A Barranquilla la están mirando los empresarios extranjeros. Y esa es una buena noticia para todos los barranquilleros y costeños.
A veces, nosotros mismos, perdemos el norte y creemos que la ciudad está muy atrasada y que no tiene futuro. En el RADAR, creemos que hemos avanzado.
Por eso, es intesante revisar este escrito del empresario Oswald Loewy, quien permanentemente pasa por China y por otros países, así como nosotros vamos a Cartagena.
Luis Emilio Rada C
Pd: esta es la última columna que envió el empresario a El Heraldo.
Lerc.
…
Alguien nos está mirando.
Por Oswald Loewy
En los últimos meses visitaron la ciudad enviados especiales de algunas publicaciones como Fortune Magazine,The Wall Street Journal, Businessweek y otras más en busca de información sobre Barranquilla y cómo se explica su enorme potencial presente y futuro; igualmente estuvieron en otras ciudades del país. Tuvimos la oportunidad de charlar con todos ellos. Sería importante que al menos en uno de los especiales que publicarán, la ciudad tenga la fortuna de ser promocionada a sus lectores a nivel internacional.
Hace poco se mencionó en este diario que Barranquilla apareció por primera vez en la posición 39 en el ranking de la revista América Economía como una de las mejores 50 ciudades para hacer negocios en América Latina. Damos otros datos. Sao Paulo ocupa el primer puesto, Bogotá es sexta. Nuestra ciudad tiene interesantes registros: décima con mayor crecimiento en los últimos 5 años; la número 12 entre las más sustentables en términos ambientales; la novena más cara de la región incluso por encima de Buenos Aires y como algo sorprendente, la cuarta con menor puntaje en imagen negativa y décima en la de percepción positiva. Su poder de marca es 34,6 mientras que Santiago tiene 100 que es el más alto. Buen punto de partida. Dicho en el mejor lenguaje empresarial: hay potencial porque analizando las ciudades que nos superan, quitando ocho capitales y nueve más que consideramos en el mejor de los casos similares o equivalentes, estamos a medio camino y lo que se requiere para avanzar no es un tema de ciencia espacial y esto no es un gran descubrimiento.
Observando lo que hacen en otros lados, recientemente encontramos en The Economist, una de las más serias de estas publicaciones, una página con publicidad de la República de Macedonia, parte de la antigua Yugoslavia, con una población similar a la de nuestro departamento del Atlántico (2.166.000). Aunque Alejandro Magno era macedonio, esta “nueva” nación cuenta con menos del 1% del territorio original desde donde creó su legendario imperio. Esto es lo que anuncian:
- Registre y ponga en marcha su empresa en, ojo, 4 horas.
- 33% de reducción parafiscal a partir del 2011.
- Sistema de Catastro Digital.
- Cero impuestos de renta corporativa por 10 años y total y permanente a las utilidades reinvertidas.
- 5% impuesto de renta personal por 5 años y 10% a partir del sexto año.
- Arriendo de la tierra por 99 años y conexión gratis a todos los servicios públicos.
- Acceso directo al corredor paneuropeo con 650 millones de consumidores.
- Todo trámite y cruce de frontera es una sola parada…y la lista sigue.
Esta publicidad-país es común en estas revistas y con esta pequeña referencia podemos avizorar que cuando se trata de competir, no hay rival pequeño, ni desconocido, ni mucho menos lejano. Siendo esta publicación material de lectura obligada en los centros de decisión a nivel global, no dejar de ser un fuerte mensaje y hasta una sana advertencia para estimular positivamente lo que estamos haciendo a nivel local. Mirando un poco más lejos podremos hacer y lograr grandes cosas.
domingo, 31 de mayo de 2009
Del Blog de Néstor Morales: La parsonalidad del presidente
Hemos estado muy atentos a lo que está ocurriendo en Colombia.
Lo que está pasando con nuestro presidente y lo que ocurrirá en las próximas elecciones.
Y leyendo y leyendo, me di cuenta que no habíamos registrado completamente un episodio donde el presidente Alvaro Uribe soltó parte de su personalidad, cuando un colega de CNN le hizo unas preguntas que no le gustaron...
Eso lo vio el mundo entero, a través de los medios de comunicación y en este medio nos referimos brevemente a esa situación. Pero muy brevemente.
Néstor Morales, colega de Caracol Radio, quien tiene su propio blog, se refiere en este escrito que les voy a presentar parte del estilo de nuestro mandatario.
RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL.
Luis Emilio Rada C.
Director
radareconomico@yahoo.com
radareconomico@hotmail.com
May. 06 2009 | Nestor Javier Morales
El extraño caso del Dr. Uribe
Por Néstor Morales
Cuando el Presidente Uribe le dijo hace un par de semanas al ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter que “estaba convenciendo a su alma” para no meterse en una nueva reelección, por alguna razón me acordé del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, los personajes que habitaban un solo cuerpo en la legendaria novela de Robert Louis Stevenson. Jekyll y Hyde representan una fascinante coexistencia –bipolaridad, han dicho después los estudios de sicopatología que han desmenusado la alegoría- de la que se han desprendido miles de análisis que han producido la misma conclusión: el ser humano, por lo menos en nuestra cultura occidental, se debate permanentemente entre el bien y el mal.
Uribe se ha confesado un mortal más en esos asuntos. Un día le pide a la virgen en la Guajira que le ayude a moderar su temperamento en llamas, y al siguiente admite ante Carter las dudas interiores que le plantea su futuro político. No le debe resultar nueva, creo yo, tanta ambivalencia. Desde siempre, inclusive desde que era candidato, Uribe ha tenido dos caras: una, la del padre dedicado que ve a todo el que se acerca como un “hijito”, un hombre frentero y respetuoso que saluda de nombre a medio país, un líder carismático cuya ética por el trabajo ha despertado un fanatismo desbordado entre sus fieles. Un Jekyll amable y locuaz. La otra cara es la de un capataz dispuesto a todo con tal de vengar sus heridas familiares, intransigente y cerrero, que por igual es capaz de pegarle a un contradictor político o echar de su oficina a un periodista impertinente. Este Hyde calculador no se mide a la hora de cazar peleas ni tiene problemas para aniquilar a sus adversarios, para estigmatizarlos o para acorralarlos.
Así como en la novela de Stevenson el asesinato de un parlamentario inglés produce el comienzo de la investigación y desencadena el descubrimiento de la doble personalidad, en Colombia yo tengo la sensación de que el nuevo periodo presidencial está dejando aflorar, ya sin máscaras y sin ambages, el incómodo autócrata que Uribe lleva adentro.
En la reciente gira por Europa, preguntado desde una tribuna de medios y periodistas internacionales, Uribe se mostró como un hombre intolerante. Un periodista de la BBC le preguntó por el cambió de la relación con el Gobierno de Estados Unidos desde que salió Bush y entró Obama. “Esos son chismes de cafetería”, replicó Uribe. Un argentino indagó enseguida por sus ganas de quedarse 4 años más en la Presidencia.
-“¿Usted dónde nació”?, contra interrogó el Presidente colombiano.
-“Soy argentino”, tartamudeó el corresponsal.
-“Bueno, estudie la historia de su país y deje la democracia colombiana tranquilita”, concluyó Uribe.
Podríamos aquí escribir horas y páginas para hablar de los dos temas y llegar a la conclusión de que ni hay chisme alrededor de los nuevos intereses de la Casa Blanca en Colombia, ni es irrelevante para el mundo saber si Uribe quiere o no perpetuarse en el poder. O que un boliviano y un pakistaní tienen el derecho legítimo de preguntar lo que sucede más allá de sus fronteras.
