El
gobierno del presidente Gustavo Petro no la tiene fácil…
Se
necesita cambios de fondo, de acuerdo a lo que nos comenta en su columna en El
Heraldo el exministro de hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas.
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¿MODERACIÓN O RADICALIZACIÓN?
La gran debilidad de la reforma es la ausencia de un mecanismo que garantice que el Gobierno ahorra lo suficiente para pagar las mayores mesadas pensionales que tendrá que asumir en el futuro. Por MAURICIO CÁRDENAS

Después del hundimiento de la reforma política, y de los pasos en falso de
la reforma a la salud, la gobernabilidad de la administración Petro está
seriamente comprometida. Si el Presidente quiere mantener la coalición que lo
respalda tendrá que hacer cambios de fondo. De lo contrario, nos espera un
Gobierno radicalizado en su discurso, pero inefectivo en sus resultados.
Es posible que algunos miembros del Gobierno consideren que no hace falta
llegar a grandes acuerdos con el Congreso, pues el cuarto poder –el poder de la
calle– vendrá a su rescate para ejercer presión sobre los poderes legislativo y
judicial.
¿Cuál de los dos caminos es el que nos espera? ¿Las instituciones acabarán
moderando al presidente, o este buscará impulsar su agenda por fuera de las
reglas de juego convencionales?

Afortunadamente, las condiciones están dadas para que el sistema de pesos y
contrapesos se imponga y el Gobierno modifique sus propuestas.
Si el Presidente decide apelar al poder de la calle, el tiro puede salir
por la culata. La mezcla de desaceleración económica, inflación y altas tasas
de interés ya le está pasando cuenta de cobro a su favorabilidad. Además, con
la Paz Total haciendo agua, está perdiendo una de sus principales banderas
políticas, en medio de una percepción generalizada de inseguridad. En estas
condiciones, las movilizaciones, en vez de apoyar al Gobierno, pueden volverse
en contra.
Esto quiere decir que el único camino viable es el de la moderación. Su
cuota inicial es el replanteamiento de la reforma a la salud. El expresidente
Gaviria, quien estando dentro de la coalición ha sido su más formidable
crítico, tiró el salvavidas diciendo que presentará una nueva versión en la
siguiente legislatura. La realidad es que no se requiere una ley para mejorar
el sistema: las facultades incluidas en el Plan de Desarrollo permitirían crear
los centros de atención primaria, eso sí como un complemento a las EPS y no
como su reemplazo.

Esto despejaría el camino para avanzar con la reforma pensional, no sin
antes hacerle grandes ajustes. El sistema de pilares propuesto es deseable y
puede constituir un avance importante. Lo mismo puede decirse del apoyo con
$223.000 mensuales a 2,6 millones de adultos mayores en condiciones de
indigencia, financiado en parte --como lo propone el proyecto-- con
contribuciones adicionales de quienes tienen ingresos o pensiones superiores a
10 millones de pesos por mes. Más que criticar al pilar solidario por su costo
fiscal, lo que se debería debatir es qué programas de gasto se deben recortar o
qué esfuerzos se deben redoblar para reducir la evasión tributaria para
financiarlo. Este pilar es un ejemplo de una política social progresiva en su
mejor versión.
Los principales ajustes que requiere el proyecto tienen que ver con el
pilar contributivo que administrará Colpensiones, donde los beneficios exceden
las contribuciones. La ley debería establecer que este pilar –que por diseño
será subsidiado– reciba aportes correspondientes a ingresos hasta 1,6 y no 3
salarios mínimos, como propone el proyecto. Las ventajas de este cambio, que no
es menor, son múltiples.

El sistema resultante sería más sostenible fiscalmente
y más progresivo en términos distributivos. Además, se sustraerían menos
recursos del mercado de capitales, algo trascendental para el crecimiento
económico. Y, lo más importante, los subsidios otorgados a través de
Colpensiones se concentrarían en asegurar una pensión equivalente a un salario
mínimo. Estirando la pita, para lograr un acuerdo político, se podría proponer
a partir de dos salarios mínimos las cotizaciones vayan a las cuentas
individuales en las AFP. Ese sería un buen equilibrio.
Finalmente, la gran debilidad de la reforma es la ausencia de un mecanismo
que garantice que el Gobierno ahorra lo suficiente para pagar las mayores
mesadas pensionales que tendrá que asumir en el futuro. La ley debe ser
taxativa en que los recursos del Fondo de Ahorro del Pilar Contributivo son
exclusivamente para honrar las pensiones y no para financiar otros gastos. Este
es el principal ajuste que debe introducirse, si la moderación se impone.
mauriciocardenas