sábado, 10 de diciembre de 2011

De Fabio Montoya: Felíz Navidad

 

LA VIDA ES UNA FIESTA DE ALEGRÍA CUANDO SÓLO ESPARCIMOS OPTIMISMO Y AMOR EN LOS AMBIENTES EN QUE VIVIMOS.

FELIZ NAVIDAD
 Y AUGURIOS PORQUE  2012,
 COLME TODAS NUESTRAS SANAS EXPECTATIVAS.

FABIO: CON PERSISTENCIA

Profesor renuncia porque sus alumnos no saben escribir

Cuando Lucía me dijo ayer: “lee un escrito que salió en El Tiempo… creo que fue ayer –el 8 de diciembre-, dónde un profesor se queja de sus estudiantes y se duele porque no pudo con ellos. Y renunció de su cátedra”.

E insistió: “Léelo que es bien interesante”.

Lucía tenía razón. Y se lo debo agradecer, porque es un tema que nos toca directamente a los periodistas y comunicadores.

Pero también a los otros profesionales de las otras ramas. A abogados, ingenieros, arquitectos, médicos y contadores. A todos, definitivamente. A toda la sociedad, porque tiene que ver con nuestr@s hij@s también.

Lo bueno es que les pueda servir a muchos, especialmente a quienes le tienen “temor”, “apatía” “susto” a expresar con palabras lo que sienten en sus corazones. Hay personas que se expresan muy bien, pero cuando les toca contar esas mismas cosas a través de un escrito, se les complica la vida.

Degustar un buen escrito es mejor que tomarse una cerveza, comer un pudín o comerse un chicarrrón.

Una vez me encontré en un estante de una librería de “Pica Pica”, en Barranquilla, Colombia, el libro 'Las tribulaciones de un Chino en China', de Philippe de Broca (1965), y desde que empecé a leerlo me impacté. Tanto que fui a clases a la Universidad Autónoma –era estudiante de Comunicación Social, 2º semestre- y uno de mis compañeros-Víctor- se puso a leerlo también y quedó fascinado y me pidió que se lo prestara y le prometí que al día siguiente se lo entregaba para que los comentáramos en la semana. Y lo logramos, porque nos agradaban las historias… en dos días lo devoré y Victor hizo lo mismo... Lo triste fue que Victor salió más listo y nunca me lo devovió (eso no lo hagan nunca... no aprendan a robar, no es buena práctica) y después apareció con un libro nuevo que nunca toqué, a pesar de que le acepté el regalo desencantado.

¿Eso de la lectura se habrá perdido entre nuestros jóvenes?

Excelente tema del que saldremos bien fortalecidos, para mejorar nuestra escritura.

LuisEmilioRadaC

Pd: el profe...

Profesor renuncia a su cátedra porque sus alumnos no escriben bien

Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.

 

Camilo Jiménez, periodista y profesor de Comunicación Social de la Javeriana, renunció a su cátedra.

Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen, un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, en el que se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito -ortografía, sintaxis- y se cuidaran las mínimas normas: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. Era solo componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.


No voy a generalizar. De 30, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos en sus 20 años no pudieron, en cuatro meses, escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro. Estudiantes de Comunicación Social entre su tercer y su octavo semestre, que estudiaron doce años en colegios privados. Es probable que entre cinco y diez de ellos hubieran ido de intercambio a otro país, y que otros más conocieran una cultura distinta a la suya en algún viaje de vacaciones con la familia. Son hijos de ejecutivos que están por los 40 y los 50, que tienen buenos trabajos, educación universitaria. Muchos, posgraduados. En casa siempre hubo un computador; puedo apostar a que al menos 20 de esos estudiantes tiene banda ancha, y que la tele de casa pasa encendida más tiempo en canales por cable que en señal abierta. Tomaron más Milo que aguadepanela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero.
Por supuesto que he considerado mis dubitaciones, mis debilidades. No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas; a lo más, vemos una o dos en todo el semestre. Quizá, ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles una presentación con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de hacer que lean A sangre fría. Quizá, no debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras, sino de tres cuartillas, mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.
De esas limitaciones y dubitaciones, quizá, vengan las pocas y tibias preguntas de mis estudiantes este último semestre, sus silencios, su absoluta ausencia de curiosidad y de crítica. De ahí, quizá, vengan sus párrafos aguados, con errores e imprecisiones, inútilmente enrevesados, con frases cojas, desgreñadas. Esos párrafos vacilantes, grises, que me entregaron durante todo el semestre. Pareciera que estoy describiendo a un grupo de zombis. Quizá, eso es lo que son. Los párrafos, quiero decir. 
El curso se llama Evaluación de Textos de No Ficción y pertenece a la línea de Producción Editorial y Multimedial de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Javeriana. En cuanto a lecturas, siempre propuse piezas ejemplares en los géneros más notorios de la no ficción: crónica, perfil, ensayo, memorias y testimonios. A partir de clásicos nacionales y extranjeros, los estudiantes componían escritos como los que debe elaborar un editor durante su ejercicio profesional. Primero, un resumen: todos los textos de los editores son breves, o deberían serlo -contracubiertas, textos de catálogo, solapas, etcétera-. Una vez que la mayoría hubiera conseguido un resumen pertinente y económico, pasábamos a escritos más complejos: notas de prensa y contracubiertas, para terminar con un informe editorial o una reseña.
En el centro de todo el programa estaban la participación y la escritura de textos breves a partir de otro texto mayor. Insistí siempre en la participación en clase para fomentar actividades que noto algo empañadas en la actualidad: la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación.

