sábado, 4 de junio de 2016

Se fue Cassius. La Medalla de Muhammad Alí, por Alberto Salcedo Ramos

¡Se fue el mejor!
Murió Alí, como nos iremos todos de este mundo. La diferencia entre él y nosotros, es que fue el mejor boxeador que hemos visto en todo el tiempo en el hemos vivido. Él hizo con sus puños lo que le dio la gana. Golpeó a los mejores y se mofó de ellos. Siempre dejando una huella indeleble en la historia del boxeo y de la comunidad internacional.

Nos gozamos sus combates. Lo respetamos siempre. Entendimos lo que gritaba a todo pulmón. Compartimos sus tristezas. Y acompañamos a los negros en su lucha por su liberación.

Por eso el día que ganó Barack, hicimos fiesta.
Y también la volvimos a hacer cuando el pueblo norteamericano lo mantuvo en el poder al reelegirlo.

Se puede ir tranquilo Muhammad, porque será recordado siempre.

RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
Pd: me gustó esta nota de Alberto…
LA MEDALLA DE MUHAMMAD ALÍ

  • LA MEDALLA DE MUHAMMAD ALÍ |
    LA MEDALLA DE MUHAMMAD ALÍ |
Por ALBERTO SALCEDO RAMOS | Publicado el 28 de julio de 2012 
Una cosa es ver hoy películas sobre la segregación racial en Estados Unidos, y otra cosa es haberla padecido en carne propia, Muhammad, como te sucedió a ti.

Ya a los cinco años, en tu natal Louisville, notaste la exclusión. Una tarde le preguntaste a tu padre por qué todas las personas que tenían propiedades y ocupaban cargos importantes eran blancas. Tu padre solo se encogió de hombros, así que tú le replanteaste la pregunta.

- Entonces, ¿qué hacen los negros, papá?

Tú mismo encontraste muy pronto la respuesta: los negros fregaban inodoros, limpiaban caballerizas. Y encima, eran víctimas de fanáticos empeñados en exterminarlos. No tenían acceso ni a las universidades ni a los parques de recreación, y para jugar béisbol profesional debían afiliarse a la humillante organización que les crearon los blancos: las Ligas Negras.

Fuiste un atleta superdotado: medalla de oro olímpica a los dieciocho años, campeón mundial a los veintidós. Pero lo mejor es que tú, a diferencia de los demás boxeadores, no decidiste subir al ring para matar el hambre sino para hacerte oír. Te reinventaste a partir de la locuacidad porque, sagaz como eres, descubriste que “la gente no soporta a los charlatanes pero siempre los escucha”.

Aún después de ganar la medalla olímpica seguiste siendo despreciado por los mandamases de Kentucky. Una noche te tocó llevar a tu novia a comer galletas y atún enlatado en la tienda, porque en ningún restaurante te abrieron las puertas.

Aunque los pergaminos deportivos no te sirvieran para acceder a los derechos más elementales, sí podían ayudarte, como tú mismo lo dijiste, “a ser negro de otra manera”. Te cambiaste el nombre de pila, Cassius Clay, porque lo sentiste como un rótulo de mercadería puesto por los esclavistas. Te negaste a prestar el servicio militar, dijiste que no irías a Vietnam a matar a nadie en nombre de un país -el tuyo- que escupía sobre ti y sobre tus hermanos.

Te despojaron de la corona, te alejaron del ring durante tres años y medio que habrían sido, quizá, los de mayor esplendor. Hubieras podido acomodarte al establecimiento y seguir ganando millones, pero tuviste las agallas suficientes para poner tus convicciones por encima de tu necesidad de supervivencia. Sin más armas que un par de puños y una boca grande que ningún poderoso pudo silenciar, marcaste un hito en la lucha de los derechos civiles.

Larry Holmes, excampeón mundial, dijo en cierta ocasión: “Es duro ser negro. ¿Has sido negro alguna vez? Yo fui negro… cuando era pobre”. Tú, en cambio, como lo sentenció el poeta LeRoy Jones, jamás utilizaste la notoriedad para convertirte en un blanco honorario.

