Leyéndola me transporté, aunque no la he terminado...
Y me puse a soñar con ese escenario. Me metí en el mismo avión de Alejo...
Se pueden imaginar que esos pueblos del sur del Atlántico tuvieran una nueva imagen. Con casas hermosas, bonitas vías, alegría en vez de tristeza. Mejores pintas para nuestros ciudadanos... Carajo!...
Eso sería un sueño convertido en realidad.
Armero desapareció, pero la ciudadanía se mantuvo y siguió su vida. Es que, esa es la vida, y nosotros mismos podemos cambiar la historia.
El Nuevo Atlántico, como propone Alejando Pérez, sería del carajo...
RADAR,luisemilioradaconrado
@radareconomico1
Saturday, April 23, 2016
El Nuevo Atlántico
El Nuevo Atlántico
Por Alejandro Pérez Patiño
La
ocasión en que más veces me han llamado loco, fue cuando propuse la
reubicación de Suan, Santa Lucía, Repelón, Manatí, Campo de la Cruz y
Candelaria, municipios del Atlántico que sufren inundaciones crónicas,
en una ciudad nueva de 120 mil habitantes construida en una zona libre
de riesgos de inundación.

Imagino
que si a los israelitas si se les llegaran a inundar 40 mil hectáreas
con agua dulce sin la pérdida de ninguna vida humana que lamentar, aún
estarían festejando. Tendrían el embalse lleno de peces para el mercado
interno y para la exportación, agua para soportar todos los proyectos
agroindustriales de la región y seguro los hoteles y restaurantes llenos
de turistas haciendo lo que más les gusta hacer a los turistas del
mundo: divertirse alrededor del agua.
Desarrollarían
las cadenas productivas alrededor de la piscicultura; la alimentación,
la producción, la transformación, el empaque, la comercialización y el
transporte del pescado. Lo mismo harían con el turismo y la agricultura.
Estoy convencido que aprovecharían el agua, una bendición de Dios, para
darle un mejor futuro a sus ciudadanos.
El
30 de noviembre de 2010, las aguas del Canal del Dique encontraron la
forma de hacerle un boquete a la bancada de la carretera que defiende al
Atlántico de su fuerza, entraron e inundaron los municipios más al sur
del departamento, no casualmente los más pobres. 120 mil personas
tuvieron que abandonar sus hogares, sus tierras, sus negocios, muchas de
sus pertenencias, sus muertos y sus sueños. Una verdadera tragedia
social de grandes dimensiones en cualquier lugar del mundo.
Sin embargo, en medio de desolación colectiva que produce un desastre de tales dimensiones se ocultaba un hecho milagroso y exótico; un verdadero Récord Guiness: 120 mil seres humanos desplazados por las aguas, pero sólo un ahogado y al parecer más por su propia imprudencia al intentar recuperar una vaca que se le estaba perdiendo. El agua los sacó poco a poco, sin violencia, no como en Armero que mató a 22 mil, ni en el tsunami de Japón que dejó la misma cifra entre muertos y desaparecidos, ni el huracán de Nueva Orleans. Era en medio de todo una tragedia benigna.

Sin embargo, en medio de desolación colectiva que produce un desastre de tales dimensiones se ocultaba un hecho milagroso y exótico; un verdadero Récord Guiness: 120 mil seres humanos desplazados por las aguas, pero sólo un ahogado y al parecer más por su propia imprudencia al intentar recuperar una vaca que se le estaba perdiendo. El agua los sacó poco a poco, sin violencia, no como en Armero que mató a 22 mil, ni en el tsunami de Japón que dejó la misma cifra entre muertos y desaparecidos, ni el huracán de Nueva Orleans. Era en medio de todo una tragedia benigna.
En
esos días ocupaba yo el cargo de Secretario de Informática del
Gobernador Eduardo Verano de la Rosa. Lo que vino después no se lo deseo
a nadie. Los damnificados fuimos todos en el departamento. Con todas
aquellas familias necesitando y reclamando ayuda nosotros estábamos como
locos organizando la logística de transporte, para sacar a la gente y
sus pocas pertenencias de los municipios, luego para organizar la
entrega de ayudas que, además de llegar oportunamente, estuvieran
destinadas a los verdaderos damnificados por este desastre. El cual era
en sí, otro desastre.

Dormíamos muy poco. Aparte de lo que a cada uno le tocaba. Verano nos tenía escuchando cuanta autoridad, experto, ciudadano, extranjero o culebrero al que se le ocurriera cualquier vaina para tapar el bien llamado boquete. Hasta que un día desesperado exclamó: - ¡Nojoda! ¡Ya no quiero escuchar una solución más! Que si bolsas, que si rocas, que si atravesamos tal vaina, que si hundimos unos remolcadores, hasta un man me dijo “gober, contratemos a Al Qaeda para que nos atraviese un avión en el boquete, y listo.”
Solo
8 días habían transcurrido del desastre cuando en medio de la fiebre
que produce el exceso de trabajo, se me ocurrió una idea loca. ¿Para qué
tapar el boquete? ¿Para qué sacar el agua? Así se lo manifesté en un
correo electrónico al Gobernador Verano el 9 de diciembre de 2010

