con otros países sumaron unos 3,49 billones de yuanes (486.570 millones de dólares, 436.643 millones de euros).

En concreto, las exportaciones descendieron un 8,3 % frente al mismo mes del año anterior hasta los 1,99 billones de yuanes (277.542 millones de dólares, 249.066 millones de euros).

Por su parte, las importaciones hicieron lo propio en un 2,6 % y se situaron en unos 1,5 billones de yuanes (209.022 millones de dólares, 187.561 millones de euros).

Así pues, el superávit comercial chino cerró junio en unos 491.250 millones de yuanes (68.525 millones de dólares, 61.490 millones de euros), una reducción de un 24,4 % frente al registrado un año atrás. 

En el acumulado del primer semestre, los intercambios comerciales entre China y el resto del mundo aumentaron un 2,1 %, con las exportaciones repuntando un 3,7 % interanual y las importaciones bajando un 0,1 %.

Pese al dato de junio, la prensa oficial quiso destacar hoy que los guarismos de la primera mitad del año marcan la primera ocasión en la que el comercio exterior chino supera los 20 billones de yuanes (2,79 billones de dólares, 2,5 billones de euros) en el período enero-junio.

Aduanas también presentó este jueves los datos del comercio exterior denominados en dólares, utilizados como referencia por los analistas internacionales y que habitualmente presentan divergencias frente a los divulgados en la divisa china debido a las fluctuaciones de los tipos de cambio. 

En la moneda estadounidense, los intercambios entre China y el resto del mundo se contrajeron un 10,1 % interanual en junio, con las exportaciones cayendo más (-12,4 %) que las importaciones (-6,8 %).

Las cifras son peores de lo esperado por los expertos, que pronosticaban una bajada del 9,5 % en el caso de las ventas al exterior y del 4 % en el de las compras de bienes extranjeros.

En el global del semestre, el comercio denominado en dólares refleja una bajada global del 4,7 %, aunque en el acumulado hasta junio son las importaciones las que experimentan un descenso mayor (-6,7 %) que las exportaciones (-3,2 %).

LOGOS

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LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN COLOMBIA. Por Amylkar D. Acosta M

Este es el panorama: 

En Colombia, el 30% de la población se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria moderada o severa. 

Es decir, 15.5 millones de personas no tienen acceso a alimentación adecuada y tienen dificultades para cubrir sus necesidades básicas, por lo que deben recurrir a estrategias de consumo insostenibles y enfrentar condiciones de escasez de alimentos, hambre y malnutrición. 

Colombia ocupó el puesto 64 entre 113 países en el Índice de seguridad alimentaria en 2022, así andamos de mal.

Esto lo podemos leer en este último escrito que nos envía Amylkar Acosta.

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LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN COLOMBIA 

Por Amylkar D. Acosta M 

La seguridad alimentaria consta de tres elementos esenciales: el primero es la

disponibilidad de los alimentos, el segundo el acceso a los mismos y tercero la estabilidad o sustentabilidad, entendida esta como la garantía del primero y el segundo a lo largo del tiempo, que no sea intermitente.

Como lo veremos la seguridad alimentaria, más que un problema de disponibilidad de alimentos es un problema de acceso a los mismos y este está determinado por el nivel de ingresos, el cual a su vez está correlacionado con el empleo.

Según el director del Programa mundial de alimentos (PMA) de las Naciones

Unidas para Colombia Carlos Scaramella, “en Colombia el 30% de la población se

encuentra en una situación de inseguridad alimentaria moderada o severa, es decir,

15.5 millones de personas no tienen acceso a alimentación adecuada y tienen

dificultades para cubrir sus necesidades básicas, por lo que deben recurrir a

estrategias de consumo insostenibles y enfrentar condiciones de escasez de

alimentos, hambre y malnutrición”. Colombia ocupó el puesto 64 entre 113 países

en el Índice de seguridad alimentaria en 2022, así andamos de mal.

Aquí hagamos una digresión para subrayar el hecho de que la soberanía alimentaria de Colombia es muy precaria, habida cuenta que el 35% de los alimentos que se consumen en Colombia son importados y los que se producen en el país, tienen una alta dependencia de la importación de insumos agropecuarios. Y

lo más grave es que esa dependencia es creciente: de 700 mil toneladas de

alimentos que se importaron en 1991 se pasó a importar 14 millones de toneladas

el año anterior. En ello ha influido mucho la apertura hacia adentro que se decretó

por aquellas calendas en la administración de Cesar Gaviria (1990 – 1994), que

llevó a reducir el área sembrada entre 1990 a 1999 en 936.255 hectáreas (25%).