Pero no. Lo que importa ahora es llamar la atención sobre el lento desvanecer de los rasgos del Jekyll que produjeron el enamoramiento de unos votantes hace siete años, y el fortalecimiento de un carácter tipo Hyde, que está ganando esa batalla interior que el Presidente reconoce llevar a cuestas. Y el problema es que su siquiatra, en esta oportunidad, le está ayudando a agravar el problema.
nmorales@caracol.com.co
Lo que está pasando con nuestro presidente y lo que ocurrirá en las próximas elecciones.
Y leyendo y leyendo, me di cuenta que no habíamos registrado completamente un episodio donde el presidente Alvaro Uribe soltó parte de su personalidad, cuando un colega de CNN le hizo unas preguntas que no le gustaron...
Eso lo vio el mundo entero, a través de los medios de comunicación y en este medio nos referimos brevemente a esa situación. Pero muy brevemente.
Néstor Morales, colega de Caracol Radio, quien tiene su propio blog, se refiere en este escrito que les voy a presentar parte del estilo de nuestro mandatario.
RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL.
Luis Emilio Rada C.
Director
radareconomico@yahoo.com
radareconomico@hotmail.com
May. 06 2009 | Nestor Javier Morales
El extraño caso del Dr. Uribe
Por Néstor Morales
Cuando el Presidente Uribe le dijo hace un par de semanas al ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter que “estaba convenciendo a su alma” para no meterse en una nueva reelección, por alguna razón me acordé del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, los personajes que habitaban un solo cuerpo en la legendaria novela de Robert Louis Stevenson. Jekyll y Hyde representan una fascinante coexistencia –bipolaridad, han dicho después los estudios de sicopatología que han desmenusado la alegoría- de la que se han desprendido miles de análisis que han producido la misma conclusión: el ser humano, por lo menos en nuestra cultura occidental, se debate permanentemente entre el bien y el mal.
Uribe se ha confesado un mortal más en esos asuntos. Un día le pide a la virgen en la Guajira que le ayude a moderar su temperamento en llamas, y al siguiente admite ante Carter las dudas interiores que le plantea su futuro político. No le debe resultar nueva, creo yo, tanta ambivalencia. Desde siempre, inclusive desde que era candidato, Uribe ha tenido dos caras: una, la del padre dedicado que ve a todo el que se acerca como un “hijito”, un hombre frentero y respetuoso que saluda de nombre a medio país, un líder carismático cuya ética por el trabajo ha despertado un fanatismo desbordado entre sus fieles. Un Jekyll amable y locuaz. La otra cara es la de un capataz dispuesto a todo con tal de vengar sus heridas familiares, intransigente y cerrero, que por igual es capaz de pegarle a un contradictor político o echar de su oficina a un periodista impertinente. Este Hyde calculador no se mide a la hora de cazar peleas ni tiene problemas para aniquilar a sus adversarios, para estigmatizarlos o para acorralarlos.
Así como en la novela de Stevenson el asesinato de un parlamentario inglés produce el comienzo de la investigación y desencadena el descubrimiento de la doble personalidad, en Colombia yo tengo la sensación de que el nuevo periodo presidencial está dejando aflorar, ya sin máscaras y sin ambages, el incómodo autócrata que Uribe lleva adentro.
En la reciente gira por Europa, preguntado desde una tribuna de medios y periodistas internacionales, Uribe se mostró como un hombre intolerante. Un periodista de la BBC le preguntó por el cambió de la relación con el Gobierno de Estados Unidos desde que salió Bush y entró Obama. “Esos son chismes de cafetería”, replicó Uribe. Un argentino indagó enseguida por sus ganas de quedarse 4 años más en la Presidencia.
-“¿Usted dónde nació”?, contra interrogó el Presidente colombiano.
-“Soy argentino”, tartamudeó el corresponsal.
-“Bueno, estudie la historia de su país y deje la democracia colombiana tranquilita”, concluyó Uribe.
Podríamos aquí escribir horas y páginas para hablar de los dos temas y llegar a la conclusión de que ni hay chisme alrededor de los nuevos intereses de la Casa Blanca en Colombia, ni es irrelevante para el mundo saber si Uribe quiere o no perpetuarse en el poder. O que un boliviano y un pakistaní tienen el derecho legítimo de preguntar lo que sucede más allá de sus fronteras.
Pero no. Lo que importa ahora es llamar la atención sobre el lento desvanecer de los rasgos del Jekyll que produjeron el enamoramiento de unos votantes hace siete años, y el fortalecimiento de un carácter tipo Hyde, que está ganando esa batalla interior que el Presidente reconoce llevar a cuestas. Y el problema es que su siquiatra, en esta oportunidad, le está ayudando a agravar el problema.
nmorales@caracol.com.co
sábado, 30 de mayo de 2009
Hablemos de Literatura con Alberto Salcedo Ramos.
Chévere encontrarme con esta historia.
Parte de la vida de Alberto Salcedo Ramos.
Para mí, uno de los narradores, periodistas, cronistas y comunicadores más interesantes de América Latina.
Departir con Alberto es un placer.
Un día, en San Andrés, estábamos listos para "rumbear", después de una jornada periodística que nos mantuvo atentos muchas horas,y tuvímos el privilegio de gozarnos sus historias. Son medio cuentos, chistes, realidades que nos pusieron a pensar y a reir. Tantas horas, que se nos olvidó que en la discoteca nos estaban esperando varios colegas.
Reímos tanto y gozamos tanto, que tomamos la decisión de no ir a "rumbear" y nos quedamos escuchando las historias, los cuentos y los chistes de Alberto Salcedo.
Es que son chistes serios, salidos de su imaginación y de inventiva... Por eso, tomé la decisión de no hablar de política, ni de economía, sino de literatura.
Mi nostalgia por la literatura... Cosa que no puedo atender por los afanes de la vida.
Alberto, permitió que Doria Constanza Lizcano Rivera, de Altus, del Departamento de Gramática de la Universidad Sergio Arboleda, le hiciera una entrevista amplia y el producto que salió fue el que les presentó a continuación.
Me alegró encontrar en ese trabajo, algo que confesó Alberto Salcedo:
• ¿Cuáles maestros tuvo? ¿A quiénes admira?
A.S.R.: “En la universidad tuve muchos, pero hubo dos a los que considero muy importantes: Sigifredo Eusse y Jesús Correa. Eusse iba poco porque era periodista del Diario del Caribe y su trabajo como reportero le impedía ser el más puntual de los profesores. Eso sí: el día que iba quedaba a paz y salvo con nosotros, porque nos regalaba el hermoso ejemplo de su pasión por el oficio".
Y me gustó encontrar eso, porque, precisamente, en el arranque del RADAR ECONÓMICO, Sigifredo escribió una nota breve, pero tan diciente, sobre el inicio del noticiero, que nunca olvidé. El estilo de Sigi y su sencillez es ejemplo para los periodistas colombianos.
RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL.
Luis Emilio Rada C.
Director.
Pd: este es el trabajo.
lerc.
“Ser cronista es un privilegio”: Alberto Salcedo Ramos
Doria Constanza Lizcano Rivera
Departamento de Gramática
Universidad Sergio Arboleda
Una tarde soleada en un acogedor café de la 15 con 75 fue el escenario perfecto para inmiscuirnos en la vida de Alberto Salcedo: el hombre, el cronista y el docente. Es difícil creerle que es tímido pues lo disimula tenazmente con sus risas que se tornan carcajadas. Confiesa que su virtud con las crónicas empezó a ser nutrida en su infancia con la mentira, imaginación y fantasías desbordantes que le hacían crear historias para sorprender a los adultos. Creció al vaivén de los vallenatos de Zuleta y los porros de Pedro Laza, en Arenal, un pueblecito de Bolívar. Amante del béisbol y el boxeo.