Verano
dejó de hablarme por dos días. Sólo al tercer día en una reunión se
refirió al tema: - Lo que le toca a uno escuchar! A este man por
ejemplo,- dijo con media boca apretada y señalándome con su dedo gordo
de la mano derecha como quien pide chance, -cree que nos ganamos la
lotería.
La risa fue general. ¡Está loco! pensaron en voz alta.
Como
todo loco en pleno uso de sus facultades mentales, además de crear la
página en Facebook “El Nuevo Atlántico”
(www.facebook.com/elnuevoatlantico), a la cual se vincularon más de 2
mil fans en unos pocos días, me dediqué a buscar muchas más razones que
fortalecieran la propuesta y la viabilizaran técnica, financiera y socio
económicamente. Vaya que las encontramos, y a joder con eso compañero.
Sostuve
en diversos escenarios que era más económico construir un nuevo
municipio que sacar el agua y reconstruir esos 6. El precio de una
hectárea de tierra en la mejor zona del Atlántico rondaba entonces por
los $12 millones. En mil hectáreas se construiría un sueño. Eran $12
mil millones de terreno contra $60 mil que se gastaron sólo en
motobombas y combustible para sacar el agua. Está loco, murmuraban.
Insistía
que así como se hizo con Armero, la totalidad de los recursos para la
reubicación tendrían que ser asumidos por la Nación, lo cual impactaría
positivamente el PIB del departamento.
Que
si bien las comunidades tienen arraigo por la tierra donde nacieron,
donde viven y donde están enterrados sus antepasados, esto no debe ser
la causa que vivan en zonas de alto riesgo o de beneficio general.
Pregúntenle a los indígenas reubicados de la represa de Ranchería.
Que
la Nación ya ha implementado con éxito este tipo de procesos en los que
hay que reubicar a las comunidades, reparar a los propietarios y
brindarles mejores alternativas de vida. Las represas de Ranchería,
Urra, El Guavio y todas las que alimentan las hidroeléctricas en el
mundo, son un claro ejemplo de eso. Es un verdadero demente, comentaban.
Argumentaba
que si un propietario de un lote de 500 mt2 en un municipio de 20 mil
habitantes le damos uno igual en un municipio de 120 mil habitantes, le
multiplicamos su patrimonio por 5. Esto sucede por la misma razón que en
Nueva York el metro cuadrado de tierra es más caro que en Bogotá, que
en Bogotá es más caro que en Barranquilla y en Barranquilla es más caro
que en Santa Lucía. Por el número de habitantes, compañero.
Que
la piscicultura es uno de los pocos sectores que tiene demanda mundial
creciente asegurada por los próximos 50 años. Que los gringos se
cansarían de comprarnos tilapia fresca, transportada en cadena de frío a
sus mercados. Que estamos mucho más cerca que China. Que la
piscicultura proporciona un empleo por hectárea y la ganadería uno cada
20 hectáreas.
Advertía
que el embalse de 60 mil hectáreas creado por la unión de la zona
inundada con el embalse del Guájaro sería el espejo de agua más grande
de Colombia, y que en esos casos sus aguas no necesitan tratamiento, ya
que se recomponen por sí solas asegurando la entrada a cualquier mercado
para nuestros productos pesqueros. Pobrecito Alejo, perdió la razón.
Que
esos municipios no tienen una vocación productiva definida y por tanto
no ha sido posible en más de 200 años sacar a sus habitantes de la
pobreza. La mayoría de los cultivos son de pan coger. No es la zona
cafetalera, ni la zona bananera, ni la azucarera ni nada que se le
parezca. Un vecino tiene 3 gallinas, el otro 5 vacas y el otro una roza
de maíz, yuca o tomate. El 95% de la población es Sisben 1 y 2. Los
ricos son estrato 3.
Que
esas tierras fueron ciénagas desecadas cuando se construyó el canal de
dique y que la naturaleza las seguirá reclamando eternamente. Recuerdo
que uno de los muy pocos campesinos que abogaba por la reubicación dijo:
-Yo si quiero que me reubiquen, yo prefiero dejarles a mis hijos una
casa seca, a dejarles una que se inunde.
Que
todo pronostica a que el calentamiento global seguirá enloqueciendo el
clima y que los fenómenos del Niño y de la Niña cada vez serán más
frecuentes y con mayor fuerza. Que los famosos jarillones que pensaban
construir para proteger los cascos urbanos los debían hacer de al menos
10 metros de altura para asegurar que los niveles de agua no los
desbordaran y convirtieran estos municipios en unas piscinas
descomunales. Mándenlo para el Cari Mental, decían.
Repetía
que si a un municipio se le inunda la zona rural igualmente se
paraliza, así el casco urbano permanezca seco. Al no haber actividad
productiva los ciudadanos quedan damnificados pero albergados en sus
propias casas, a expensas de las ayudas del Estado.
Que
instalando y controlando mediante unas modernas esclusas la entrada y
salida de agua por el boquete y por las compuertas del Guajaro, se
crearía una zona de amortiguación que permitiría prevenir inundaciones
en los municipios ribereños aguas abajo del río Magdalena y del Canal
del Dique.
Que
eso sería poner al río Magdalena a trabajar para nosotros y dejaríamos
de tenerlo como una amenaza. Que la mejor forma de dominar la naturaleza
es respetándola. Que podríamos dar al mundo un verdadero ejemplo de
cómo convertir una crisis en una oportunidad. De nada valió. En una
clase me compararon con Hitler.
Un
par de años después, siendo Gobernador Antonio Segebre coincidimos en
un almuerzo y comentó - Recuerdan que Alejandro quería dejar todo el
departamento inundado? Ja, ja, ja, tremenda locura.
Sacamos
el agua. Reconstruimos los municipios invirtiendo más de un billón de
pesos. Todo está quedando igual que como estaba. La pobreza continúa
haciendo de las suyas. Ahora las comunidades vuelven a ver amenazadas
por la Niña, el río Magdalena y el Canal del Dique. Nadie invierte
seriamente en proyectos productivos, el riesgo es muy alto.
El loco soy yo.
Ante
la inminencia de la llegada de la Niña y teniendo en cuenta las voces
que ya hablan del peligro de una nueva inundación, quise iniciar mi blog
con este tema en aras de generar una nueva discusión al respecto. Esta
vez con la cabeza más fría.
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