Le diste a tu oficio de pobre una dimensión política extraordinaria. Por eso ahora, cuando celebras los setenta años, el mundo te nombra con respeto. Ayer un periodista deportivo recordaba que la medalla de oro que ganaste en los Juegos Olímpicos del 60 se extravió. No estoy de acuerdo con él, ¿sabes?: yo aún puedo verla brillar en tu cuello de campeón.
RADAR  
Aprovechemos esta oportunidad para colgar esta otra nota que amplía un poco más esa historia de Cassius Clay:
Con Ali desaparece más que uno de los tres o cuatro miembros del panteón de los deportes norteamericano, tres veces campeón mundial de los pesos pesados y campeón olímpico a los 18 años: desaparece un icono de este país, una de estas figuras que sirve para explicar qué significa ser estadounidense, un hombre controvertido cuya trayectoria, desde los desgarros sociales de los años sesenta a la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca en 2009, define la historia reciente de EE UU.
                                                                                                                                                                       
Pese a el declive de su salud, hasta el final no dejó de intervenir en el debate público. En diciembre, después de que el candidato republicano a la Casa Blanca Donald Trump anunciara su plan para vetar la entrada a Estados Unidos de musulmanes, Ali dijo: “Nosotros, como musulmanes, debemos enfrentarnos a quienes quieren usar el islam para imponer su agenda personal”.

Ali, nacido con el nombre de Cassius Clay en Louisville (Kentucky) en 1942, fue un negro golpeado por las humillaciones de la segregación que proclamó su identidad con orgullo. Un deportista locuaz que exhibía su ego sin modestia: “¡Soy el mejor! ¡Soy el mejor! Soy el rey del mundo”, dijo cuando ganó el campeonato mundial contra Sonny Liston. Un activista más cercano al estilo desafiante de Malcolm X que al ecumenismo de Martin Luther King en la defensa de los derechos civiles de los negros. Un héroe deportivo que se convirtió a una religión extraña para la mayoría de sus conciudadanos. Influido por las enseñanzas del grupo religioso Nación del Islam, adoptó el nombre de Muhammad Ali y eligió él mismo, descendiente de esclavos anónimos, su propio nombre y religión. "No quiero ser lo que vosotros queréis que sea”, decía.
Su oposición a la guerra del Vietnam no fue sólo retórica: rechazó el reclutamiento obligatorio, fue sentenciado a cinco años de prisión y perdió el derecho a boxear. “El cong [por Vietcong, los vietnamitas que luchaban contra Estados Unidos en la guerra] no me llama nigger’”, dijo. Nigger es la palabra más peyorativa usada para designar a los estadounidenses de origen africano.
Medio Estados Unidos le detestaba; medio mundo le adoraba. “En los próximos meses no hay duda de que los hombres que gobiernan en Washington intentarán dañarte de la manera que puedan, pero estoy seguro de que sabes que has hablado en nombre de tu pueblo y de los oprimidos en todo el mundo, en valiente desafío del poder americano”, le escribió el filósofo Bertrand Russell. El Tribunal Supremo le dio la razón en 1971 como objetor de conciencia, y pudo regresar al cuadrilátero, donde participó y venció en dos combates extravagantes y legendarios: el Rugido de la selva en Zaire (actual Congo), en 1974 contra George Foreman; y, al año siguiente, en Manila (el combate conocido como Thrilla in Manila), contra Joe Frazier.
A principios de los ochenta se retiró y poco después los médicos le diagnosticaron el Parkinson. Inició una etapa dedicada a las causas humanitarias. Con los años, el polarizador se convirtió en una figura de consenso, celebrado por blancos y negros, a derecha e izquierda. George W. Bush le condecoró.
“¿Quién podría haber predicho a finales de los años sesenta, cuando Muhammad Ali era vilipendiado por la prensa deportiva y por la mayoría de la América blanca como un racista negro, un agitador bocazas, que se convertiría en la elección obvia para encender la antorcha en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, como un símbolo del entendimiento, la paz y el amor internacional?”, escribió en 1998 el escritor Budd Schulberg, autor de la novela de boxeo Más dura será la caída, que inspiró la película protagonizada por Humphrey Bogart.
Cuando iniciaba su carrera política, en su oficina electoral de Chicago, Barack Obama tenía una fotografía de Muhammad Ali en un combate con Sonny Liston. No era casualidad. “Muhammad Ali representaba algo más que boxeo. Tenía un sentido político, el sentido de un orgullo afroamericano que se afirma a sí mismo”, dijo hace unos años, en una entrevista con este corresponsal, David Remnick, autor de las que seguramente sean las mejores biografías de Ali y de Obama.
Como Obama, que creció en una familia blanca y asumió su identidad negra de adulto, Ali también buscó y encontró su identidad. “Cassius Clay no quería ser Cassius Clay. No quería ser un luchador obediente y tradicional de la era de la segregación", dijo Remnick. "Quería ser algo distinto. Eligió la Nación del Islam, eligió otro nombre, eligió unas ideas políticas que, para ser justos, él sólo entendía ligeramente”.
Ali, como Obama, fue una figura esencialmente americana: un icono negro en un país todavía enfermo de racismo, un hombre que creó su identidad, un hombre libre.