Tiene claro, desde sus clases en el colegio, que aborrecía visceralmente las matemáticas y nunca comprendió por qué razón debía aprenderlas. Ahora sabe que lo suyo siempre fue la escritura. Con ella lo soluciona todo. Sus afectos y fobias están allí plasmadas. Pero ante todo es un buscador de historias, le interesa descubrir en la vida de cada personaje que se topa sus errores, desgracias, triunfos; en sí la grandeza o torpeza de su humanidad. Y ahí están, como espejo de esa virtud, crónicas como: “Diez juglares en su patio” (1991). “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas”(1999) “ El testamento del viejo Mile”, “El árbitro que expulsó Pelé” “El oro y la oscuridad” y muchas otras más publicadas en “Antología de Grandes Reportajes Colombianos” (Daniel Samper Pizano, Editorial Aguilar) y “Antología de Grandes Crónicas Colombianas” Tomo II (Daniel Samper Pizano, Editorial Aguilar).
Ganador de tres premios de periodismo Simón Bolívar, Premio Internacional de Periodismo Rey de España, y orgullosamente nuestro, con su trabajo como docente de la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Sergio. Ha sido catalogado un genio de la escritura y uno de los mejores cronistas colombianos de los últimos tiempos. Hábil, virtuoso, sencillo, alegre, desprevenido, desparpajado, apasionado, sensible…entre muchas otras virtudes que sería un error no mencionar.
Aquí apartes de la entrevista concedida a Altus
ALTUS: ¿Cómo fue su niñez?
ALBERTO SALCEDO RAMOS: “En la infancia fui más bien introvertido y un tanto inseguro. Aunque nací en Barranquilla, crecí en un pueblo de Bolívar llamado Arenal, donde se escuchaban a todo volumen los vallenatos de los hermanos Zuleta y los porros de Pedro Laza. Comíamos ciruelas y almendras, tomábamos jugo de guayaba blanca y, cada vez que caía un aguacero, salíamos a las calles a jugar fútbol con los pies descalzos. Había una niña que me encantaba: se llamaba Ana Milena, pero nunca le dije nada, precisamente por la timidez que mencioné hace un momento”.
• ¿Cómo fue su vida en el colegio?
A.S.R.: “Me resultaba casi imposible fijar la atención en las clases que no me interesaban. En la hora de español me sentía contento, motivado. Pero cuando aparecían los números, la situación era distinta. ¿Qué diablos tenía que ver yo con fraccionarios y leyes transitivas? Cuando me hablaban de esos temas, me elevaba. Pienso que era una actitud defensiva, una manera de protegerme de algo que me agredía porque pretendían imponérmelo a la fuerza, en contra de mi voluntad. Esa característica aún me acompaña. Aunque no me distraigo tanto como antes, me cuesta mucho tener que concentrarme, simplemente por buena educación, en algo que no me importa”.
• ¿Cuántas novias ha tenido?
A.S.R.: “Nunca me he puesto a contarlas. Prefiero recordarlas más como una vivencia que como una cifra”.
• ¿Cuándo nació ese amor por la escritura?
A.S.R.: “Escribo desde que era niño. En la adolescencia yo era el único de mi grupo de amigos que no tenía una chica. Estaba tan desesperado que escribía cartas de amor dirigidas a mí mismo, y las firmaba con el nombre de una mujer llamada María. Recuerdo que las escribía con la mano izquierda, para que la letra me quedara diferente, y las dejaba tiradas por ahí, a ver si los adultos de mi casa las encontraban y divulgaban la buena noticia. La invención de aquella novia de mentiras me dio un inesperado respeto entre mi familia, pero visto con los ojos de hoy pienso que fue una experiencia literaria. Siempre he tenido la tendencia a solucionarlo todo a través de la escritura, a revelar mis afectos y desafectos por medio de las historias que cuento. Me va mejor escribiendo que hablando, y el ser consciente de eso me hace perseverar en el oficio. El haber sido tan tímido durante la adolescencia me forzó a volcarme en el mundo de las letras”.
• ¿Por qué comunicador social?
A.S.R.: “Mi primer impulso fue hacia la ficción. He dicho varias veces que fui un niño mentiroso, empeñado en asombrar a los adultos con sus relatos inventados. También he estado interesado siempre de manera genuina en las historias de los demás, en la vida de la gente que voy conociendo. Lo de la ficción es una posibilidad que en cualquier momento va a aparecer. No lo haré por moda, ni por buscar vitrina, ni porque crea que haciendo una novela mejoraré mi estatus intelectual, sino como producto de una necesidad. Y en todo caso, sé que tendré las agallas suficientes para romper lo que haga si no me satisface. Soy periodista, a mucho honor. Me gusta el periodismo narrativo porque combina reportería y literatura”.
• ¿Cómo fueron esos años de formación en la Universidad Autónoma del Caribe?
A.S.R.: “Años difíciles. Estudié con muchos sacrificios. Mi vieja, Ledia Ramos, tuvo que fajarse con su pequeño salario y con la venta de cosméticos, para que mi hermana y yo estudiáramos una profesión”.
• ¿Cuáles maestros tuvo? ¿A quiénes admira?
A.S.R.: “En la universidad tuve muchos, pero hubo dos a los que considero muy importantes: Sigifredo Eusse y Jesús Correa. Eusse iba poco porque era periodista del Diario del Caribe y su trabajo como reportero le impedía ser el más puntual de los profesores. Eso sí: el día que iba quedaba a paz y salvo con nosotros, porque nos regalaba el hermoso ejemplo de su pasión por el oficio. Correa era exigente, pero jamás lo vi exigir lo imposible. Tenía un humor negro con el cual se burlaba de nuestros errores, pero uno no sentía ganas de matarlo sino de darle las gracias, porque sus apuntes eran ciertamente muy inteligentes. Cuando terminé la carrera empecé a trabajar en el periódico El Universal, de Cartagena, y allí conocí al poeta y narrador Jorge García Usta, quien a pesar de llevarme apenas tres años, parecía haberse leído todos los libros de este mundo que valían la pena. Además, tenía vocación de pedagogo: cogía mis textos y los descuartizaba con un bolígrafo azul mordisqueado en la punta, y mientras hacía eso iba expresando en voz alta algunas reflexiones formidables sobre el uso del lenguaje. Me enseñó que la búsqueda de la palabra precisa no es un lujo exótico, como creen algunos reporteros cuadriculados o incultos, sino un deber. Y que el buen periodismo puede ser también una fuente de belleza estética”.
• ¿Cuándo supo que lo suyo era el periodismo y no otra área de la comunicación social?
A.S.R.:“Cuando me fui a matricular vi que la carrera se llamaba Comunicación Social. Pero ya entonces sabía que lo mío era el periodismo”.
• ¿Por qué la crónica?
A.S.R.: “Yo creo que es un privilegio escribir una historia que parece cuento, pero que es real. Podemos combinar literatura y periodismo, podemos escribir para el momento y para la posteridad”.
• ¿En quiénes se ha inspirado? ¿Quiénes lo han influenciado?
A.S.R.: “La lista es larga. Yo digo, haciéndole eco a Borges, que no me ufano de los libros que he escrito pero sí de los que he leído. Entre mis libros favoritos figuran “Crimen y Castigo”, “La peste”, “Madame Bovary”, “Cien años de soledad”, “Fama y oscuridad”, “A sangre fría”, “La canción del verdugo”, “El periodista y el asesino”, “Hiroshima”, y “La muerte de Iván Ilich”. Entre los autores menciono a Gay Talese, Truman Capote, Tomás Eloy Martínez, Fedor Dostoievsky, Albert Camus y Gabriel García Márquez. Claro que las influencias van más allá de los libros: también me he nutrido de los porros pelayeros, de las conversaciones esquineras de los viejos del caribe, de las películas de Ettore Scola, de las excelentes crónicas cantadas de Rubén Blades, de la sátira de Joaquín Sabina y de la poesía de Oliverio Girondo. Todos ellos me han hecho vibrar y son para mí, más que autores de culto, miembros de mi familia, gente con la cual converso de manera frecuente”.
