Según dice Jorge Senior en este escrito, el
presidente Gustavo Petro, le está fallando a los colombianos. Sobre todo, a los
que deberían prepararse para enfrentar su futuro como seres humanos.
Si no están preparados.
Si no tienes educación, tu futuro será
incierto.
Vale la pena, leer, escuchar la voz de
Senior, porque, tiene mucha razón.
®luisemilioradaconrado
@radareconomico1
https://radareconomicointernacional.blogspot.com/
Petro, Gaviria y la política universitaria
Por JORGE SENIOR
13 noviembre

En los balances de los 100 días de gobierno del presidente Gustavo
Petro que pululan en las redes, la educación brilla por su ausencia. En un gobierno de cambio que se plantea una
serie de reformas esenciales sobre temas claves, la educación carece de un
horizonte de transformación significativa.
De hecho, ni siquiera se habla de reforma educativa y menos aún de
“revolución educativa”, una pomposa expresión ya está desgastada por tanto
manoseo en gobiernos locales y nacionales anteriores (los cuales jamás hicieron
revolución alguna).
El ministro Alejandro Gaviria, una de las estrellas del gabinete
por ser el único del equipo que fue precandidato presidencial, ahora pasa de
bajo perfil y parece atornillado en la fría Bogotá, lejos de los territorios.
El gran propósito programático de la educación en el gobierno Petro es la
ampliación de cupos. Es decir, más de lo mismo, como si el problema educativo
de Colombia fuese sólo de cantidad y no de calidad. Más aún, cabe presumir que
una mayor masificación del sistema educativo conllevará un detrimento de la
calidad, ya de por sí precaria.
Se dirá que ampliar cobertura es lo más democrático. Pero tal
experiencia ya la hemos vivido y no produjo revolución alguna. Décadas atrás
ser bachiller era algo extraordinario, reservado a una minoría, como nos lo
recuerdan los vallenatos de Escalona. El bachillerato se masificó a costa de
perder calidad: por ejemplo, con la implantación de la doble jornada (menos
horas de estudio), metiendo más alumnos por curso y subiendo la razón numérica
alumno / docente, desmejorando la formación de maestros. La democratización no
sirvió para disminuir el desempleo sino para “cualificarlo” (valga la ironía).

Tampoco para mejorar la competitividad o construir ciudadanía. La
primera porque el resto del mundo también avanzó y en mayor grado.
La segunda, porque ni antes ni después la formación básica y media
ha sido educación para la democracia. A la postre, el resultado fue aumentar
los años de estudio de los jóvenes adultos, generar un desempleo calificado,
jerarquizar las instituciones educativas, ampliar el negocio de la educación y
vaciar el bolsillo de las familias que ahora tenían que invertir más en la
educación de los hijos para aspirar a la movilidad social.
La educación universitaria también se masificó, pues los
bachilleres son su mercado, hasta el punto de alcanzar a Argentina que antes
nos duplicaba. Hoy por hoy Colombia está mejor que Estados Unidos en la
proporción entre población universitaria y población total, con la desventaja
adicional para los gringos de que tienen muchos estudiantes extranjeros.
Entonces, ¿será que el problema colombiano es de cobertura?

Sostengo que el problema verdaderamente crítico del sistema
educativo colombiano en todos sus niveles es de calidad y contenido. Lo sé por
experiencia propia como profesor, pero eso podría ser apenas anecdótico. El
punto es que así lo muestran los indicadores, por ejemplo, las pruebas PISA,
las pruebas Saber, las estadísticas sobre lectura y lectura crítica, entre
otras.
Tenemos exceso de profesionales en ciertos campos y déficit en
otros. La orientación profesional es pésima. En el afán de disminuir la
deserción, se baja la exigencia y el rigor, se infantiliza y “pechicha” al
estudiante. Nadie se extrañe si luego se caen los puentes y edificios, se
mueren los pacientes, se funciona mal en muchos ámbitos de la economía. Y para
todos esos problemas hay abogados dispuestos a “ayudar”. Que la pedagogía no es
la solución, ya lo argumenté en otra columna.
Preocupa que el gobierno del cambio no muestre una política
universitaria clara. Por ejemplo, se van a cumplir los 100 días sin que el
presidente Petro haya designado sus delegados en los consejos superiores de las
universidades públicas o en las privadas intervenidas (y no es el único ámbito:
también en superintendencias, cámaras de comercio y otras instancias). El
ministro Gaviria sí lo ha hecho en algunas, pero sin que ello incida hasta
ahora en nada visible.
Los consejos superiores universitarios están constituidos por nueve
integrantes. Presidente y ministro de Educación ponen dos y si se suman los
tres estamentos (estudiantes, profesores y egresados), daría una mayoría
necesaria para introducir cambios en las universidades públicas existentes. Debería
ser una prioridad de gobierno, si es que tiene una política universitaria de
cambio, incidir en las instancias que dirigen las universidades públicas. Eso
es lo que llamo “buena politización” (con ideas) en contraposición a la “mala
politización”, que es de tipo politiquero y que se basa en el apetito
burocrático y presupuestal.

En la universidad del Atlántico, hoy convertida en botín charista,
acabamos de ver en la semana que pasó esa ausencia de política universitaria
del gobierno nacional y del Pacto Histórico (PH).
En las elecciones estamentarias el charismo derrotó dos por uno al
PH. Los estudiantes dieron el triunfo al PH, pero la absurda división de éste
en los otros dos estamentos permitió el triunfo de la Casa Char, que mantiene
así el dominio de una universidad que maneja un presupuesto superior a la
mayoría de municipios del Atlántico. Fueron elecciones de maquinaria, muy al
estilo politiquero tradicional, en medio de un desierto de ideas y programas. En
ese terreno era lógico que ganara el Clan Char, expertos en ese juego. Sirva el
ejemplo para que estas fallas no se repitan en otros departamentos.
Ante el vacío gubernamental de política universitaria no podemos
quedarnos en la crítica negativa, sino aportar a su construcción con ideas que
apunten a una transformación cualitativa profunda de la universidad pública,
tras décadas de neoliberalismo rampante. Ese tiene que ser tema de una nueva
columna, pero puedo adelantar lo siguiente: el foco del cambio debe estar en
las facultades de Educación, pues de ellas depende la calidad de la educación
básica y media.
@jsenior2020