lunes, 7 de mayo de 2018

RADAR 9159, mayo 7-2018 -lunes-


RADAR 9159, mayo 7-2018 -lunes-
 
TITULARES

El presidente Juan Manuel Santos realizó la Rendición de Cuentas del Ministerio TIC en el Malecón Puerta de Oro.
Estuvo acompañado del ministro -E- de las Tic, Juan Sebastián Rozo…

Hemos avanzado mucho en tecnología para el Departamento del Atlántico, dijo el gobernador Eduardo Verano. Resaltó que el departamento está al día en ese tema. Lo que falta es poco para que esa tecnología llegue a las casas. 


El ministro de de Tic, Juan Sebastián Rozo explicó que en 2010, Colombia tenía 2.700 conexiones y hoy llegamos a 30.000. La tecnología nos ha ido llegando y vendrá más...

La jornada electoral estuvo marcada por el abstencionismo.

El Instituto Nacional de Vías (Invías) presentó el balance de gestión.

Elecciones presidenciales mayo-junio de 2018
Anif evaluó recientemente los resultados de las elecciones parlamentarias de marzo de 2018. Allí encontramos que dichas elecciones reforzaron la polarización del plebiscito por la Paz y a favor del NO.

Secretaría de la Can acusó al país de violar programa de liberación

Estas y otras noticias pasan por aquí por el RADAR

 
AMPLIACIÓN:
¿Dónde está el man?
El próximo sorteo de Baloto será el próximo 9 de mayo e inicia con un acumulado de $4.000 millones.

GECELCA

domingo, 6 de mayo de 2018

Venezuela. El Gobierno anunció el tercer aumento del año al salario mínimo. Lo fijó en un millón de bolívares.

Hay que ser bien miserable, ignorante, atrevido (“la ignorancia es atrevida”, dice los que saben), para presentar esta foto como si fuera la mejor noticia para los venezolanos.

“Subimos el salario mínimo”. Tiene arrojo ese muchacho…
Y debe ser un muchacho (mentalmente), para pretender que el resto del mundo desconozca que el salario mínimo en Venezuela es una miseria.

¡Qué vaina que ese pueblo se tenga que “chupar” un presidente como Maduro!, que insisto, no ha alcanzado a madurar…

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1

En Venezuela, nuevo mínimo alcanza para 2 perros y un refresco
El Gobierno anunció el tercer aumento del año al salario mínimo. Lo fijó en un millón de bolívares. 

El presidente Nicolás Maduro anunció el tercer incremento en el salario mínimo, acompañado del vicepresidente, Tarek El Aissami. Foto: Cristian Hernández. Efe

Por: VALENTINA LARES MARTIZ
06 de mayo 2018 

Trabajar un mes para comprar un par de perros calientes y una gaseosa en la calle. Para eso es todo lo que sirve el nuevo salario mínimo básico de un millón de bolívares anunciado el primero de mayo por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
 
 
El “salario integral”, que incluye una bonificación por alimentación y llega a los 2,5 millones de bolívares, apenas suma 3 dólares en el mercado paralelo de divisas, monto que difícilmente alcanza para comprar algo más nutritivo: esta semana el kilo de carne superó los dos millones de bolívares; el queso, el millón y medio; y un litro de leche alcanzó los 400.000 bolívares. El café con leche de las mañanas en la panadería más cercana es el nuevo lujo, entre 100.000 y 200.000 bolívares, cuando hay.

El mensaje del mandatario, lejos de aliviar el bolsillo de los venezolanos, trajo consigo un verdadero impulso a los precios de casi todos los bienes y servicios del país –especialmente alimentos, bebidas y medicinas– que vieron un aumento de prácticamente el doble durante las últimas dos semanas.
El golpe lo refleja la empresa de análisis económico venezolano Econométrica, que publicó un informe el viernes en el que da cuenta de que solo durante abril de este año la inflación en el país aumentó un 84,2 por ciento. “La variación interanual de la inflación (entre abril del 2017 a abril del 2018) alcanzó por primera vez los cinco dígitos y se ubicó en 13.212 por ciento”, añadió la firma.