• ¿Cuál fue su primer trabajo?
A.S.R.: “Mi primer trabajo pago fue en una emisora de Cartagena, en octubre de 1985. Me tocó reemplazar a un colega que estaba incapacitado. Durante ese mes de trabajo me encargaron el cubrimiento del Concurso Nacional de Belleza. Me metí en la pista del Aeropuerto Rafael Núñez, con una grabadora pequeña, para entrevistar a todas las reinas que iban llegando. Tu pregunta me da la oportunidad de recordar esta experiencia, que hacía rato no recordaba. Yo quiero aprovechar para decirte que no tengo registrada esta vivencia en mi memoria como algo ingrato o indigno. Ya te dije que me honra ser periodista, y como cronista he aprendido que en donde uno menos piensa aparece una buena historia”.
• Muy buenos cronistas no han sido docentes. ¿Por qué se decidió por la docencia?
A.S.R.: “Mira, a mí me gusta la docencia no tanto por lo que me permite enseñar, sino por lo que me permite aprender. Es una actividad que me obliga a estudiar permanentemente, a actualizarme, a buscar siempre nuevos referentes que alimenten mi trabajo de cronista”.
• Usted es un hombre enamorado de los juglares. ¿Por qué?
A.S.R.: “Porque los conozco desde que era pequeño, me crié con la música de ellos. Antes de verlos como personajes de mis crónicas, fui feliz oyendo sus coplas”
El cronista
• ¿De qué manera llegó a la historia de “El gol que costó un muerto”?
A.S.R.: “Por pura casualidad. Cuando dirigía la serie documental ‘Vida de barrio’, me tocó grabar un capítulo en Lovaina, un sector de Medellín habitado por travestidos y prostitutas. Allá descubrí al personaje de esa crónica y de entrada vi que su testimonio podía ser interesante: era el drama de un hombre que por equivocación anotó un gol que no debió haber anotado, y la forma en que ese hecho le cambió la vida”.
• ¿Cómo supo que allí había una buena historia?
A.S.R.: “Más que saberlo, lo sentí. En mi oficio he aprendido a confiar en mi intuición. En estos casos siempre me digo: bueno, si esta historia logró conmoverme a mí, seguramente también podría conmover a las demás personas”.
• ¿Cómo hizo para convencer a William Fajardo de que hablara?
A.S.R.: “La verdad es que no me tocó hacer ningún trabajo para convencerlo, porque él me contó su drama de manera espontánea. Resulta que él era esa persona que los etnógrafos llaman ‘el portero’, es decir, el tipo que andaba con nosotros mientras grabábamos, para evitar que nos sucediera algo malo. Cada día que nos veíamos, me iba dando más detalles de su historia, sin necesidad de que yo le preguntara nada. Cuando le dije que me interesaba publicar su testimonio, se mostró de acuerdo”.
• Sus crónicas tienen un manejo periodístico-literario. ¿Cómo logró ese estilo?
A.S.R.: “El estilo es lo más complejo que existe, porque es lo verdaderamente importante de todo escritor. A mí me sorprende saber que uno encuentra su propia voz sólo cuando ha escuchado las voces de los demás. En mi caso, he llegado a lo que soy ahora gracias a la mezcla de dos factores: mucha lectura y una cierta experiencia en la escritura. Creo que un buen cronista alcanza su mejor momento mucho después de los 30 años. Esto no es un dogma, sino apenas una sospecha. Recuerdo ahora una frase de Juan Gabriel Vásquez, según la cual el periodismo narrativo no tiene aún su propio estante en las librerías. Quienes elegimos esta forma de contar historias nos movemos a veces en una especie de limbo: los periodistas nos dicen que no somos periodistas y los escritores nos dicen que no somos escritores. Caminamos en puntillas sobre una cuerda floja. Yo defiendo esta posibilidad porque estoy convencido de que informar bien no excluye la obligación de escribir con encanto”.
• ¿Hasta qué punto elementos de ficción y hasta qué punto realidad?
A.S.R.: “La literatura le presta al periodismo un conjunto de herramientas técnicas, para que la narración resulte más bella, más eficaz. El periodismo narrativo es tributario de la novela y del cuento, pero no es novela ni es cuento. El escritor de ficción se las arregla para que le creamos que Gregorio Samsa se convirtió en un monstruoso insecto. En la crónica el asunto es a otro precio: por muy bien que escribas, el lector no te cree semejante trama. Entonces, tienes una materia prima inviolable que es la realidad. Por nada del mundo puedes inventar porque eso es hacer trampa. Ya sé que no es fácil resignarse a esa camisa de fuerza, pero son las reglas de juego y hay que aceptarlas. No recuerdo ahora quién dijo que un buen relato literario es aquel que parece verdad mientras que un buen relato periodístico es aquel que parece mentira. Quizá sea cierto. Cuando uno ha sido amante de la literatura, como nos ocurre a muchos de los que practicamos el periodismo narrativo, tiene la tentación frecuente de embaucar con la imaginación, como hacen los escritores. Pero insisto: somos periodistas. Y por eso, más nos vale que mantengamos vigilado al mentiroso que nos habita, para que no sea él quien termine escribiendo las crónicas”.
• ¿Cuánto dura haciendo una crónica?
A.S.R.: “Eso depende del espacio que me asignen, del plazo que me den y, sobre todo, de la historia que quiero contar. No podría darte un dato exacto de lo que demoro en el proceso, porque es algo que cambia de acuerdo con lo que acabo de decirte”.
• ¿Qué es ser un cronista independiente?
A.S.R.: “Bueno, yo en realidad no he logrado vivir sólo de hacer crónicas. Siempre me ha tocado desempeñar otros oficios alternos para poder cubrir mis necesidades y las de mi familia. En este momento, por ejemplo, dirijo un programa de televisión y atiendo otros encargos que por fortuna nunca me faltan. Lo de ser cronista independiente me sirve en realidad para contar las historias que quiero, para preservar un cierto nivel de calidad que en otras condiciones es difícil garantizar y, sobre todo, para no perder el entusiasmo”.
• ¿Una rememoración de Jorge García Usta?
A.S.R.: “Jorge no sólo fue un maestro, como dije ahorita, sino un hermano. Me quiso tanto que me perdonó un desastre que a muy pocas personas les habría perdonado. Resulta que un día me prestó el libro Honrarás a tu padre, de Gay Talese, y yo lo dejé por descuido en un sitio donde había mucha humedad. El caso es que los ratones le cayeron a dentelladas y le carcomieron el lomo. El tiempo fue pasando y yo no me atrevía a devolverle su libro, porque me daba vergüenza. Sin embargo, llegó un momento en que ya no podía aplazar más la devolución, porque no tenía argumentos. Así que me tocó endurecer la cara y llevarle el libro. Su primera reacción cuando lo vio fue de espanto, aunque permaneció en silencio. Yo tampoco fui capaz de articular ni un monosílabo. Me sentía incómodo porque no me miraba a mí sino al lomo de su libro averiado. De pronto levantó la mirada y me dijo una frase que guardo en el corazón como ejemplo de su humor y de su amistad: ‘carajo, Blanco, ¡esos ratones de su casa están bien entrenados!” Ese mismo día, en el colmo de su generosidad, me regaló otro incunable de Talese que todavía conservo: Fama y Oscuridad”.
• Un libro de periodismo que recomiende a sus estudiantes
A.S.R.: “Les recomiendo varios, pero como me pides citar sólo uno, voy a mencionar El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell, quizá el mejor perfil que he leído en mi vida”.