Esta situación se agravó con la negociación atolondrada de los tratados de libre

comercio (TLC), dejando desguarnecido el campo colombiano.

Al desagregar las cifras se observa que los departamentos con mayor prevalencia

de los altos índices de inseguridad alimentaria son los de la región Caribe,

encabezados por Córdoba (70%), Sucre (63%), Cesar (55%), Bolívar (51%) y La

Guajira (50%). Las dos regiones del país en las que se concentra el mayor número

de hogares en condición de inseguridad alimentaria son el Caribe y el Pacífico con

el 40% en promedio. No es coincidencia que sean estas dos regiones las que

registran los más altos índices de pobreza, desempleo e informalidad laboral. Ello

en razón de que el desempleo y la informalidad se traducen en la precariedad del

ingreso y esta afecta el poder adquisitivo y en consecuencia el acceso a los

alimentos.

La violencia, los conflictos sociales y sus secuelas, como el desplazamiento forzado

y el confinamiento, también han contribuido a exacerbar la inseguridad

alimentaria, la desnutrición y el hambre en el país. 50% de los hogares que han

sido víctimas del conflicto armado padecen inseguridad alimentaria, en contraste

con el promedio del 28% de aquellos que no lo han padecido. Lo propio puede

afirmarse de los migrantes, que en una proporción que oscila entre el 52% y el 73%

se ven afectados por la inseguridad alimentaria y de contera también en tratándose

de las etnias indígenas y afrodescendientes.

La tendencia de esta tragedia humanitaria es hacia el agravamiento, dada la constatación de que el 35% de los hogares en Colombia disminuyeron sus ingresos en los últimos 12 meses, que casi la mitad de estos (46%) tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza nacional, al tiempo que el 51% de las familias tuvieron que reducir el tamaño de las porciones de alimentos y otro 42% el número de comidas al día. Según la última medición de la Encuesta Pulso social del DANE, en diciembre de 2022, el 73.5% de los hogares colombianos (6.2 millones) comen en promedio 3 veces al día, 15.4 puntos porcentuales por debajo de diciembre de 2019. De hecho, según el mismo Informe del PMA, en Colombia el 40% de la población consume dos o menos comidas al día, más de la mitad de los hogares tuvo que reducir la porción de las comidas y el 67% de los hogares tuvo que utilizar una estrategia para afrontar el hambre”.

El colmo de esta preocupante situación es que la inseguridad alimentaria, la

malnutrición, la desnutrición y el hambre en Colombia se han ensañado en la niñez.

Según datos del Instituto Nacional de Salud (INS) en el 2022 se presentaron 21.337

casos de desnutrición aguda en menores de 5 años y 309 niños murieron a

consecuencia de la desnutrición, 111 más que los registrados en 2021.

La afectación de la niñez por la inseguridad alimentaria, la desnutrición, la malnutrición y el hambre es tanto más preocupante en cuanto que en esta etapa, los primeros mil días de existencia de la niñez son críticos, lo que se haga o se deje de hacer durante esta fase de su crecimiento es decisivo para su formación y desarrollo posterior, de ello debemos ser conscientes. El mayor desarrollo del cerebro, del lenguaje, de la motricidad y del pensamiento abstracto que caracteriza al ser humano se dan justo en esta etapa, que es irrepetible. Lo que se quiera hacer después, tratando de suplir lo que se dejó de hacer ya es demasiado tarde, el daño está hecho. Según la Fundación Éxito, “los estudios evidencian que un niño con desnutrición crónica antes de los 5 años pueden tener en la edad adulta 14 puntos menos de coeficiente intelectual, 5 años menos de educación y 54% menos de salario que uno que no padeció la enfermedad. En otras palabras, será un adulto con grandes desventajas”. Así empieza y se perpetúa la desigualdad de trayectoria que se manifiesta en la trampa de la pobreza y la imposibilidad de nivelar la cancha que, además, tiene piso pegagoso.

Riohacha, julio 8 de 2023

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