El número se queda corto si se compara con el resultado de Steve Hanke, experto en inflación de la Universidad Johns Hopkins, que calcula diariamente este índice en Venezuela y que advirtió la semana pasada al diario 'El Nuevo Herald' que la inflación de los precios alcanzó el 17.968 por ciento, según sus cálculos.

La Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional es la única institución del Estado venezolano que calcula y publica el índice de inflación ante la falta de transparencia del Banco Central de Venezuela (BCV). Hasta marzo, la inflación anualizada llegaba al 8.878 por ciento.

A pesar de ser un mandato constitucional, desde diciembre del año 2015 el BCV no publica el Índice Nacional de Precios al Consumidor (indicador de la inflación), mientras el régimen de Maduro insiste en que el desastre económico se debe a presiones externas sobre el país –al mantra de la “guerra económica” añade ahora el de las sanciones de Washington– y trata de empujar la instalación de un nuevo cono monetario.

Según decreto presidencial, a partir del martes pasado todos los precios en el país deben marcarse en “bolívar soberano”, eliminando tres ceros al llamado “bolívar fuerte”. Pero en la práctica, y en medio de una economía en caos, esa medida no la ejecutan ni los bancos.

Mientras cada día se pierde el valor del bolívar a un ritmo más acelerado que los aumentos decretados por el Gobierno, se profundiza la brecha de la pobreza.
 
La protección del dólar
El diputado José Guerra, exdirectivo del BCV, coincide con los economistas que culpan de la presión inflacionaria a la inyección de dinero inorgánico en la economía venezolana –el diputado contabiliza un aumento de la masa monetaria en 5.400 por ciento– y a que prácticamente todas las importaciones se están haciendo con dólares “negros” ante la anulación de adquisiciones por parte del Estado venezolano con dólar al precio oficial, cien veces por debajo del precio al que se transa en el mercado paralelo.

Antes de que la inflación alcanzara los cinco dígitos, Manuel trataba de comprar suficientes salchichas para su venta de perros calientes en la calle, en Chacaíto, centro neurálgico de la populosa Caracas.

El encarecimiento sostenido de los precios, durante el último año, se tradujo en una afluencia mayor de clientes, gente buscando algo barato para comer quizá su única comida del día. Pero al ascenso siguió una caída, y al aumentar otra vez el precio del producto, el flujo de clientes ha disminuido pavorosamente.

“Ahora la gente pasa hambre y rinde la poca plata como sea. Apenas alcanza para comprar yuca o plátano. Yo entiendo, pero yo no puedo cobrar menos”, dice el vendedor, quien advierte que con los aumentos de las últimas semanas apenas le alcanza para reponer la mercancía. “Vamos a ver qué pasa”, dice esbozando una sonrisa que le ayuda a soportar la incertidumbre.

Quienes están sorteando la crisis de algún modo son las personas que reciben alguna remesa que le envían familiares desde el extranjero. Marta, quien plancha camisas en algunos apartamentos al sur de la ciudad, recibe 20 dólares que le envía su hija mayor desde Perú –allá donde migró hace seis meses y donde trabaja como mesera– y con eso compra comida para sus otros cuatro hijos. “Hasta el año pasado al menos podía sobrevivir, comprar alguna proteína al menos una vez a la semana, ahora si no fuera por mi hija creo que estaríamos muertos de hambre”.

Los 20 dólares significaron para Marta en marzo 4 millones de bolívares al cambiarlos a 200.000 bolívares en el mercado paralelo, el cual ha transmutado de un mercado dominado por empresas que cambiaban grandes sumas de dinero a uno donde el menudeo –cambio de 10, 20, 50 y a lo sumo 100 dólares– es la norma gracias a las remesas que envían los cientos de miles de venezolanos desde el extranjero.

Al cierre de esta edición, los 20 dólares de Marta significarán 12 millones de bolívares, con los que escasamente podrá cubrir la canasta alimentaria mensual, valorada en 63 millones.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
CARACAS