Sobre algunas de sus obras
• ¿Cómo ha sido el camino editorial de su libro “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas”?
A.S.R.: “Ese libro fue publicado en 1999 por Ediciones Aurora, una editorial pequeña. La Cámara Colombiana del Libro lo premió como el mejor libro de interés general del año. A mí me alegra que haya sobrevivido, hasta el punto de que el año pasado se publicara una nueva edición. Cuando me invitan a eventos académicos me sorprendo viendo cómo algunas personas me recuerdan historias de ese libro, como la de Araújo -- el futbolista torpe -- o la del gol que costó un muerto, o la del mocho que fue proxeneta”.
• ¿Por qué el trabajo con personajes fracasados?
A.S.R.: “Últimamente me han hecho bastante esa pregunta. De ese modo me han puesto a analizar un aspecto de mi trabajo que se presentaba de manera inconsciente. Creo que en el fondo eso responde a una cierta visión pesimista de la vida. Tal vez mi olfato de cronista detectó que los perdedores son más auténticos porque no se maquillan ni posan, y por lo general están desnudos cuando los busco para que me cuenten sus historias. Sus conflictos ofrecen un filón más atractivo desde el punto de vista humano y sicológico. Es posible que en mi gesto haya una motivación justiciera, ya que la prensa colombiana tradicionalmente se ha ocupado de los vencedores, de los que sonríen a toda hora y tienen siempre a la mano una receta para alcanzar la salud perfecta y la felicidad eterna”.
• Exprese con pocas palabras su opinión frente a:
• Germán Castro Caycedo:
A.S.R.: “Rigor investigativo. Perseverancia”.
• Juan Gossain:
A.S.R.: “Toda la gracia del Caribe. Un cronista que me inspira”.
• Un libro:
A.S.R.: “El enterrador”, de Thomas Lynch.
• Un CD:
A.S.R.: “Cantadora”, de Totó la Momposina.
• Una página:
A.S.R.: “Un texto breve de Osvaldo Soriano en el que recuerda un gol del nene Sanfilippo. Es un relato emotivo y hermosísimo”.
• Estudiantes:
A.S.R.: “El futuro”.
• Una mujer:
A.S.R.: “Mi madre”.
• Un propósito:
A.S.R.: “Seguir contando historias”.
• Qué odia:
A.S.R.:“Las habas, el chontaduro, el lulo y, sobre todo, el tomate de árbol. Odio el golf, tener que afeitarme un domingo, que me brinden aguardiente, la gritería de William Vinasco, la verborrea cantinflesca de Carlos Antonio Vélez y a todo el que secuestra o atenta contra la población civil”.
• Un amor:
A.S.R.: “Me reservo esa respuesta”.
• Paz:
A.S.R.: “Lo que venimos clamando los colombianos desde hace muchos años”.
• Un sueño:
A.S.R.: “Llegar a viejo”.
• Lugar amado:
A.S.R.: “Arenal, el pueblo de mi infancia”.
• Dónde quiere morir:
A.S.R.: “En la cama de Halle Berry”.
• Algo que nunca quisiera decir:
A.S.R.: “Jamás usaría palabras como ‘sempiterno’, ‘constipado’ y ‘luctuoso’”.
• Algo que nunca quisiera hacer:
A.S.R.: “Ser el amanuense de algún político”.
• Una pasión:
A.S.R.: “El béisbol y el boxeo”.
El ORO Y LA OSCURIDAD (su último libro)
• ¿Qué cambia en cuanto a su estilo de escritura con esta obra?
A.S.R.: “Ahora tengo más madurez”.
• ¿Qué le sorprendió durante el proceso de preparación del libro?
A.S.R.:“Escribiendo este libro hice un descubrimiento que me sorprendió mucho. Y es que me encantan los temas y personajes que me permiten narrarme a mí mismo en la medida en que los narro a ellos. Yo creo que en el fondo todos los cronistas buscamos historias a través de las cuales podamos contar también lo que somos y soñamos. Cuando a Flaubert le preguntaron quién era Madame Bovary, él dijo aquella frase memorable: “Madame Bovary cest moi”. A riesgo de sonar pretencioso, podría decirte, parodiando a Flaubert, que “Pambelé soy yo”. Lo soy en el sentido de que cuando conté su historia, desentrañé algunas claves de mi propia vida. Obviamente, el libro va más allá de mis nostalgias: es el retrato de un hombre emblemático, de su entorno y de la época que le tocó en suerte”.
• Para los jóvenes de hoy Pambelé es un desconocido ¿Por qué cree que esta historia pueda interesar a las nuevas generaciones?
A.S.R.: “Porque es universal. El drama de Pambelé es igual al de muchas otras personas. Va más allá de una época y un espacio determinados”.
• ¿Hay elementos de ficción en la crónica de Pambelé?
A.S.R.: “El único aporte de la ficción, como ya te dije, es un cierto recurso técnico para hacer más eficiente la narración. La información que transmito es absolutamente cierta, producto de más de dos años de investigación. Sería ridículo que después de tanto tiempo cazando datos y confrontando muchas voces, tuviera que inventar mentiras”.
• ¿Cómo manejar el sensacionalismo en una historia cargada de este elemento?
A.S.R.: “La vida de Pambelé tiene elementos dramáticos que fácilmente pueden conducir hacia el sensacionalismo. Pero el morbo no me interesa en absoluto. He querido contar su historia con altura. La clave para sortear el riesgo de ser amarillista, es ponerme siempre en el lugar del personaje. No hay un solo renglón de este libro en el que haya olvidado esta elemental norma de respeto”.
• Tengo la impresión que su libro abarca a todo Pambelé. ¿Le faltó decir algo?
A.S.R.:“Más que una biografía, se trata de un perfil. No me interesaba tanto ser totalizador como mostrar los rasgos más representativos de la personalidad de Pambelé”.
• Defina en pocas palabras quién es Pambelé
A.S.R.: “Me gusta esta definición de Juan Gossain: ‘Pambelé fue el coloso que le puso dinamita a su propia estatua’”.
• Después de Pambelé, ¿qué sigue?
A.S.R.: “Más periodismo narrativo. Pero no me gusta referirme públicamente a lo que estoy escribiendo”.
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Parte de la vida de Alberto Salcedo Ramos.
Para mí, uno de los narradores, periodistas, cronistas y comunicadores más interesantes de América Latina.
Departir con Alberto es un placer.
Un día, en San Andrés, estábamos listos para "rumbear", después de una jornada periodística que nos mantuvo atentos muchas horas,y tuvímos el privilegio de gozarnos sus historias. Son medio cuentos, chistes, realidades que nos pusieron a pensar y a reir. Tantas horas, que se nos olvidó que en la discoteca nos estaban esperando varios colegas.
Reímos tanto y gozamos tanto, que tomamos la decisión de no ir a "rumbear" y nos quedamos escuchando las historias, los cuentos y los chistes de Alberto Salcedo.
Es que son chistes serios, salidos de su imaginación y de inventiva... Por eso, tomé la decisión de no hablar de política, ni de economía, sino de literatura.
Mi nostalgia por la literatura... Cosa que no puedo atender por los afanes de la vida.
Alberto, permitió que Doria Constanza Lizcano Rivera, de Altus, del Departamento de Gramática de la Universidad Sergio Arboleda, le hiciera una entrevista amplia y el producto que salió fue el que les presentó a continuación.
Me alegró encontrar en ese trabajo, algo que confesó Alberto Salcedo:
• ¿Cuáles maestros tuvo? ¿A quiénes admira?
A.S.R.: “En la universidad tuve muchos, pero hubo dos a los que considero muy importantes: Sigifredo Eusse y Jesús Correa. Eusse iba poco porque era periodista del Diario del Caribe y su trabajo como reportero le impedía ser el más puntual de los profesores. Eso sí: el día que iba quedaba a paz y salvo con nosotros, porque nos regalaba el hermoso ejemplo de su pasión por el oficio".