El otro concepto transversal, la economía lingüística, buscaba mostrarles la importancia de honrar la prosa. Si uno en 100 palabras debe sintetizar un libro de 200 páginas, debe cuidar cada palabra, cada frase, cada giro. En últimas, la palabra escrita les dará de comer a estos estudiantes cuando sean profesionales, no importa si se desempeñan como editores de libros, revistas o páginas web, como periodistas o como profesores e investigadores.
Los estudiantes de este último semestre, y los de dos o tres anteriores, nunca pudieron pasar del resumen. No siempre fue así. Desde que empecé mi cátedra, en 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar. Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía y espíritu crítico.
Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. "Esos gorditos de más". El mensaje en el Blackberry.
Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño: a los 20 años, fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. Quería ver tetas, e hice cosas de las que ahora no me enorgullezco por tocarlas. Empeñé mucho, mucho tiempo en eso. Pero leía.
No sé. En esos tiempos lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar. Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos veinteañeros alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google.

Es cándido echarle la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. A los colegios, que se afanan en el bilingüismo, sin alcanzar un conocimiento básico de la propia lengua. A los padres que querían que sus hijos estuvieran seguros, bien entretenidos en sus casas. Es cándido culpar al "sistema". Pero algo está pasando en la educación básica, algo está pasando en las casas de quienes ahora están por los 20 años o menos.
Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.

Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis. Ya veremos qué pasa dentro de unos pocos años, cuando estos veinteañeros de ahora tengan 30 y estén trabajando en editoriales, en portales y revistas. Por ahora, para mí, ha llegado el momento de retirarme. Al tiempo que sigo con mis cosas, voy a pensar en este asunto, a mirarlo con detenimiento. Pongo el punto final a esta carta de renuncia con un nudo en la garganta.

Camilo Jiménez
Especial para EL TIEMPO

viernes, 9 de diciembre de 2011

Europa logra acuerdo fiscal

Europa logra acuerdo fiscal sin el apoyo de Gran Bretaña 

Los dirigentes europeos alcanzaron este viernes un acuerdo para reforzar la disciplina fiscal en la Eurozona, celebrado por los mercados, pero no logró el apoyo de Gran Bretaña, que se quedó aislada al rechazar el plan impulsado por Francia y Alemania.
"Salvo uno, todos los países de la UE están considerando participar" en el pacto hacia una nueva unión fiscal europea, dijo el jefe de la UE, Herman Van Rompuy al término de la cumbre.
La que muchos definían como la "cumbre del todo o nada" logró "buenos resultados" estimaron el Banco Central Europeo (BCE), Francia y Alemania tras diez horas de negociaciones.
Las principales bolsas europeas celebraron el acuerdo con notables alzas: el principal índice de la Bolsa de Londres, el Footsie-100, ganó 0,83% a 5.529,21 puntos. El CAC 40 de París ganó 2,48%, el índice DAX de Fráncfort subió 1,91%, el El IBEX 35 de Madrid ganó 2,23% y el índice FTSE Mib de Milán avanzó 3,37%.
Pero la maratónica cumbre, que concluyó este viernes de madrugada, estuvo también marcada "por grandes desacuerdos", según dijo Gran Bretaña que rechazó cambiar los tratados para lograr la reforma ambiciosa de Europa, impulsada por Alemania.
"Hubiéramos preferido un acuerdo de 27" países de la Unión Europea, dijo el mandatario francés Nicolás Sarkozy. "Pero no fue posible debido a nuestros amigos británicos", explicó. Ahora se hará de forma "intergubernamental", debiendo tener que ser ratificado por los 17 miembros de la Eurozona, sumado a nueve países de la UE que no adoptaron al euro, sin tener que reformar los tratados, añadió.