viernes, 3 de junio de 2016

RADAR. 8747. Junio 2-2016 –jueves-



RADAR. 8747. Junio 2-2016 –jueves-

TITULARES

Valorem perdió $12.175 millones en el primer trimestre

SIC declaró que Claro incurrió en competencia desleal contra Movistar y Tigo


“Barranquilla, ejemplo nacional de compromiso con primera infancia”: ICBF



Bayer insiste en su intento de comprar Monsanto: logra una línea de financiación 
de US$67.000 millones
La reforma tributaria es fundamental para corregir el déficit en cuenta corriente: José Darío Uribe, Banrepública

El ciclo alcista de tasas está "mucho más cerca" a su fin: Vallejo, codirector del Banco de la República de Colombia

Opep no frenará alza de precios del crudo

Estas y otras noticias pasaron por el RADAR de ayer.
AMPLIACIÓN:
Inglaterra presenta su primer billete fabricado con plástico
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DIRECTOR

Excavación en Barranquilla, cerca de un poste en el circuito Golf, provocó emergencia

Como dicen algunos en las redes sociales: "Todo es por Electricaribe".
Sin embargo, por estas mismas redes se entera uno que hay otros agentes que nos complican la vida a los ciudadanos

Ahora fue una excavación.
El departamento de Comunicaciones de Electricaribe nos informa...

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@radareconomico1
A la altura de la carrera 53, entre calles 80 y 82
Excavación en Barranquilla, cerca de un poste
en el circuito Golf, provocó emergencia

·       Electricaribe hizo un nuevo llamado a constructores para que adopten medidas preventivas para evitar este tipo de casos.

Barranquilla, 3 de junio de 2016.

Un total de 5 postes de energía fueron afectados durante una emergencia presentada esta madrugada a la altura de la carrera 53, entre las calles 80 y 82.
De acuerdo con el reporte de los técnicos, una excavación realizada cerca de un poste por parte de personal de un edificio en construcción, sumado a la lluvia, provocó la caída de la estructura. Al momento de la emergencia, se presentó un efecto “dominó”, lo cual afectó a 4 postes adicionales y por ende interrumpió el servicio de energía a los clientes que son alimentados por el circuito Golf.
 
En consecuencia, un total de 5 postes están siendo cambiados por parte de personal de Electricaribe que se encuentra laborando en la zona.
A raíz de esta situación, la Gerente de Electricaribe en el Atlántico, Betty Yadira García Jiménez, hizo un nuevo llamado a los constructores para que se incrementen las medidas preventivas en las obras cerca de la infraestructura eléctrica.
“El tema nos preocupa, pues también hemos tenido inconvenientes por la caída de elementos metálicos desde edificios en construcción, bolsas negras, polisombras y andamios sobre las redes eléctricas, provocando interrupciones que afectan a los clientes”, dijo la señora García.

Finalmente indicó que la empresa está en la disposición de ofrecer a los constructores cualquier tipo de asesoría para evitar que este tipo de incidentes vuelvan a presentarse, poniendo en riesgo la red eléctrica y la seguridad de los clientes.

Relaciones Informativas
ELECTRICARIBE