Y me gustó encontrar eso, porque, precisamente, en el arranque del RADAR ECONÓMICO, Sigifredo escribió una nota breve, pero tan diciente, sobre el inicio del noticiero, que nunca olvidé. El estilo de Sigi y su sencillez es ejemplo para los periodistas colombianos.
RADAR ECONÓMICO INTERNACIONAL.
Luis Emilio Rada C.
Director.
Pd: este es el trabajo.
lerc.
“Ser cronista es un privilegio”: Alberto Salcedo Ramos
Doria Constanza Lizcano Rivera
Departamento de Gramática
Universidad Sergio Arboleda
Una tarde soleada en un acogedor café de la 15 con 75 fue el escenario perfecto para inmiscuirnos en la vida de Alberto Salcedo: el hombre, el cronista y el docente. Es difícil creerle que es tímido pues lo disimula tenazmente con sus risas que se tornan carcajadas. Confiesa que su virtud con las crónicas empezó a ser nutrida en su infancia con la mentira, imaginación y fantasías desbordantes que le hacían crear historias para sorprender a los adultos. Creció al vaivén de los vallenatos de Zuleta y los porros de Pedro Laza, en Arenal, un pueblecito de Bolívar. Amante del béisbol y el boxeo.
Tiene claro, desde sus clases en el colegio, que aborrecía visceralmente las matemáticas y nunca comprendió por qué razón debía aprenderlas. Ahora sabe que lo suyo siempre fue la escritura. Con ella lo soluciona todo. Sus afectos y fobias están allí plasmadas. Pero ante todo es un buscador de historias, le interesa descubrir en la vida de cada personaje que se topa sus errores, desgracias, triunfos; en sí la grandeza o torpeza de su humanidad. Y ahí están, como espejo de esa virtud, crónicas como: “Diez juglares en su patio” (1991). “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas”(1999) “ El testamento del viejo Mile”, “El árbitro que expulsó Pelé” “El oro y la oscuridad” y muchas otras más publicadas en “Antología de Grandes Reportajes Colombianos” (Daniel Samper Pizano, Editorial Aguilar) y “Antología de Grandes Crónicas Colombianas” Tomo II (Daniel Samper Pizano, Editorial Aguilar).
Ganador de tres premios de periodismo Simón Bolívar, Premio Internacional de Periodismo Rey de España, y orgullosamente nuestro, con su trabajo como docente de la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Sergio. Ha sido catalogado un genio de la escritura y uno de los mejores cronistas colombianos de los últimos tiempos. Hábil, virtuoso, sencillo, alegre, desprevenido, desparpajado, apasionado, sensible…entre muchas otras virtudes que sería un error no mencionar.
Aquí apartes de la entrevista concedida a Altus
ALTUS: ¿Cómo fue su niñez?
ALBERTO SALCEDO RAMOS: “En la infancia fui más bien introvertido y un tanto inseguro. Aunque nací en Barranquilla, crecí en un pueblo de Bolívar llamado Arenal, donde se escuchaban a todo volumen los vallenatos de los hermanos Zuleta y los porros de Pedro Laza. Comíamos ciruelas y almendras, tomábamos jugo de guayaba blanca y, cada vez que caía un aguacero, salíamos a las calles a jugar fútbol con los pies descalzos. Había una niña que me encantaba: se llamaba Ana Milena, pero nunca le dije nada, precisamente por la timidez que mencioné hace un momento”.
• ¿Cómo fue su vida en el colegio?
A.S.R.: “Me resultaba casi imposible fijar la atención en las clases que no me interesaban. En la hora de español me sentía contento, motivado. Pero cuando aparecían los números, la situación era distinta. ¿Qué diablos tenía que ver yo con fraccionarios y leyes transitivas? Cuando me hablaban de esos temas, me elevaba. Pienso que era una actitud defensiva, una manera de protegerme de algo que me agredía porque pretendían imponérmelo a la fuerza, en contra de mi voluntad. Esa característica aún me acompaña. Aunque no me distraigo tanto como antes, me cuesta mucho tener que concentrarme, simplemente por buena educación, en algo que no me importa”.
• ¿Cuántas novias ha tenido?
A.S.R.: “Nunca me he puesto a contarlas. Prefiero recordarlas más como una vivencia que como una cifra”.
• ¿Cuándo nació ese amor por la escritura?
A.S.R.: “Escribo desde que era niño. En la adolescencia yo era el único de mi grupo de amigos que no tenía una chica. Estaba tan desesperado que escribía cartas de amor dirigidas a mí mismo, y las firmaba con el nombre de una mujer llamada María. Recuerdo que las escribía con la mano izquierda, para que la letra me quedara diferente, y las dejaba tiradas por ahí, a ver si los adultos de mi casa las encontraban y divulgaban la buena noticia. La invención de aquella novia de mentiras me dio un inesperado respeto entre mi familia, pero visto con los ojos de hoy pienso que fue una experiencia literaria. Siempre he tenido la tendencia a solucionarlo todo a través de la escritura, a revelar mis afectos y desafectos por medio de las historias que cuento. Me va mejor escribiendo que hablando, y el ser consciente de eso me hace perseverar en el oficio. El haber sido tan tímido durante la adolescencia me forzó a volcarme en el mundo de las letras”.
• ¿Por qué comunicador social?
A.S.R.: “Mi primer impulso fue hacia la ficción. He dicho varias veces que fui un niño mentiroso, empeñado en asombrar a los adultos con sus relatos inventados. También he estado interesado siempre de manera genuina en las historias de los demás, en la vida de la gente que voy conociendo. Lo de la ficción es una posibilidad que en cualquier momento va a aparecer. No lo haré por moda, ni por buscar vitrina, ni porque crea que haciendo una novela mejoraré mi estatus intelectual, sino como producto de una necesidad. Y en todo caso, sé que tendré las agallas suficientes para romper lo que haga si no me satisface. Soy periodista, a mucho honor. Me gusta el periodismo narrativo porque combina reportería y literatura”.
• ¿Cómo fueron esos años de formación en la Universidad Autónoma del Caribe?
A.S.R.: “Años difíciles. Estudié con muchos sacrificios. Mi vieja, Ledia Ramos, tuvo que fajarse con su pequeño salario y con la venta de cosméticos, para que mi hermana y yo estudiáramos una profesión”.
• ¿Cuáles maestros tuvo? ¿A quiénes admira?
A.S.R.: “En la universidad tuve muchos, pero hubo dos a los que considero muy importantes: Sigifredo Eusse y Jesús Correa. Eusse iba poco porque era periodista del Diario del Caribe y su trabajo como reportero le impedía ser el más puntual de los profesores. Eso sí: el día que iba quedaba a paz y salvo con nosotros, porque nos regalaba el hermoso ejemplo de su pasión por el oficio. Correa era exigente, pero jamás lo vi exigir lo imposible. Tenía un humor negro con el cual se burlaba de nuestros errores, pero uno no sentía ganas de matarlo sino de darle las gracias, porque sus apuntes eran ciertamente muy inteligentes. Cuando terminé la carrera empecé a trabajar en el periódico El Universal, de Cartagena, y allí conocí al poeta y narrador Jorge García Usta, quien a pesar de llevarme apenas tres años, parecía haberse leído todos los libros de este mundo que valían la pena. Además, tenía vocación de pedagogo: cogía mis textos y los descuartizaba con un bolígrafo azul mordisqueado en la punta, y mientras hacía eso iba expresando en voz alta algunas reflexiones formidables sobre el uso del lenguaje. Me enseñó que la búsqueda de la palabra precisa no es un lujo exótico, como creen algunos reporteros cuadriculados o incultos, sino un deber. Y que el buen periodismo puede ser también una fuente de belleza estética”.
• ¿Cuándo supo que lo suyo era el periodismo y no otra área de la comunicación social?
A.S.R.:“Cuando me fui a matricular vi que la carrera se llamaba Comunicación Social. Pero ya entonces sabía que lo mío era el periodismo”.
• ¿Por qué la crónica?
A.S.R.: “Yo creo que es un privilegio escribir una historia que parece cuento, pero que es real. Podemos combinar literatura y periodismo, podemos escribir para el momento y para la posteridad”.
• ¿En quiénes se ha inspirado? ¿Quiénes lo han influenciado?
A.S.R.: “La lista es larga. Yo digo, haciéndole eco a Borges, que no me ufano de los libros que he escrito pero sí de los que he leído. Entre mis libros favoritos figuran “Crimen y Castigo”, “La peste”, “Madame Bovary”, “Cien años de soledad”, “Fama y oscuridad”, “A sangre fría”, “La canción del verdugo”, “El periodista y el asesino”, “Hiroshima”, y “La muerte de Iván Ilich”. Entre los autores menciono a Gay Talese, Truman Capote, Tomás Eloy Martínez, Fedor Dostoievsky, Albert Camus y Gabriel García Márquez. Claro que las influencias van más allá de los libros: también me he nutrido de los porros pelayeros, de las conversaciones esquineras de los viejos del caribe, de las películas de Ettore Scola, de las excelentes crónicas cantadas de Rubén Blades, de la sátira de Joaquín Sabina y de la poesía de Oliverio Girondo. Todos ellos me han hecho vibrar y son para mí, más que autores de culto, miembros de mi familia, gente con la cual converso de manera frecuente”.
• ¿Cuál fue su primer trabajo?
A.S.R.: “Mi primer trabajo pago fue en una emisora de Cartagena, en octubre de 1985. Me tocó reemplazar a un colega que estaba incapacitado. Durante ese mes de trabajo me encargaron el cubrimiento del Concurso Nacional de Belleza. Me metí en la pista del Aeropuerto Rafael Núñez, con una grabadora pequeña, para entrevistar a todas las reinas que iban llegando. Tu pregunta me da la oportunidad de recordar esta experiencia, que hacía rato no recordaba. Yo quiero aprovechar para decirte que no tengo registrada esta vivencia en mi memoria como algo ingrato o indigno. Ya te dije que me honra ser periodista, y como cronista he aprendido que en donde uno menos piensa aparece una buena historia”.
• Muy buenos cronistas no han sido docentes. ¿Por qué se decidió por la docencia?
A.S.R.: “Mira, a mí me gusta la docencia no tanto por lo que me permite enseñar, sino por lo que me permite aprender. Es una actividad que me obliga a estudiar permanentemente, a actualizarme, a buscar siempre nuevos referentes que alimenten mi trabajo de cronista”.
• Usted es un hombre enamorado de los juglares. ¿Por qué?
A.S.R.: “Porque los conozco desde que era pequeño, me crié con la música de ellos. Antes de verlos como personajes de mis crónicas, fui feliz oyendo sus coplas”
El cronista
• ¿De qué manera llegó a la historia de “El gol que costó un muerto”?
A.S.R.: “Por pura casualidad. Cuando dirigía la serie documental ‘Vida de barrio’, me tocó grabar un capítulo en Lovaina, un sector de Medellín habitado por travestidos y prostitutas. Allá descubrí al personaje de esa crónica y de entrada vi que su testimonio podía ser interesante: era el drama de un hombre que por equivocación anotó un gol que no debió haber anotado, y la forma en que ese hecho le cambió la vida”.
• ¿Cómo supo que allí había una buena historia?
A.S.R.: “Más que saberlo, lo sentí. En mi oficio he aprendido a confiar en mi intuición. En estos casos siempre me digo: bueno, si esta historia logró conmoverme a mí, seguramente también podría conmover a las demás personas”.
• ¿Cómo hizo para convencer a William Fajardo de que hablara?
A.S.R.: “La verdad es que no me tocó hacer ningún trabajo para convencerlo, porque él me contó su drama de manera espontánea. Resulta que él era esa persona que los etnógrafos llaman ‘el portero’, es decir, el tipo que andaba con nosotros mientras grabábamos, para evitar que nos sucediera algo malo. Cada día que nos veíamos, me iba dando más detalles de su historia, sin necesidad de que yo le preguntara nada. Cuando le dije que me interesaba publicar su testimonio, se mostró de acuerdo”.
• Sus crónicas tienen un manejo periodístico-literario. ¿Cómo logró ese estilo?
A.S.R.: “El estilo es lo más complejo que existe, porque es lo verdaderamente importante de todo escritor. A mí me sorprende saber que uno encuentra su propia voz sólo cuando ha escuchado las voces de los demás. En mi caso, he llegado a lo que soy ahora gracias a la mezcla de dos factores: mucha lectura y una cierta experiencia en la escritura. Creo que un buen cronista alcanza su mejor momento mucho después de los 30 años. Esto no es un dogma, sino apenas una sospecha. Recuerdo ahora una frase de Juan Gabriel Vásquez, según la cual el periodismo narrativo no tiene aún su propio estante en las librerías. Quienes elegimos esta forma de contar historias nos movemos a veces en una especie de limbo: los periodistas nos dicen que no somos periodistas y los escritores nos dicen que no somos escritores. Caminamos en puntillas sobre una cuerda floja. Yo defiendo esta posibilidad porque estoy convencido de que informar bien no excluye la obligación de escribir con encanto”.
• ¿Hasta qué punto elementos de ficción y hasta qué punto realidad?
A.S.R.: “La literatura le presta al periodismo un conjunto de herramientas técnicas, para que la narración resulte más bella, más eficaz. El periodismo narrativo es tributario de la novela y del cuento, pero no es novela ni es cuento. El escritor de ficción se las arregla para que le creamos que Gregorio Samsa se convirtió en un monstruoso insecto. En la crónica el asunto es a otro precio: por muy bien que escribas, el lector no te cree semejante trama. Entonces, tienes una materia prima inviolable que es la realidad. Por nada del mundo puedes inventar porque eso es hacer trampa. Ya sé que no es fácil resignarse a esa camisa de fuerza, pero son las reglas de juego y hay que aceptarlas. No recuerdo ahora quién dijo que un buen relato literario es aquel que parece verdad mientras que un buen relato periodístico es aquel que parece mentira. Quizá sea cierto. Cuando uno ha sido amante de la literatura, como nos ocurre a muchos de los que practicamos el periodismo narrativo, tiene la tentación frecuente de embaucar con la imaginación, como hacen los escritores. Pero insisto: somos periodistas. Y por eso, más nos vale que mantengamos vigilado al mentiroso que nos habita, para que no sea él quien termine escribiendo las crónicas”.
• ¿Cuánto dura haciendo una crónica?
A.S.R.: “Eso depende del espacio que me asignen, del plazo que me den y, sobre todo, de la historia que quiero contar. No podría darte un dato exacto de lo que demoro en el proceso, porque es algo que cambia de acuerdo con lo que acabo de decirte”.
• ¿Qué es ser un cronista independiente?
A.S.R.: “Bueno, yo en realidad no he logrado vivir sólo de hacer crónicas. Siempre me ha tocado desempeñar otros oficios alternos para poder cubrir mis necesidades y las de mi familia. En este momento, por ejemplo, dirijo un programa de televisión y atiendo otros encargos que por fortuna nunca me faltan. Lo de ser cronista independiente me sirve en realidad para contar las historias que quiero, para preservar un cierto nivel de calidad que en otras condiciones es difícil garantizar y, sobre todo, para no perder el entusiasmo”.
• ¿Una rememoración de Jorge García Usta?
A.S.R.: “Jorge no sólo fue un maestro, como dije ahorita, sino un hermano. Me quiso tanto que me perdonó un desastre que a muy pocas personas les habría perdonado. Resulta que un día me prestó el libro Honrarás a tu padre, de Gay Talese, y yo lo dejé por descuido en un sitio donde había mucha humedad. El caso es que los ratones le cayeron a dentelladas y le carcomieron el lomo. El tiempo fue pasando y yo no me atrevía a devolverle su libro, porque me daba vergüenza. Sin embargo, llegó un momento en que ya no podía aplazar más la devolución, porque no tenía argumentos. Así que me tocó endurecer la cara y llevarle el libro. Su primera reacción cuando lo vio fue de espanto, aunque permaneció en silencio. Yo tampoco fui capaz de articular ni un monosílabo. Me sentía incómodo porque no me miraba a mí sino al lomo de su libro averiado. De pronto levantó la mirada y me dijo una frase que guardo en el corazón como ejemplo de su humor y de su amistad: ‘carajo, Blanco, ¡esos ratones de su casa están bien entrenados!” Ese mismo día, en el colmo de su generosidad, me regaló otro incunable de Talese que todavía conservo: Fama y Oscuridad”.
• Un libro de periodismo que recomiende a sus estudiantes
A.S.R.: “Les recomiendo varios, pero como me pides citar sólo uno, voy a mencionar El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell, quizá el mejor perfil que he leído en mi vida”.
Sobre algunas de sus obras
• ¿Cómo ha sido el camino editorial de su libro “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas”?
A.S.R.: “Ese libro fue publicado en 1999 por Ediciones Aurora, una editorial pequeña. La Cámara Colombiana del Libro lo premió como el mejor libro de interés general del año. A mí me alegra que haya sobrevivido, hasta el punto de que el año pasado se publicara una nueva edición. Cuando me invitan a eventos académicos me sorprendo viendo cómo algunas personas me recuerdan historias de ese libro, como la de Araújo -- el futbolista torpe -- o la del gol que costó un muerto, o la del mocho que fue proxeneta”.
• ¿Por qué el trabajo con personajes fracasados?
A.S.R.: “Últimamente me han hecho bastante esa pregunta. De ese modo me han puesto a analizar un aspecto de mi trabajo que se presentaba de manera inconsciente. Creo que en el fondo eso responde a una cierta visión pesimista de la vida. Tal vez mi olfato de cronista detectó que los perdedores son más auténticos porque no se maquillan ni posan, y por lo general están desnudos cuando los busco para que me cuenten sus historias. Sus conflictos ofrecen un filón más atractivo desde el punto de vista humano y sicológico. Es posible que en mi gesto haya una motivación justiciera, ya que la prensa colombiana tradicionalmente se ha ocupado de los vencedores, de los que sonríen a toda hora y tienen siempre a la mano una receta para alcanzar la salud perfecta y la felicidad eterna”.
• Exprese con pocas palabras su opinión frente a:
• Germán Castro Caycedo:
A.S.R.: “Rigor investigativo. Perseverancia”.
• Juan Gossain:
A.S.R.: “Toda la gracia del Caribe. Un cronista que me inspira”.
• Un libro:
A.S.R.: “El enterrador”, de Thomas Lynch.
• Un CD:
A.S.R.: “Cantadora”, de Totó la Momposina.
• Una página:
A.S.R.: “Un texto breve de Osvaldo Soriano en el que recuerda un gol del nene Sanfilippo. Es un relato emotivo y hermosísimo”.
• Estudiantes:
A.S.R.: “El futuro”.
• Una mujer:
A.S.R.: “Mi madre”.
• Un propósito:
A.S.R.: “Seguir contando historias”.
• Qué odia:
A.S.R.:“Las habas, el chontaduro, el lulo y, sobre todo, el tomate de árbol. Odio el golf, tener que afeitarme un domingo, que me brinden aguardiente, la gritería de William Vinasco, la verborrea cantinflesca de Carlos Antonio Vélez y a todo el que secuestra o atenta contra la población civil”.
• Un amor:
A.S.R.: “Me reservo esa respuesta”.
• Paz:
A.S.R.: “Lo que venimos clamando los colombianos desde hace muchos años”.
• Un sueño:
A.S.R.: “Llegar a viejo”.
• Lugar amado:
A.S.R.: “Arenal, el pueblo de mi infancia”.
• Dónde quiere morir:
A.S.R.: “En la cama de Halle Berry”.
• Algo que nunca quisiera decir:
A.S.R.: “Jamás usaría palabras como ‘sempiterno’, ‘constipado’ y ‘luctuoso’”.
• Algo que nunca quisiera hacer:
A.S.R.: “Ser el amanuense de algún político”.
• Una pasión:
A.S.R.: “El béisbol y el boxeo”.
El ORO Y LA OSCURIDAD (su último libro)
• ¿Qué cambia en cuanto a su estilo de escritura con esta obra?
A.S.R.: “Ahora tengo más madurez”.
• ¿Qué le sorprendió durante el proceso de preparación del libro?
A.S.R.:“Escribiendo este libro hice un descubrimiento que me sorprendió mucho. Y es que me encantan los temas y personajes que me permiten narrarme a mí mismo en la medida en que los narro a ellos. Yo creo que en el fondo todos los cronistas buscamos historias a través de las cuales podamos contar también lo que somos y soñamos. Cuando a Flaubert le preguntaron quién era Madame Bovary, él dijo aquella frase memorable: “Madame Bovary cest moi”. A riesgo de sonar pretencioso, podría decirte, parodiando a Flaubert, que “Pambelé soy yo”. Lo soy en el sentido de que cuando conté su historia, desentrañé algunas claves de mi propia vida. Obviamente, el libro va más allá de mis nostalgias: es el retrato de un hombre emblemático, de su entorno y de la época que le tocó en suerte”.
• Para los jóvenes de hoy Pambelé es un desconocido ¿Por qué cree que esta historia pueda interesar a las nuevas generaciones?
A.S.R.: “Porque es universal. El drama de Pambelé es igual al de muchas otras personas. Va más allá de una época y un espacio determinados”.
• ¿Hay elementos de ficción en la crónica de Pambelé?
A.S.R.: “El único aporte de la ficción, como ya te dije, es un cierto recurso técnico para hacer más eficiente la narración. La información que transmito es absolutamente cierta, producto de más de dos años de investigación. Sería ridículo que después de tanto tiempo cazando datos y confrontando muchas voces, tuviera que inventar mentiras”.
• ¿Cómo manejar el sensacionalismo en una historia cargada de este elemento?
A.S.R.: “La vida de Pambelé tiene elementos dramáticos que fácilmente pueden conducir hacia el sensacionalismo. Pero el morbo no me interesa en absoluto. He querido contar su historia con altura. La clave para sortear el riesgo de ser amarillista, es ponerme siempre en el lugar del personaje. No hay un solo renglón de este libro en el que haya olvidado esta elemental norma de respeto”.
• Tengo la impresión que su libro abarca a todo Pambelé. ¿Le faltó decir algo?
A.S.R.:“Más que una biografía, se trata de un perfil. No me interesaba tanto ser totalizador como mostrar los rasgos más representativos de la personalidad de Pambelé”.
• Defina en pocas palabras quién es Pambelé
A.S.R.: “Me gusta esta definición de Juan Gossain: ‘Pambelé fue el coloso que le puso dinamita a su propia estatua’”.
• Después de Pambelé, ¿qué sigue?
A.S.R.: “Más periodismo narrativo. Pero no me gusta referirme públicamente a lo que estoy escribiendo”.
Universidad Sergio Arboleda
Bogotá - Colombia
Calle 74 no. 14 - 14 PBX: 3257500/81
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